Miércoles, 17 Febrero 2021 15:17

Soledad Loaeza

Las causas de su trascendencia

Héctor Fix Zamudio (1924-2021), miembro del CCC

Dr. José Ramón Cossío Díaz*

Miembro del Comité de Ciencias Sociales, Filosofía e Historia Comité de Ciencias Sociales


El miércoles 27 de enero falleció el doctor Héctor Fix Zamudio. Mantuve una estrecha relación personal y profesional con él desde 1985, originalmente por haber sido su alumno y ayudante de investigación. Después, por haberme impulsado a iniciar mi doctorado e integrar el correspondiente jurado de tesis. También, por haberme permitido ser su coautor en el libro que publicamos en el Fondo de Cultura Económica. Con el pasar de los años, guio mis lecturas en derecho procesal, me alentó a no dejar mi actividad académica en ningún momento, me aconsejó en las difíciles decisiones que tomé en mis años en la Suprema Corte de Justicia, e impulsó abiertamente mi ingreso a El Colegio Nacional. En lo personal, las cosas marcharon igual de bien. Me permitió ser su amigo, conversar largamente en frecuentes desayunos, compartirme numerosas experiencias, escuchar mis alegrías y pesares. La manera de guiar a quienes fuimos sus discípulos era particularmente interesante. En general no opinaba de los asuntos personales, a menos que su consejo fuera solicitado. En algunas ocasiones, sin embargo, con gran discreción, mostraba algún ejemplo de vida para señalar lo que quería transmitirnos. Actuaba de ese modo sapiencial que a lo largo de los siglos ha definido al “maestro”. Palabra que desde luego no alude a un grado académico ni a la mera condición docente, sino a la calidad que se le asigna a quienes, con sus actos, sus decires, sus saberes y, principalmente, sus ejemplos, se convierten en referentes profesionales y morales y mantienen esa calidad a lo largo de los años. Como este es el caso, desde muy pronto Fix Zamudio ha sido mi maestro.

Más allá de mi situación personal y de lo mucho que considero que le debo, la muerte de mi maestro me ha llevado a poner juntos los pensamientos que sobre él generé en el tiempo. Los sintetizo en una sola pregunta: ¿cuáles son las causas de su trascendencia? Dicho de otra manera, ¿por qué Fix Zamudio fue y es relevante? Para hacerle justicia, divido la respuesta en dos partes. Comienzo con la profesional.

Si uno mira con detenimiento lo que había en la ciencia jurídica mexicana de los años cincuenta, es posible distinguir dos concurrencias. Por una parte, la relativa a los trabajos que se hacían para explicar nuestro derecho privado. Libros bien estructurados en los que el pensamiento extranjero dominaba. Revísense las obras de derecho civil o mercantil, por ejemplo, para comprobar las innumerables notas de obras francesas, italianas o alemanas recogidas en cada una de ellas. Estos trabajos no eran de derecho comparado en el sentido estricto de la palabra, sino más bien grandes compilaciones de citas extranjeras. Por lo mismo y lejos de explicar los preceptos de los códigos civiles o de comercio nacionales, lo que se hacía era postular lo que la doctrina extranjera había sustentado respecto de instituciones semejantes a las existentes en nuestro país.

Por otra parte, en el derecho público —constitucional y administrativo, destacadamente— la tendencia general era otra. Una especie de nacionalismo se había establecido entre la academia. Nuestras instituciones se explicaban a partir de recuentos históricos en los que se había asimilado la muy priista dialéctica “independencia-reforma-revolución”. Lo que se podía decir del entendimiento de la Constitución de 1917, del sistema presidencial o del juicio de amparo, por ejemplo, se hacía desde la historia nacional y de los juristas que la habían tenido como referente.

