Miércoles, 13 Julio 2016 20:17
OctavioParedes

El ensayo nuclear de Corea del Norte



Octavio Paredes López

En un hecho sin precedentes, el pasado 30 de junio 110 premios Nobel de todos los campos del conocimiento en el que se dan estas superlativas distinciones –medicina o fisiología, física, química, ciencias económicas, literatura, y en la paz- han pedido mediante una carta abierta a los gobiernos del mundo entero desaprobar la fuerte y permanente campaña de Greenpeace contra los organismos genéticamente modificados (OGM), y particularmente contra el arroz dorado.

      De los firmantes, más de 40 de ellos son del área de medicina – fisiología. Originarios de diversos países del mundo, incluyendo al mexicano Mario Molina, hacen un enérgico llamado a los gobiernos y a la Organización de las Naciones Unidas, a llevar a cabo todo lo posible para acelerar el acceso de los agricultores a todas las herramientas de la biología moderna.

      Una de sus expresiones quizá más representativas dentro del texto de la carta es: “Solicitamos a Greenpeace y a sus partidarios reexaminar la experiencia adquirida por los agricultores y los consumidores del mundo entero con los cultivos y los alimentos mejorados gracias a la biotecnología, a reconocer los resultados de organismos científicos competentes y de agencias regulatorias y abandonar su campaña contra los OGM en general y contra el  arroz dorado en particular “.

      Los académicos expresan que todas las agencias científicas en el mundo, involucradas en esta actividad, han establecido de manera repetitiva y coherente que los cultivos y los alimentos mejorados son tan seguros -si no es que más- que aquellos provenientes de todos los otros métodos de producción. Insisten que Greenpeace ha sido la punta de lanza de los que se oponen contra el arroz dorado enriquecido en vitamina A; cereal que tiene el potencial de reducir o eliminar la mayor parte de las enfermedades originadas por la carencia de esta vitamina. Carencia sufrida por no menos de 250 millones de personas en el mundo, de los cuales, 40% de ellos son infantes menores de cinco años y se localizan en países en vías de desarrollo.

       Considero pertinente subrayar que el mensaje de los laureados no es a la aceptación indiscriminada de cultivos y de alimentos de cualquier naturaleza. Ni a eximir de las pruebas a las que se someten los productos de la agricultura molecular; pruebas que deberían ser equivalentes para todos los alimentos, cualquiera que sea su origen. Los mecanismos precautorios aconsejan no permitir la liberación de un material genético específico por factores diversos, incluyendo hasta prácticas religiosas o temores con ciertos fundamentos, ello no debe conducir a la prohibición total del empleo de conocimientos que pueden mejorar nuestra calidad de vida.

       La aparición reciente de nuevas y poderosas tecnologías moleculares con potencial impacto en el futuro cercano en medicina, alimentación y nutrición abre espacios que será muy difícil desdeñar a priori. La secuenciación de genomas ha sido apenas la base menos sofisticada; el futuro ya está aquí, habrá que hacerlo llegar.  

       La reacción Greenpeace es que la única solución válida para arreglar los problemas de malnutrición consiste en una alimentación sana diversificada; nadie puede contradecir esta afirmación. El problema es que la alimentación sana diversificada está lejos de ser una opción para los sectores económicamente débiles.

      Esta posición tiene indirectamente mucho que ver con la alimentación de los mexicanos. La nixtamalización, por ejemplo, proporciona en forma muy asequible a sus consumidores recurrentes -adicionalmente a otros componentes nutricionales- los contenidos de calcio, zinc, entre otros microelementos esenciales que no es posible adquirirlos por otras fuentes por excelencia como los productos lácteos (una lectura complementaria se encuentra en el trabajo del autor en Los alimentos Mágicos de las Culturas Indígenas Mesoamericanas, FCE). Es decir, la alternativa de la vitamina A no es nada desdeñable, como tampoco lo es para los mexicanos ese simple y bello procedimiento tecnológico único en el mundo, por su originalidad y por sus positivas aportaciones fuera de serie, que con un remojo térmico alcalino genera en el maíz mensajes nutricionales y nutracéuticos altamente benéficos. Por lo que a nadie se le ocurriría sugerir que no se consuman productos nixtamalizados a pesar de la dificultad de tener acceso a una alimentación “sana diversificada” por parte de amplios sectores de la sociedad.

