Miércoles, 06 Julio 2016 10:00

 Pablo Rudomin Zevnovaty: científico incansable

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Judith Ureña – Agencia Informativa Conacyt

 Pablo Rudomin Zevnovaty es biólogo egresado del Instituto Politécnico Nacional (IPN), con maestría en ciencias y doctorado en fisiología, también por el IPN. Recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes en 1979 integrante del Consejo Consultivo de Ciencias, CCC. Actualmente, es investigador emérito del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), así como emérito de excelencia del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), miembro de El Colegio Nacional, la Academia Mexicana de Ciencias (AMC) y la Academia Nacional de Medicina de México (ANMM).

A la fecha ha publicado más de 200 artículos de investigación en diversas revistas internacionales, numerosas conferencias y participado en muchas instituciones nacionales e internacionales, donde ha presentado sus investigaciones en torno a la fisiología del sistema nervioso.

A sus prácticamente 80 años de edad, continúa trabajando activamente en el laboratorio. Será en 2017 cuando cumpla 60 años de investigador, lo cual coincidirá con sus 60 años de matrimonio con Flora Goldberg (pintora, grabadora y escultora; quien además fue discípula de Diego Rivera); fue precisamente en 1957 cuando se publicó su primer trabajo de investigación, rememora para la Agencia Informativa Conacyt.

Rudomin afirma que una característica muy importante para poder ser científico es ser curioso y persistente: “todos los niños nacen curiosos y, desafortunadamente, nuestro sistema educativo se empeña en matarles esa curiosidad”, narra el también galardonado con el Premio Nacional de 1979 y el Príncipe de Asturias en 1987.
Reconoce que él contó con la suerte de tener grandes profesores que lo inspiraron a introducirse en el campo científico como Ramón Álvarez Buylla (neurofisiólogo español), a quien conoció mientras estudiaba en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del IPN, así como al doctor Arturo Rosenblueth, con quien trabajó en el Departamento de Fisiología del Instituto de Cardiología y, posteriormente, en el Cinvestav, del cual Rosenblueth fue director fundador.
A lo anterior se suman sus estancias en el extranjero, en laboratorios afamados, llenos de gente “muy bien preparada”, en donde pudo observar y aprender cómo hacían sus investigaciones. También reconoce que tuvo la suerte de estar en el Cinvestav, al cual ingresó desde su fundación (hace 54 años), en donde ha hecho sus investigaciones más importantes.

 Primeros estudios

El investigador recuerda que sus estudios los inició en la Escuela Nacional Preparatoria en San Ildefonso, donde obtuvo el segundo lugar en toda la carrera: “saqué el segundo lugar porque yo era muy malo en deportes”, reconoce entre risas. Al ver que Rudomin no se definía por su área de estudios, el profesor Gilberto Hernández Corzo —quien fuera su maestro de geografía en la secundaria y hermano de Rodolfo Hernández Corzo, director del IPN (1953-1956)—, le organizó una visita guiada a Ciencias Biológicas, en donde pudo observar el trabajo que se realizaba en los laboratorios de investigación, con lo que quedó impactado o, como él lo describe mejor, fue “amor a primera vista”.

Durante esa visita se percató que en la escuela de Ciencias Biológicas trabajaban muchos profesores españoles que se exiliaron en México como consecuencia de la Guerra Civil, quienes aportaron “una riqueza cultural y científica enorme”, subraya el experto. Todo esto se conjuntó para que decidiera pasar de la UNAM al IPN, por lo que fue calificado de “ingrato” por sus colegas universitarios y como “catrín” por los politécnicos, según cuenta. Pese a ello, considera que las dos son sus casas, “es un solo país, en realidad estas divisiones son un poco artificiales, producto del futbol americano”, menciona el doctor.

Investigaciones recientes

Narra que actualmente, junto con su grupo de trabajo en el Cinvestav, está involucrado en dos proyectos de investigación, y que en uno de ellos mantiene una colaboración activa con Silvio Glusman (uno de sus primeros estudiantes de doctorado hace más de 40 años), quien radica actualmente en Chicago. Además colabora con Ulises Cortés, Mario Martín y Javier Béjar, grupo de Inteligencia Artificial de la Universidad Politécnica de Cataluña en Barcelona.

El objetivo de estos estudios es analizar la forma en que las poblaciones neuronales se comunican entre sí para transmitir información durante estímulos nociceptivos, que activan los sistemas asociados con la memoria del dolor, y también estudiar cómo se altera esta memoria durante la aplicación intravenosa de pequeñas cantidades de anestésicos locales.

El doctor Rudomin es un ejemplo de que la ciencia y la tecnología van de la mano, pues narra que, debido a que sus experimentos duran toda la noche, se conecta vía Skype para estar en contacto con Glusman desde Chicago y con el grupo de Inteligencia Artificial en Barcelona. Para el experto es muy importante aprovechar correctamente la tecnología, pues —considera— contribuye a ahorrar tiempo, traslados y se está en posibilidad de interactuar activamente durante el experimento.

Su interés por el sistema nervioso central se dio desde muy joven, cuando comprendió que allí es donde se generan nuestras percepciones del mundo externo, movimientos, conciencia y pensamientos. Aunque reconoce que pudo haberse interesado por otras disciplinas como la química o la fisiología vegetal, pero en la definición de intereses tuvo mucha influencia de sus profesores, sobre todo de los que estudiaban el sistema nervioso. De ahí que al llegar a la Universidad Rockefeller en Nueva York, con una beca Guggenheim, estudiara, junto con Vernon Brooks, la actividad neuronal en la corteza cerebral y, posteriormente en Siena, Italia (con una beca de la Fundación Rockefeller), junto con Alberto Zanchetti y Alberto Malliani, analizara la representación sensorial en el hipotálamo.

