Miércoles, 20 Julio 2016 17:54

 

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¿Las radiaciones electromagnéticas nos afectan?

Arturo Menchaca

 Un asunto que con frecuencia causa preocupación a los mexicanos, es el posible efecto biológico de las numerosas fuentes de radiación electromagnética a la que estamos expuestos, como consecuencia de la creciente modernidad en que vivimos. Si a nadie sorprende encender un radio de transistores en el lugar más remoto y sintonizar señales emitidas, incluso desde otros países, ¿no es maravilloso que en nuestros días sea posible sostener una conversación telefónica, inalámbrica, desde el mismo lugar? La siguiente pregunta es, ¿cómo se transmiten todas esas señales? La respuesta, que la mayor parte de los lectores conoce es: ondas electromagnéticas. Estas radiaciones están, literalmente, en todas partes. Más aún, la mayoría de ellas son emitidas por instrumentos cuya intención no es comunicar. Por ejemplo, el tendido eléctrico, desde las líneas de alta tensión hasta la instalación eléctrica de nuestras casas, emite radiación electromagnética que, con frecuencia, afecta las mismas transmisiones inalámbricas de mi primer ejemplo.

 ¿Recuerda ese zumbido característico que emite la radio cuando pasa de una estación a otra en su casa? Se trata de radiación de 60 ciclos emitida por todos los alambres de la instalación eléctrica de su casa, de la calle y de todo edificio que cuenta con energía electricidad. No me voy a referir en detalle a tantas otras fuentes de radiación electromagnética, pero recuerde que hoy en día nos cobijamos con cobertores eléctricos, vemos televisión y utilizamos Internet en cualquier parte del planeta. Naturalmente, todas estas fuentes de radiaciones son resultado de un progreso al que muchos no podríamos renunciar, y aquellos que por decisión propia, o por necesidad, no gocen de él, también están irremediablemente expuestos a ellas. La siguiente pregunta es: ¿nos afectan?

 Antes de intentar responder a esta pregunta, quiero aclarar que todas las fuentes que he mencionado hasta ahora, y a las que me referiré en el resto de este artículo emiten radiaciones que pertenecen a la categoría de “no-ionizantes”. Es decir, su energía es insuficiente para arrancar los electrones de cualquier átomo o molécula. En otra ocasión ya he escrito sobre las radiaciones ionizantes, en particular los rayos cósmicos (19 de julio, 2006, en esta misma sección). Ese tipo de radiaciones pueden causar daño biológico pues son capaces de afectar la estructura molecular de nuestras células, por ejemplo, afectando nuestro ADN. Como veremos, el efecto de las radiaciones no-ionizantes es menos obvio, si bien su ubicuidad preocupa a mucha gente.

Los efectos biológicos de las diversas fuentes de campo electromagnético han sido motivo de estudio un científico constante desde hace más de dos siglos. Con la creciente presencia fuentes de campo electromagnético no ionizante (CEM-NI) en zonas urbanas, tales como líneas de alta tensión, antenas de radio transmisión y de telefonía celular, así como de aparatos domésticos como radios, televisiones, hornos de microondas, computadoras y los propios teléfonos celulares, se ha generado una preocupación pública respecto de posibles riesgos para la salud de los CEM-NI.

Sobre este tema es conveniente afirmar que, al día de hoy, ha sido imposible demostrar científicamente que la exposición a CEM-NI represente un riesgo para la salud humana. Un informe reciente (1998) de la Comisión Internacional de Protección Contra las Radiaciones No-Ionizantes (ICNIRP) menciona explícitamente que “…resultados de estudios epidemiológicos tendientes a establecer una correlación entre la exposición a CEM-NI y el cáncer son insuficientes para servir de base para el establecimiento de criterios científicos que limiten dicha exposición” Las conclusiones de otros comités internacionales sobre ésta, y otras afecciones humanas, son similares.

A pesar de lo anterior, es innegable que hay una percepción pública negativa respecto de los CEM-NI. Tal situación es inherente a la incertidumbre científica que, en este caso, impide negar de manera absoluta una correlación entre CEM-NI y salud, sólo pudiéndose afirmar que la probabilidad de causar efectos biológicos negativos en el ser humano, de existir, es tan baja que no se ha podido medir. Aún así, haciendo frente a la preocupación pública, a nivel mundial se han adoptado políticas precautorias para manejar los posibles riesgos asociados a la incertidumbre científica. Una de ellas, denominada ALARA (As Low As Reasonable Achievable, o sea, Tan Bajo Como Sea Posible), ha servido de inspiración para el establecimiento de normas y lineamientos a nivel internacional. Es conveniente aclarar, sin embargo, que el establecimiento de criterios de exposición máxima para humanos hasta ahora cumple más con un propósito psicológico que como una medida cuantitativa de prevención, pues (como ya se dijo) no se ha establecido el nivel de correlación que existe (si es que existe) entre exposición y efecto biológico. En la red cibernética mundial (World Wide Web) existen numerosos sitios informativos sobre este tema. En particular, el sitio de la Organización Mundial de la Salud contiene fichas, y ligas, muy interesantes (ver www.who.int/emf), algunas de ellas para todo público y en español.

En México, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) está elaborando el proyecto de Norma Oficial Mexicana que sirva para regular las emisiones de CEM-NI. Éste, que se basa en los lineamientos de la ICNIRP, describe con detalle los niveles máximos recomendados para los campos eléctricos y magnéticos medios correspondientes  a los diferentes intervalos de (radio-) frecuencia. Naturalmente, para aplicar estos lineamientos a una configuración dada, como las zonas aledañas a las antenas de telefonía celular, es indispensable contar con el entrenamiento técnico, con la instrumentación adecuada y realizar las medidas in situ necesarias antes de emitir un juicio técnico. Una vez que se establezca de manera oficial la norma antes mencionada, correspondería por Ley a la SCT realizar este tipo de estudios, garantizando su cumplimiento. Mientras este proyecto de Norma se aprueba, es frecuente que individuos u organizaciones recurran a expertos o instituciones solicitando ayuda para realizar las medidas necesarias con la idea de demandar la suspensión de la instalación de un tendido de alta tensión o de una estación de transmisiones para telefonía celular. Estas personas deben estar concientes que, aún si estas medidas fuesen realizadas hoy por un organismo no previsto por la ley,  aunque se pudiera  demostrar que los niveles medidos en una localidad dada exceden a lo recomendado en el proyecto de norma mexicano, mientras éste no se constituya en Norma Oficial Mexicana, ese estudio por sí mismo no representaría un instrumento legal para exigir su acatamiento. Si bien no existe fundamento científico para estar preocupados, si el lector quiere saber más sobre este tema, hay muchos lugares donde una labor de búsqueda bibliográfica mundial se puede realizar por vía cibernética, rápido y a muy bajo costo o, incluso, gratis. Naturalmente, en la red WWW también encontrarán algunos sitios que expresan opiniones, infundadamente alarmantes respecto a los CEM-NI. Sin embargo, entre tanta información es fácil formarse un criterio propio, que seguramente coincidirá con lo aquí expresado.


Coordinador General del Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia de la República

 

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