      Es pertinente mencionar que el arroz dorado es un material generado del arroz nativo a través de ingeniería genética para biosintetizar beta-caroteno, el precursor de la vitamina A, en las partes comestibles del grano; los contenidos de esta vitamina son algunas decenas de veces más elevados que el arroz tradicional y las pruebas efectuadas muestran que no hay efectos adversos en el entorno ecológico de los cultivos como tampoco en la salud humana por el consumo consuetudinario de este nuevo arroz.

     Es común escuchar que los productos de la agricultura molecular provienen esencialmente de las grandes empresas internacionales y que éstas ejercen un dominio en la comercialización de los granos, semillas y otros materiales como producto de estos nuevos conocimientos. Estas observaciones son válidas; pero también es válido traer a nuestra atención que la estrategia para la generación de conocimientos endógenos para la agricultura nacional no ha sido la más afortunada.

      A mediados del siglo pasado, México tuvo una posición relevante en este terreno; tuvimos un instituto de investigaciones agrícolas de altos vuelos con presencia en diversos lugares del territorio y al que recurrían otros países de Latinoamérica y otras regiones para su entrenamiento. Aquel instituto, que lo fuimos minimizando en términos de calidad, al tiempo que se le cambiaba de nombre. Accidentalmente, parece que el cambio de nombre coincidía con el decremento de su admirable calidad original. Por otro lado desapareció la productora nacional de semillas (PRONASE) y ahora nos “damos cuenta” de lo estratégico de esta actividad y de nuestra preocupante dependencia; como también minimizamos hasta desaparecerlo, al primer laboratorio de desarrollo tecnológico creado en América Latina y que llevó por nombre Laboratorios Nacionales de Fomento Industrial; lugar que sirvió de base inicial en los años setenta, para varios de los centros de desarrollo tecnológico del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología; centros que mayoritariamente están alcanzando estaturas dignas de encomio.

      Es igualmente pertinente reconocer que, como ocurre con el notable dominio de las empresas internacionales como proveedoras de conocimientos para la agricultura moderna, en base a las estrategias con relevantes inversiones para tal propósito se tiene un panorama similar -si no es que todavía más acentuado- en la generación de productos farmacéuticos para la salud de nuestra población. Un connotado ex-Presidente de la Cámara Nacional de la Industria Farmacéutica señalaba hace poco tiempo: “nuestra industria farmacéutica es solamente una mezcladora de polvos”. Tenemos que reconocer con humildad y con inteligencia que es imperativo aprender de otros países que han pasado por etapas de desarrollo equivalentes en formas diversas a las nuestras, y que han hecho inversiones importantes, en entrenamiento de personal y en infraestructura, y han adquirido y continúan haciéndolo, autosuficiencias racionales, en campos fundamentales para sus sociedades como es el caso, entre otros, de Corea, China, Singapur y Brasil, a pesar de sus dificultades actuales.

       La preservación de nuestros recursos genéticos tradicionales tiene que recibir una atención mayor de nuestra sociedad; ello no excluye necesariamente a un sistema tecnológico que proporcione alimentos de alta calidad y cantidad. La exclusión de la misma sociedad mexicana, por definiciones propias, de preferir equivocadamente el maíz blanco a los pigmentados ya ha generado pérdidas irreversibles. La preferencia de ciertos granos y alimentos, en detrimentos de otros con calidad agronómica y nutritiva excepcional y que estuvieron en nuestros hábitos dietarios milenarios, ya ha dado lugar a pérdidas y consecuentemente a erosión genética, nada despreciables, como el amaranto; y el recuento puede continuar.

En el Laboratorio de Biotecnología de Alimentos del Cinvestav, Irapuato se ha prestado especial atención al estudio y posible rescate de este tipo de recursos genéticos, con destacados mensajes nutricionales y nutracéuticos, provenientes de nuestras culturas mesoamericanas. Es decir, no se nos puede acusar de “enemigos” o de falta de interés sobre esta riqueza heredada de nuestros ancestros y que con frecuencia inaudita olvidamos y peor aún, quizá hasta menospreciamos.       

       Finalmente, y regresando al mensaje de los premios Nobel este termina haciendo un llamado a los gobiernos y a las conciencias del mundo para rediseñar los caminos de la alimentación - nutrición antes de que sea muy tarde y que se llegue a considerar a las tendencias actuales como “crímenes contra la humanidad”.

 

Director del Centro de Estudios Mexicanos, UNAM en Francia
Investigador fundador del Cinvestav - Irapuato.
Premio TWAS, Academia de Ciencias del Mundo en Desarrollo, Trieste.
Integrante del Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia de la República
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