Martes, 07 Diciembre 2021 08:03

Uno de los problemas serios que estamos enfrentando los científicos son los costos de publicación. Las publicaciones científicas cuestan. Hay que pagar por ellas. Recuerdo cuando me aceptaron el primer artículo que publiqué en mi vida, hace más de 30 años, y le conté a mi mamá, me dijo. - Oye, que bien y ¿cuánto te van a pagar?, y le sorprendió la respuesta.- Al revés, yo tengo que pagar por eso, repliqué.

Durante muchos años los costos se mantuvieron relativamente bajos o razonables. Las revistas científicas circulaban por el planeta con base en suscripciones, ya fuera de las bibliotecas o personales. Eso permitía recabar un número considerable de ingresos para las casas editoriales productoras de las mismas. Hay revistas que son los órganos oficiales de asociaciones científicas, como el Science, que pertenece de la Sociedad Americana para el Avance de la Ciencia o el New England Journal of Medicine que pertenece a la Sociedad Médica de Massachusetts. Pero hay muchas otras, miles, que pertenecen a casas editoriales, porque resultaron ser muy buen negocio. Algunas son de casas editoriales que se han dedicado a hacer revistas de muy alto nivel y prestigio, como Nature Press o como Cell Press, que tienen diversidad de títulos y la gran mayoría son de las revistas más reconocidas en sus áreas. Otras casas editoriales hacen revistas de mediana calidad y algunas, de muy mala calidad, conocidas como las revistas depredadoras, en las que es muy fácil publicar porque lo que les interesa es el ingreso que conlleva.

Con el advenimiento del internet todo cambió. A partir de 1996 las revistas empezaron a tener páginas de internet en las que podía consultarse el contenido de esta, pero para tener acceso a los artículos habría que seguir pagando una suscripción. Con los años muchas de ellas empezaron a ofrecer suscripciones menos caras para tener acceso a la revista solo en línea, lo cual además de ser muy bueno para el ambiente, porque redujo la utilización de papel, representó un ahorro para el consumidor. En mi caso, por ejemplo, he recibido el New England Journal of Medicine desde que era estudiante de medicina, pero llegó el momento, hace algunos años en que la revista en físico, que es semanal, se iba apilando en mi escritorio, sin abrir la bolsa, porque para cuando llegaba por correo, ya la había leído en línea. Desde entonces migré a la suscripción solo en línea que, como dije, tiene la ventaja de ser mucho menos cara.

La otra cosa que sucedió con las publicaciones en línea de las revistas fue que se generó y fue creciendo poco a poco la presión social de que los resultados de estudios realizados con dinero del erario público deberían de ser de acceso libre, abierto a toda la población, lo que pasó a conocerse como Open Access. Al principio esto se resolvió parcialmente porque muchas revistas lo que hicieron fue poner en acceso libre a los artículos que tuvieran y más de seis o doce meses de publicados, de tal forma que hoy en muchas revistas se pueden obtener sin costo. Esto, sin embargo, no ocurrió con todas las revistas y menos con las que son de editoriales cuyo interés primordial es el negocio.

El costo de publicación en Open Access es de cuando menos 2 mil dólares por artículo, pero algunas revistas se han ido a precios estratosféricos. Hace unos días sometí un artículo para evaluación en una de las revistas del grupo de Cell (Cell Metabolism) y durante el proceso de envío, una de las preguntas que hace el sistema en caso de que el trabajo fuera aceptado, es si se va a optar por la publicación en Open Access para que el artículo esté disponible sin costo. El precio anunciado, en caso de optar por Open Access en esa revista es de 8,900 dólares. Este precio es similar a lo que cuesta en revistas como Nature o Science. En otras es un poco menor, pero sigue siendo elevado. Un investigador del Instituto publicó el año pasado un artículo en el Journal of Clinical Investigation, revista de gran prestigio en la investigación clínica y tuvo que pagar 4,600 dólares. He de reconocer aquí, sin embargo, el esfuerzo que han hecho la mayor parte, si no es que todas las editoriales del mundo, durante la pandemia de COVID-19, ya que todas las publicaciones relacionadas con COVID han estado disponibles para todo el mundo, sin costo para los autores.

Las grandes agencias que financian la investigación como el National Institute of Health o el Howard Hughes Medical Institute en los Estados Unidos, el Wellcome Trust o el Medical Research Council en la Gran Bretaña, pagan los costos de publicación de sus investigadores, precisamente porque estas son las agencias que utilizan dinero del erario para financiar investigación y son ellas quienes han pugnado por la necesidad de que los resultados estén disponibles. Tengo una colaboración permanente con un investigador de la Universidad de Dundee en Escocia y cuando hemos publicado artículos juntos, aunque sean de mi grupo y él aparece como coautor, de cualquier forma su unidad se encarga del pago para que el artículo sea publicado en la modalidad de Open Access.

El asunto del costo de publicación para los investigadores en nuestro país se está convirtiendo en un problema serio, ya que por alguna razón el Conacyt ha limitado considerablemente la utilización de fondos para eso. En los proyectos del programa llamado PRONACES, que por cierto siguen financiando en forma discrecional a quienes ellos deciden, sin convocatoria alguna, no permiten utilizar recursos para publicaciones. O al menos, es un caso puntual que conozco bien, de un investigador que ha recibido cantidades enormes de recursos por esta vía, pero que no tiene autorización de utilizar recursos de este para pagar las publicaciones que se emanen de él. Una situación contra-intuitiva: se financia con millones de pesos un proyecto, pero no se otorga permiso para utilizar los recursos en el pago de la publicación de los resultados.



Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias

Unidad de Fisiología Molecular, Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM e Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán

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