Actualmente, en su laboratorio en el departamento de Fisiología en el Cinvestav, Rudomin —junto con sus colaboradores— está estudiando los mecanismos que regulan las relaciones funcionales entre las neuronas en la médula espinal de los vertebrados y cómo estas se modifican durante la inflamación producida por la inyección intradérmica de capsaicina (el principio activo del chile).

Para ello, registran en el gato anestesiado la actividad eléctrica en el dorso de la médula espinal. Utilizan los potenciales espontáneos, generados en los distintos segmentos espinales para inferir, de cierta manera, las posibles conexiones funcionales entre los grupos de neuronas que producen estos potenciales. Sus estudios muestran que dichas conexiones funcionales no ocurren al azar, sino que resultan de la activación de configuraciones estables de grupos de neuronas con patrones de conectividad estables y coherentes, consistentes con una estructura molecular.

Existen numerosos estudios clínicos que indican que la inyección intravenosa de una pequeña cantidad de un anestésico local (lidocaína), administrada antes de una intervención quirúrgica, reduce el dolor posoperatorio en forma significativa. Estas observaciones llevaron a Rudomin y colaboradores a estudiar el efecto de la lidocaína sobre los patrones de conectividad neuronal en la médula espinal, inducidos por la inyección intradérmica de capsaicina. Encontraron que la lidocaína revierte, temporalmente, las configuraciones de conectividad neuronal inducidas por la capsaicina, restaurando los originales, es decir, los generados antes de la estimulación nociceptiva. En otras palabras, cancela de manera temporal la memoria del dolor, sensación que sabemos es generada por la actividad del sistema nervioso, puntualiza el experto.

De acuerdo con el doctor Rudomin, estos hallazgos permiten entender con más detalle los cambios en la conectividad de poblaciones neuronales, generadas durante los procesos inflamatorios asociados con el desarrollo de alodinia (percepción anormal del dolor) y de hiperalgesia secundaria (estado de sensibilidad aumentada al dolor).

Avances en la neurociencia

Rudomin Zevnovaty afirma que, en los últimos años, los avances en el conocimiento de cómo funciona nuestro sistema nervioso central han sido muchos e importantes, aunque reconoce que todavía hay mucho camino por recorrer. No obstante, considera que uno de los grandes pasos se dio en los años 50, cuando se desarrolló la tecnología que permitía registrar la actividad eléctrica de neuronas individuales, localizadas en distintas regiones del sistema nervioso.

Ello permitió registrar los cambios en la actividad neuronal durante diversos procesos como la generación de movimientos voluntarios, o bien, durante procesos cognitivos como consecuencia de alteraciones patológicas en el funcionamiento del sistema nervioso central (epilepsia o párkinson, por ejemplo). Si bien con esta metodología se pudo tener una idea de los cambios en la actividad de neuronas individuales en distintas situaciones, con el tiempo quedó claro que es muy difícil inferir, a partir de respuestas de neuronas individuales, el comportamiento de toda la población.
En la actualidad, la neurofisiología está pasando por lo que podríamos llamar una visión "reduccionista", a una más global, en la que se consideran las interacciones entre redes neuronales, puntualiza el doctor Rudomin.

Asimismo, sus investigaciones permiten estudiar actualmente los cambios en las conexiones entre las neuronas del asta dorsal de la médula espinal producidos por distintos tipos de estímulos nociceptivos y cómo estos cambios pueden ser revertidos por maniobras específicas, entre ellas la administración sistémica de diversos anestésicos locales y de bloqueadores de transmisión sináptica.

Sobre el retiro de la ciencia

Rudomin afirma que no le gusta el término “retiro”. Aunque en un par de semanas cumplirá 82 años, considera que, si tiene salud y lucidez suficiente, podrá seguir trabajando otros cinco años más o hasta los 90. Tiene muchos trabajos pendientes por escribir y estudiantes que preparar.

Es necesario estar activo para seguir adelante. Ahora sabe que, al estar sujeto a cierto nivel de estrés, se liberan sustancias como catecolaminas, endorfinas y corticosteroides, que actúan como estimulantes naturales y contribuyen a una mejor longevidad, por lo que comentó en tono de broma: “Yo quiero agradecer a Conacyt y a la Secretaría de Hacienda que nos genere un cierto nivel de estrés al exigirnos reportes que nadie lee, solicitudes que tardan meses en ser aprobadas, en las que uno tiene que predecir lo que se estará haciendo en los próximos tres o cuatro años; en obtener permisos para comprar cualquier 'chunche', justificar cada centavo gastado, etcétera. Esto sin considerar el tiempo que perdemos en esos menesteres, tiempo que podríamos dedicar a pensar, crear, diseñar y realizar mejores experimentos. Supongo que lo hacen con la mejor intención, la de prolongar la vida activa de los miembros más maduros de la comunidad científica", concluyó el investigador.

Por lo anterior, Rudomin no cree en el retiro aunque sabe que este debe llegar. Con una sonrisa expresa: "No tengo hobbies, mi hobby es la ciencia”.


Publicado en Prensa Conacyt el 24 de junio de 2016

  

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