Martes, 07 Septiembre 2021 08:39

Gerardo Gamba

No solo es el sodio, también es el potasio

Dr. Gerardo Gamba Ayala

Comité de Ciencias Naturales Comité de Ciencias Naturales


Se ha propuesto por años que el consumo de sal tiene relación directa con los niveles de presión arterial y la mortalidad cardiovascular. Los humanos modernos se generaron en lugares con mucha limitación de sal, agua y comida, como el desierto del sub Sahara. Por tanto, fueron aquellos con gran habilidad para retener sal y calorías los que lograron sobrevivir a la selección natural. Miles de años después comemos sal y calorías en exceso y nuestros dos problemas crónicos no transmisibles más importantes son la hipertensión arterial y la obesidad. Con el crecimiento de las civilizaciones el humano aprendió que la comida se conserva mejor cuando se le adiciona sal. El asunto fue tan importante que a las personas les pagaban el trabajo con sal, como si fuera una moneda y de ahí que le sigamos llamando salario a nuestra paga mensual.

El órgano encargado de regular el contenido de sal del cuerpo es el riñón. Ante un exceso en el consumo de sal, las personas con predisposición genética para retener sal lo hacen, muy poco a poco a lo largo de los años, hasta que llega un momento en que su organismo sube la presión arterial, para poder eliminar adecuadamente la sal, de lo contrario desarrollarían edema. En otras palabras, la hipertensión arterial es la respuesta del organismo ante una retención excesiva de sal, en un individuo con predisposición genética para hacerlo y que está expuesto a dieta alta en sal. En las grandes urbes, al menos el 40% de los habitantes mayores de 50 años tiene hipertensión arterial.

Estudios epidemiológicos han mostrado con claridad que el problema no es solamente el alto consumo de sal, sino también, el bajo consumo de potasio. Las personas que consumen poco potasio tienen presión arterial más alta. El potasio se obtiene de las frutas y verduras (v.gr., plátano, jitomate, aguacate). El potasio en sangre debe regularse en forma muy precisa porque de elevarse, pondría en riesgo la función del corazón. Los estudios de fisiología renal han mostrado que para eliminar potasio se debe eliminar sal y viceversa. Entonces, en un individuo que consuma mucho potasio (frutas y verduras), el riñón optará por eliminar sal, para poder eliminar el potasio.

Por años muchas empresas y organismos han rechazado estas ideas porque alegan que no hay estudios que muestren que la disminución en el consumo de sal tenga un efecto claro a largo plazo. En días recientes, un trabajo publicado en el New England Journal of Medicine (DOI: 10.1056/NEJMoa2105675) da cuenta clara de este efecto. Se trata de un estudio en China que muestra los resultados de haber expuesto en un ensayo aleatorio a más de 10 mil personas por grupo al consumo regular de sal (cloruro de sodio) vs. consumir un substituto de sal que tenga 75% de cloruro de sodio y 25% de cloruro de potasio. O sea, menos sal, con más potasio. Los sujetos del estudio fueron personas que ya habían tenido un infarto cerebral o mayores de 60 años con hipertensión de difícil control. A cinco años de seguimiento la frecuencia de infartos cerebrales, eventos cardiovasculares y muerte fue significativamente menor en quienes consumieron el substituto de sal. Este es un estudio de intervención que prueba con claridad que comer menos sal y más potasio tiene un efecto benéfico en la salud cardiovascular.



Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias

Unidad de Fisiología Molecular, Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM e Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán

Premio Nacional de Ciencias y Artes 2010

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