Martes, 10 Diciembre 2019 18:01

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Fomento efectivo a la gestación y acompañamiento de Empresas de Base Tecnológica



Presentación

El presente documento ha sido preparado por el grupo de trabajo Empresas de Base Tecnológica (EBT) en el marco del Programa de asesoramiento científico permanente al Gobierno de México, brindado por los miembros de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC), que integran el Consejo Consultivo de Ciencias (CCC), durante el 2019.

El documento fue elaborado por miembros de la AMC que integran el Comité de Tecnología y Diseño del CCC. La coordinación estuvo a cargo del doctor Enrique Galindo y el contenido fue desarrollado por los doctores Leonardo Ríos, Gabriel Torres, Enrique Hong, Enrique Sucar, Octavio Manero y Emilio Sacristán.

Esta publicación tiene como finalidad analizar algunos aspectos que permitan al lector dimensionar la importancia de las EBT en el desarrollo económico de la sociedad actual, así como de dejar constancia de que el desarrollo efectivo de las mismas exige la participación no solo del Gobierno de México, sino de todos aquellos actores intervinientes en su gestación y desarrollo.

Por lo anterior, en el primer apartado se ofrece una breve revisión conceptual sobre EBT, se describe su situación en el contexto nacional y se hacen sugerencias sobre cómo avanzar en el tema, explicando las condiciones básicas para su gestión. El segundo apartado presenta la deteriorada situación de las EBT en México respecto a otros países y plantea una serie de medidas gubernamentales para mejorarla. El apartado tres discurre sobre una medida en particular: la de fomentar la relación academia-industria mediante la creación de centros tecnológicos de servicios a la industria.

Finalmente, en el apartado cuatro se ofrece una visión ampliada de la situación de las EBT en el contexto nacional al plantear que el problema es, en realidad, más complejo que la simple vinculación de académicos que generan patentes en sus propias instituciones, y de estos dos actores con alguna empresa. En un marco más realista, en que se vincula toda una cadena de intereses, en este último apartado se propone la creación de fideicomisos para transferencia tecnológica que den mayor flexibilidad a la interacción al separarla de reglamentaciones institucionales que, al ser múltiples, resultan muy difíciles de conciliar.  

Las EBT, para cualquier país, son la clave de un nuevo proceso de “industrialización”, ya que permiten traducir en actividad empresarial la capacidad de innovación y desarrollo tecnológico de los actores que se dedican a ello: universidades, laboratorios, centros tecnológicos y empresas; es por esto que son consideradas la nueva vía para la transferencia y comercialización de los resultados de investigación.

En términos generales, las EBT son:

organizaciones que basan su actividad empresarial en la innovación tecnológica orientada al mercado, dedicándose a la comercialización y rentabilización de productos y servicios innovadores generados a partir de un uso intensivo del conocimiento científico y tecnológico, y que cuentan con personal investigador y técnico de alta cualificación en sus equipos. (OVTT, 2019)

En estricto sentido, se trata de empresas muy pequeñas, con poco personal, que producen bienes y servicios con un alto valor agregado y que tienden a relacionarse con las universidades o centros de investigación donde se desarrolla la tecnología que requieren para su actualización técnica (Camacho, 1999). Esta proximidad con el tejido productivo es lo que les permite identificar la necesidad de nuevas tecnologías o la adaptación y actualización de tecnologías ya existentes y lo que definitivamente influye en que las EBT “puedan ponerse en marcha, consolidarse y crecer en un futuro con unas bases sólidas de conocimiento del mercado.” (Segura, Fernández, Foruria y Arratibel, 2003, p. 4).

No obstante, dependiendo del entorno en el que se crea la empresa, éstas pueden ser denominadas Spin off universitarias o Start up. Las primeras son aquellas creadas por una Universidad o Centro de Investigación para transferir tecnología a la sociedad, y cuentan con la participación de miembros de la comunidad científica, preferentemente investigadores. Las Start up, en cambio, son empresas de nueva creación que surgen desde el entorno productivo y empresarial para convertir el conocimiento tecnológico generado por profesionales en nuevos productos, procesos o servicios aptos para su introducción y explotación en el mercado; por lo tanto, basan su actividad en el dominio intensivo del conocimiento científico y tecnológico y cuentan con una alta capacidad innovadora (OVTT, s. f.).

En México, hemos fallado en la transformación de los resultados de la investigación en innovaciones que hagan más competente a la industria nacional. Desafortunadamente, no hemos tenido suficientes programas específicos para aplicar la ciencia: Última milla, FINNOVA y el fideicomiso NAFIN-Conacyt de emprendedores fueron algunos ejemplos de programas para germinar EBT, que lastimosamente fueron fugaces; y tampoco existen suficientes empresas interesadas en transformar el conocimiento tecnológico en nuevos procesos, productos o servicios, lo que ha impedido la comercialización de los descubrimientos científicos mexicanos. Ante este panorama, se prevé que para avanzar en la valorización de la ciencia habrá que fomentar la gestación de nuevas EBT.

Si bien, en nuestro país existe un amplio número de investigadores interesados en impulsar este tipo de empresas, los obstáculos que han tenido que sortear los ha obligado a desistir en esta ardua tarea.

En general, dichas dificultades versan sobre lo siguiente: una débil cultura emprendedora dentro de la Universidad o Centros de Investigación; una profunda diferencia de valores entre las comunidades académico-científica y empresarial; escasos recursos para financiar las etapas iniciales de una EBT; ausencia de incentivos y mecanismos que faciliten la movilización de fondos de nuevos inversores; escasa inversión pública e institucional; ausencia de incentivos y mecanismos que favorezcan la gestación y acompañamiento de este tipo de empresas tanto a nivel institucional como gubernamental (OTRI, s. f.).

