Lunes, 05 Abril 2021 08:44

El registro oficial sobre el número de muertes ocurridas en el país durante 2020 y hasta el final de la primera quincena de marzo de 2021 (https://coronavirus.gob.mx/exceso-de-mortalidad-en-mexico/) muestra de lo que realmente ha ocurrido en el país. Son datos duros que no pueden esconderse y que dan cuenta clara de la realidad por la que hemos atravesado. En un editorial previo, el 2 de noviembre del 2020, hablé sobre el exceso de mortalidad, pero con el pico que vimos entre diciembre y febrero, me parece que requiere de nuevo análisis y comentario.

Para explorar el exceso de mortalidad lo que se hace es obtener primero los datos de las muertes ocurridas cada semana del año, en cada Estado de la República y con estos datos se puede estimar con bastante precisión cuál es el número de muertes que se espera que ocurran en una semana en particular. Si uno ve la gráfica de los años anteriores, cada semana ocurrían en el país alrededor de 13,500 muertes, para un total aproximado de alrededor de 700 mil por año, con ligero incremento en los meses de invierno. En el análisis que se presenta en la página mencionada, se anotan las muertes por COVID que fueron comprobadas y aquellas que en el certificado de defunción aparecen las palabras COVID-19, SARS-CoV-2 o coronavirus. A estas se les denominó como “asociadas a COVID”.

Entre el primero de enero de 2020 y el 15 de marzo de 2021 se esperaban 846,499 muertes en el país, pero ocurrieron 1,263,501. Es decir, hubo 417,002 muertes en exceso para ese período, lo que significa que han ocurrido entonces 49.2 % más muertes que las esperadas. Confirmadas por COVID al 15 de marzo eran 182,301, lo que representa el 43%, mientras que si le agregamos a las asociadas a COVID, el número se eleva a 294,287 que representa el 70.6% del exceso de muerte. Eso quiere decir que han ocurrido 122,715 muertes en exceso que en el acta de defunción no hay forma de vincularlas con COVID. Sin embargo, sean o no por COVID, las debemos de considerar como “consecuencia del COVID” porque estas muertes, o fueron por COVID y por alguna razón no se reconocieron como tal, o deben de haber ocurrido en enfermos con diversos padecimientos que no encontraron un lugar adecuado para atenderse. Sin la saturación de los sistemas de salud, estos pacientes no hubieran fallecido.

Visto por área geográfica, en donde más estragos ha causado el COVID es obviamente en la Ciudad de México. De acuerdo al análisis en el período mencionado se esperaban 90,753 muertes en la CDMX, pero ocurrieron 173,335, es decir, 82,582 muertes en exceso que representa el 91% de incremento. Tomando juntos a las comprobadas y a las asociadas a COVID, suman 63,021, lo que deja un saldo de 19,561 muertes en exceso de origen no COVID.

En los hombres el COVID es más grave. En este sexo se esperaban 476,082 muertes y ocurrieron 745,140, un exceso de 56%, mientras que en mujeres se esperaban 371,145 y ocurrieron 581,361, que significa un incremento de 40%. Sorprende, que aunque ocurrieron más muertes en la población de la tercera edad, en realidad el grupo etario más afectado fue el de 45 a 64 años de edad. En los mayores de 65 años se esperaban 481,298 muertes y ocurrieron 702,986 para un exceso de 221,688, es decir, 46 % más de las esperadas. En cambio, en el grupo de 45 a 64 años de edad se estimaban 205,153 muertes, pero han ocurrido 370,211, lo que significa un incremento del 80.5%. Es decir, el incremento porcentual fue mayor en este grupo (80.5 % vs 46 %). Los únicos que se beneficiaron como grupo fueron los niños y adolescentes. En los menores de 20 años se esperaban 52,414 fallecimientos en el país y ocurrieron 40,513, para una reducción del 11.9 % y eso que, hubo 1,735 muertes confirmadas o asociadas a COVID. Estos datos sugieren que la disminución en la movilidad de los niños y adolescentes redujo las muertes por accidentes o por enfermedades contraídas fuera de casa.

El exceso de mortalidad se vio a partir de la semana 17 (la última de abril), en que se esperaban 13,532 fallecimientos y ocurrieron 16,714. El punto máximo de la primera ola se alcanzó en la semana 28 del 2020 en que hubo 26,188 defunciones, pero se esperaban 13,031. La diferencia con la segunda ola fue enorme. El punto máximo de esta se alcanzó en la semana 3 del 2021 en que ocurrieron 43,363 defunciones, pero se esperaban 16,421. Un incremento de 264 %.

Estos son los números reales de la pandemia. No son un poco más de 200 mil muertes por COVID. Son 417,002 muertes que no hubieran ocurrido de no existir el SARS-CoV-2. La pandemia es un evento que llegó de golpe y que ha causado estragos en todo el mundo, no era posible evitar muchas muertes. Queda la duda de cuantas se pudieron haber evitado, si se hubieran adoptado ciertas medidas que no se tomaron, sin la controversia de meses sobre las mascarillas y por supuesto también, con mejor cooperación por parte de la población.

Las muertes por COVID duelen y mucho. Pero, las 122,715 muertes que no están asociadas a COVID y que resultaron de la insuficiencia del sector salud para atender a pacientes con diversas enfermedades que necesitaban de nosotros, duelen diferente. En esas no fue el SARS-CoV-2. Habría que hacer un análisis cuidadoso de esas actas de defunción para entender que fue lo que pasó. Urge hacerlo, porque se teme que venga la tercera ola y lo que necesitamos hacer en este momento (y siempre), es aprender de nuestros errores y aciertos para mejorar. No ayuda mucho vanagloriarse de lo que se ha hecho bien. Lo que realmente sirve es preguntarse cada día qué es lo que no estamos haciendo bien, por qué y cómo cambiarlo.



Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias

Unidad de Fisiología Molecular, Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM e Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán

Premio Nacional de Ciencias y Artes 2010

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