Miércoles, 10 Agosto 2016 12:18

 

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El misterio de la señora Hobbit

Parte 2. El desvelamiento

 Fernando del Río Haza

El hallazgo del esqueleto de la señora Hobbit, en la isla de Flores, Indonesia, causó revuelo no sólo en los medios científicos, sino también en los diarios y la televisión. Del esqueleto destacaban su pequeña estatura y su reducido cráneo, del tamaño del de un chimpancé. Lo del apodo de ‘hobbit’ viene de los seres imaginarios de Tolkien: unas personas bajitas de estatura y de pies muy grandes.

Desde que se descubrió a la señora Hobbit se ha tratado de entender el porqué de sus rasgos principales y su circunstancia. Algo que puede explicar el pequeño volumen cerebral es la enfermedad llamada microcefalia. Otra explicación, que favorecieron sus descubridores, es que la señora Hobbit es de una especie diferente a la humana moderna. Esta nueva especie, de confirmarse su existencia, sería llamada Homo floresiensis. Desde el principio hubo investigadores que se inclinaron por la primera respuesta y otros por la segunda. Una primera pista de quién tenía razón surgió unos años después del descubrimiento original, cuando se comparó el interior de los cráneos de personas modernas, con y sin microcefalia, del Homo erectus y del llamado Homo floresiensis. Los estudios, dirigidos por la neuroantropóloga Dean Falk, concluyeron que el cerebro del floresiensis era más parecido a los del Homo erectus, y que no podía ser de un humano moderno con dicha enfermedad; aunque aún quedan algunos escépticos que no están del todo de acuerdo. A una conclusión similar llegó otra investigación, encabezada por Mathew Tocheri, en la que se compararon las muñecas del Homo floresiensis, con las del hombre moderno y con otras de especies más primitivas. En definitiva, las muñecas de la señora Hobbit, es decir, del Homo floresiensis, se parecen más a las de especies primitivas y no son modernas. Con estas y otras evidencias adicionales se justificó la idea original de que el esqueleto de la señora Hobbit pertenece a nueva especie humana, que llegó a la isla de Flores en un tiempo remoto.

Pero, ¿cómo es que los Homo floresiensis son tan pequeños? Sus más probables antepasados son los Homo erectus, ya que ellos se expandieron a partir de África hace unos dos millones de años. De hecho, en una gran isla al oriente y no muy lejos de la isla de Flores, Eugène Dubois descubrió a fines del siglo XIX el cráneo del famoso ‘Hombre de Java’, que ha sido clasificado como Homo erectus; este vivió en esas tierras hace 1.8 millones de años. Y desde entonces han seguido surgiendo nuevos hallazgos de erectus en la isla de Java, el más reciente, reportado por Carl Swisher en 1997, nos dice que el erectus quizá pudo haber pervivido en Java central hasta hace sólo 53,000 o 27,000 años. Todo esto hace al erectus el candidato más obvio para ser antepasado directo del floresiensis, si no fuera porque los erectus tenían una estatura semejante a la humana moderna y un cerebro casi tan grande como nosotros, de más de 1200 cc (centímetros cúbicos). Hay especies más antiguas, como el Homo habilis y los Australopithecus, que también vivieron en África y que eran más chaparritos, tanto como la señora Hobbit; sin embargo, es casi seguro que estas viejas especies no dejaron nunca África y menos aun para llegar hasta Asia oriental.

Pero hay una posible respuesta: se ha observado que los grandes animales que viven aislados en una isla, con el pasar de los años tienden a evolucionar hacia un menor tamaño. A esto se le conoce como ‘enanismo insular’, y de él hay ejemplos como los hipopótamos enanos de la isla de Madagascar, hoy extintos, pero que deambulaban por esa isla hasta hace unos 1000 años. Otro posible ejemplo de enanismo insular es el de los restos encontrados por Lee Berger en una isla rocosa de Palau, en Micronesia; quizá se trata de restos de individuos de muy escasa estatura que vivieron ahí hace 3000 o 1500 años, pero esto ha sido cuestionado. La idea es que para un animal grande que vive en una isla donde no tiene predadores, su gran tamaño no es una verdadera ventaja, sino más bien una desventaja, ya que consume más recursos, que son en general más escasos en un territorio limitado como el de una isla. Esta es una posible explicación, pero para confirmarla sería necesario hacer nuevos descubrimientos de Homo floresiensis de otras épocas, quizá en lugares vecinos a la cueva de Liang Bua.

Una pieza más del rompecabezas es el reciente descubrimiento en la isla de Célebes, algo al norte de Flores y que en indonesio se llama Sulawesi, de utensilios de piedra con entre 200,000 y 100,000 años de antigüedad, pero de cuyos fabricantes nada se sabe. Este es un dato importante, pues Célebes, al igual que Flores, son islas que están al este de la línea de Wallace, llamada así por el naturalista inglés Alfred Russel Wallace; esta línea marca las fosas más profundas de esos mares, que nunca, ni en las épocas glaciales más intensas, fueron desecadas. Es decir Flores y Célebes han estado aisladas del continente por varios millones de años. Entonces, los floresiensis y los pobladores de Célebes tuvieron que cruzar en bote, para llegar sus destinos, un buen tramo de océano abierto.

¿Convivieron los Hobbit con los humanos modernos, cuando estos llegaron a Flores hace unos 50,000 años? Los primeros análisis de lo excavado en la cueva de Liang Bua apuntaban a que tal cosa era posible, lo que llevó a  algunos a pensar que fuimos los Homo sapiens los responsables de la extinción del Homo floresiensis. Sin embargo, un estudio más profundo publicado hace pocas semanas señala algo distinto: los restos del floresiensis y los utensilios de Liang Bua tienen entre 190,000 y 50,000 años. Esta última fecha es cercana a la del arribo de los sapiens a la región. Aunque todavía los Hobbit pueden haber sobrevivido para ver los primeros humanos modernos llegar a su isla.

 


Integrante del Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia de la República
Profesor Emérito y Distinguido de la UAM
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