Dentro de estas dificultades destaca la poca disposición de las Universidades y Centros de Investigación para emitir y hacer pública su normativa institucional que incentive “a que sus científicos, de manera voluntaria, puedan llevar a cabo la transferencia tecnológica, la comercialización de los productos de su investigación y la participación de ellos mismos como socios y fundadores de nuevas empresas de base tecnológica.” (Hernández y Kuri, 2016, p. 17), tal y como se establece en el Decreto de la Ley de Ciencia y Tecnología y de la Ley Federal de Responsabilidades Administrativas de los servidores públicos emitido en el año 2015.

Por lo anterior, si en verdad queremos avanzar sobre este tema, es necesario que existan las siguientes condiciones en nuestro país:

  • Investigación tecnológica: Excelente infraestructura de investigación y desarrollo, instituciones de investigación universitarias y no universitarias y empresas que sean capaces de generar el conocimiento necesario que sirva de base para estas nuevas empresas.

  • Emprendedores. Es necesario que la región cuente con una cultura emprendedora importante: estudiantes, investigadores y empresarios capaces de poner en marcha un nuevo negocio. Para ello se hacen necesarios programas e iniciativas de estímulo, motivación y preparación para emprender.

  • Universidades que formen alumnos en las disciplinas científicas técnicas y empresariales necesarias para trabajar en esas empresas.

  • Concursos de planes de empresas que premien a los ganadores con ayudas y apoyos.

No obstante, se prevé como condición indispensable el diseño y la implementación de políticas públicas que permitan avanzar en este sentido no solo a nivel nacional sino también a nivel institucional; es por ello que en este documento se plantea como una línea de acción a seguir: el fomento efectivo a la gestación y acompañamiento de las EBT, mediante el Programa Nacional de Transferencia Tecnológica. En el siguiente apartado, se describen brevemente algunos de los elementos que consideramos deben ser definidos para asegurar el éxito de la política antes expuesta.

Gestación y acompañamiento de EBT

El proceso de creación de una EBT comienza cuando los investigadores y sus estudiantes piensan que tienen un resultado de investigación, una tecnología o un conocimiento innovador con posibilidades de ser explotado. Pero para que dicho resultado pueda ser ofertable al mercado deberá cumplir con las siguientes características:

a. Tener potencial de mercado, ser una tecnología suficientemente madura basada en resultados de investigación y disponer de una estrategia de propiedad intelectual adecuada para crear una ventaja competitiva como empresa.

b. Contar con un equipo de colaboradores altamente cualificado, que conozca la base de la tecnología, conciba la idea de negocio y elabore el plan del mismo, y participe en el capital social y financiero de la futura empresa; y

c. Contar con un plan de negocio, en el que se describa su oportunidad, se analice su viabilidad económica, técnica, de mercado y financiera, se planifique la estrategia financiera y comercial y se detallen los pasos a seguir en la fase de inicio del negocio.

Es importante mencionar que el paso previo a la puesta en marcha de la empresa es la gestión de los trámites legales y administrativos necesarios para constituir oficialmente la empresa de acuerdo a la legislación vigente. Para la gestación de una EBT el investigador y sus estudiantes deben documentar primero los siguientes aspectos, los cuales definen la viabilidad técnico-económica del negocio:

• Ideación: Los científicos y sus estudiantes deben inferir cómo los nuevos conocimientos podrían generar ventajas competitivas únicas, que superen “sensiblemente” a productos y servicios sucedáneos, ya sea en costo o en funcionalidad.

• Vigilancia tecnológica. Del análisis bibliográfico de artículos y patentes se fortalece la hipótesis sobre ventajas únicas que podrían generar los nuevos conocimientos.

• Prueba de concepto. Desarrollar los primeros prototipos en el laboratorio.

• Manufactura conceptual. Se deberá deducir un proceso de fabricación de manera teórica, que permita inferir un costo probable y justo del nuevo producto o servicio, atractivo para el mercado y para los accionistas.

• Mercado potencial: Identificar usuarios potenciales y/o distribuidores, tanto locales como a nivel internacional.

• CANVAS: Elaborar los primeros modelos de negocio.

• Documentar. Factibilidad técnico-comercial demostrada, si la hubiera.

Una vez constatada la viabilidad comercial del proyecto y su rentabilidad se ha de decidir el acuerdo específico de transferencia tecnológica que adoptarán las partes involucradas para la explotación comercial de la tecnología. En este proceso se determinan también las modalidades de remuneración que se utilizarán. La más empleada suele ser el pago de regalías como mecanismo de retribución.

Asimismo, se recomienda el acompañamiento de investigadores-emprendedores o de expertos en negocio, ya que la mayoría de los científicos no tenemos experiencia en emprendimiento. Además, los jóvenes investigadores y estudiantes deberán recibir capacitación sobre la valorización de la ciencia para que su integración al proyecto sea exitosa.

Resta decir que para lograr una efectiva valorización de la ciencia es necesario que además del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), participen organismos públicos federales y estatales en la definición de una política de estado sobre este tema; no obstante, consideramos que el liderazgo lo tendrá que ejercer siempre el Consejo, para asegurar el avance hacia una economía del conocimiento que incremente el PIB y reduzca la pobreza.

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