Miércoles, 06 Julio 2016 15:12

 

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¿Cómo se hace un dios? 

Creación y recreación de los dioses en Mesoamérica

 

El recorrido de este libro es histórico y de larga duración: va desde los olmecas, 1500 años a. C., hasta poco después de la Conquista y los tiempos recientes. Las características que definen a los dioses, sus imágenes y efectos sobre el mundo sobrenatural y el terrenal fueron rasgos meticulosamente construidos por sus creadores. Ésta es la tesis que sostengo y explico a través del análisis del dios del maíz y del dios del viento, dos de las principales deidades de la antigüedad prehispánica.

En un inicio, los primeros dioses se identificaron con motivos que aludían a las fuerzas naturales que ellos representaban, estos rasgos incluían detalles vegetales, animales o relativos al Sol, la Tierra, el agua, el trueno o el rayo. Más tarde los dioses aparecen con rostro y figura humanos.

El dios del maíz fue una de las deidades más antiguas de Mesoamérica. Su presencia fue registrada por primera vez por los olmecas entre los años 1500 y 300 antes de la era actual. En la estela 1 de La Merced, Hidalgotitlán, se representa la figura más antigua del dios del maíz que conocemos. La estela tiene la forma de grano o semilla de maíz y representa la efigie del dios.

Las imágenes de la creación del cosmos y del nacimiento, muerte y resurrección del dios del maíz expresan uno de los grandes momentos en el desarrollo de la conciencia histórica mesoamericana. Por primera vez, desde la aparición de la imagen, ésta deja de ser una representación aislada y se convierte en una secuencia narrativa, en transmisora de un mensaje: cuenta una historia. Se trata de la historia de la creación del mundo y de la muerte y resurrección del dios del maíz, relatadas en episodios que se suceden uno tras otro, en una secuencia que tiene un origen y un desenlace.

Este relato repite con exactitud el ciclo básico de la siembra de la semilla del maíz en el interior de la tierra, seguido por su germinación en Xibalbá, el inframundo de los mayas, donde se enfrenta a los dioses de esa región. El primer eje de este ciclo, el descenso al inframundo del padre, la primera semilla, y su muerte a manos de los señores de Xibalbá, que equivale a la siembra del maíz, lo encontramos representado desde las diversas vasijas pintadas de la época Clásica hasta, siglos más tarde, relatado por el Popol Vuh. Este sacrificio es también el primer registro que conocemos de la condición mortal de los seres humanos.

El segundo eje de este relato representa la germinación. Comienza con la aparición de los hijos de la primera semilla, que en la época Clásica se llaman Jun Ajaw y Yax Balam, los héroes que trabajarán esforzadamente por rescatar a su padre del mundo de los muertos. Estos gemelos divinos enfrentan las estratagemas que les tienden los regentes del inframundo y finalmente logran vencerlos.

Estos episodios culminan con el brote de la planta del maíz, que emerge de la tierra, transformada y humanizada en la figura de J’un Ixiim, el dios maya del maíz, que en la cerámica, la escultura y la pintura se transforma, de prodigiosa planta alimenticia, en dios del grano y de la agricultura. Sus rasgos distintivos, además de la armonía de sus facciones, son los vestidos y las joyas que lo adornan. La vestidura del dios es una forma de “crearlo”, dotándolo de ropajes propios e imponiéndole adornos, símbolos y significados que lo identifican y distinguen de otras deidades.

La resurrección del dios surgiendo del inframundo es el clímax, el momento estelar del ciclo. La iconografía de la época Clásica no deja lugar a dudas. En esas imágenes se ve la figura radiante de J’un Ixiim saliendo del interior de la tierra, representada por una tortuga o su carapacho, unas veces llevando en sus brazos una bolsa cargada de semillas de maíz, y otras recibiendo la ayuda de los gemelos divinos. Otro episodio vinculado al renacimiento del dios lo pinta danzando, vestido con su traje de esferas y cilindros de jade, festejando su triunfo sobre las potencias de la muerte y la esterilidad.

La desaparición en estas cosmogonías de los dioses que dieron origen al universo nos lleva a concentrarnos en las deidades directamente relacionadas con el ser humano, para lo que me enfoqué en los dioses olmecas y mayas del maíz y del viento. Ambos se presentan como descendientes o emisarios de los dioses creadores primigenios, tienen figura antropomórfica y sus acciones favorecen la vida en la tierra o se enfrentan a las fuerzas destructivas que contravienen esos valores. Su biografía es semejante a la de los seres humanos: nacen, realizan hazañas memorables y a veces mueren, pero a diferencia de los humanos, el dios del maíz resucita.

El dios del viento es otra deidad central en las cosmogonías, los mitos de creación y la fundación de reinos en las culturas más tempranas de Mesoamérica. En los famosos murales de San Bartolo, aparece como una figura con boca en forma de pato, es decir, como el dios 9 Viento, quien se identifica con Ehécatl, el dios del viento del mito de la creación del Quinto Sol de Teotihuacán; con 9 Viento, el dios-héroe cultural de los mixtecos, y con el Ehécatl de Cholula y Tenochtitlán.

Así, la figura del dios del viento se une al desarrollo histórico de Mesoamérica. Más tarde, está presente como dios fundador de la célebre Triada de dioses protectores de Palenque. La construcción de los templos de la Triada sugiere que construir, mantener y sacralizar la casa de los dioses eran tareas imprescindibles para la creación de deidades en esta época.

Los relatos indígenas de los siglos XX y XXI narran una historia semejante y repiten los episodios principales del mito del dios del maíz de la época Clásica. En aquéllos se destacan los episodios con un fuerte acento agrícola y le imponen al héroe un listado de nombres que aluden a sus virtudes creativas y generativas: “Niño Nuevo […] Niño Dios Mazorca […] Brote Nuevo, Hoja Bifurcada, Resucitador del género humano…”, y con toda precisión revelan su naturaleza como semilla y planta del maíz.

Los desarrollos de la semilla y la planta del maíz que describen los relatos y mitos indígenas son muy semejantes a las imágenes, inscripciones y esculturas que produjeron los olmecas hace 3000 años y más. La suma de estos relatos permite decir que el significado original del mito del dios del maíz y su entera integración con el ciclo del cultivo de la planta del maíz, sintetizan los principales episodios del relato. Es decir, este relato es un canto sublimado de las virtudes del maíz como planta creadora del alimento humano.

Muerte y resurrección son los dos grandes episodios del ciclo del maíz, el eje vertebrador de los mitos antiguos del dios del maíz y de los mitos actuales que recorren las diversas regiones de Amerindia donde se cultiva la planta sagrada. Cada una de esas fases y episodios cruciales en el crecimiento de la planta se convirtieron en los altos momentos que transformaron el ciclo vegetal en las vicisitudes del drama humano representado en la saga del dios del maíz.


Coordinador Nacional de Programas Especiales Históricos de la Secretaría de Cultura
e integrante del Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia
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