Hacia los años cincuenta, la ciencia jurídica mexicana —con notables y pocas excepciones— se realizaba en mucho dentro de alguno de los dos cartabones que acabo de mencionar. Ahí fue donde la figura del doctor Fix Zamudio cobró notable relevancia. El trabajo que desarrolló desde entonces fue novedoso y, en su momento, audaz. Por una parte, introdujo con rigor el derecho comparado, entendido éste como un método y no como mera compilación. Con esa perspectiva comenzó a explicar normas e instituciones mediante ejercicios de confrontación a fin de destacar proximidades y lejanías. Por otra parte, comenzó a aplicar conocimientos teóricos a instituciones concretas. Esto, con la finalidad de introducirlas en una discusión universal, muy lejana del parroquialismo vigente. Finalmente, llevó a cabo una larga tarea de incorporación de autores y textos extranjeros que renovaron de poco, las lecturas que en el país se estaban haciendo.

Evidentemente, por razones de espacio, no puedo detenerme a relatar todos los frutos que estos afanes produjeron. Me detengo en uno solo, el más conocido de entre ellos. Cuando Fix Zamudio se desempeñaba como profesor y funcionario judicial, el juicio de amparo se explicaba como un producto originario del derecho mexicano. Entendible por y desde la idiosincrasia mexicana. Sin dejar de reconocer la historia y la historicidad de tal transformación, es entonces que Fix Zamudio realizó algo inédito, lo hizo pasar por las categorías de la teoría general del proceso. Es decir, asumirlo como el objeto de estudio de la disciplina dedicada específicamente al estudio de los procesos y los procedimientos. El cambio de ángulo produjo resultados notables no solo para el amparo mismo, sino para el modo de hacer ciencia jurídica. Al utilizar a profundidad la herramienta adecuada, comenzaron a surgir nuevas explicaciones y posibilidades explicativas que, más adelante, contagiarían a otros campos del conocimiento jurídico. Para no ir más lejos, a la comprensión jurídica —que no ya solamente moral y política— de los derechos humanos y de la Constitución.

La trascendencia profesional de Fix Zamudio radicó en la manera de identificar los temas jurídicos, así como en los modos de explicarlos. Mucho de lo que hoy hacemos sus discípulos y sus no discípulos, proviene de las bases por él fijadas. En lo que a mi generación concierne, por ejemplo, fue nuestro profesor quien nos dio las pistas para transitar de los entendimientos políticos a los jurídicos de la Constitución. Al trabajar con el juicio de amparo hasta llegar a la supremacía constitucional, a muchos nos mostró que la Constitución era norma jurídica y que como tal debía ser tratada y explicada. Hoy en día, cuando el proceso político que dice estar en marcha en forma de transformación pretende regresar a los entendimientos políticos de la Constitución, es importante entender lo que el maestro Fix nos enseñó. La única manera de tener una convivencia pacífica o, al menos, tan pacífica como se pueda, es mediante el uso de las normas y las prácticas jurídicas. De otra manera, también lo advirtió mi maestro, terminaremos siendo gobernados por caprichos personales, que tanto despreciaba, de esos que a él y a su generación les tocaron vivir.

La segunda causa de la transcendencia Fix Zamudio tiene que ver con una condición personal. Como afortunadamente sucedió conmigo, su generosidad, constante y sin regateos, le permitió trabajar con una gran cantidad de personas, de distintas edades, lugares, condiciones y capacidades. Cuando laborábamos juntos en la Torre II de Humanidades, nos permitía acompañarlo en paseos para responder a nuestras inquietudes. Permanentemente viajaba a los estados a impartir charlas y asesorar proyectos académicos. Al integrar varios organismos internacionales de derechos humanos, conoció y mantuvo relaciones con profesores y profesionales del derecho de diversos países. Al organizar congresos e instituciones académicas regionales e internacionales, trató a una gran cantidad de personas y supo mantener cercanía con el pasar de los años.

Visto a la distancia, ¿qué explica la capacidad de conocer personas y mantenerse cerca de ellas durante décadas? Mi respuesta es simple. Su generosidad. La capacidad de interesarse por los demás y de reconocer el talento de los otros sin sentirse amenazado. Esto, que se dice fácil, no es común en las relaciones académicas ni personales. Fix Zamudio se alegraba, auténticamente, de los logros de sus discípulos y amigos. Citaba sus obras y las promovía. De algún modo las presumía.

Al recordar a mi maestro, sé que en los quehaceres y logros de sus cercanos estaba contenida una parte de su propia trascendencia. Porque las horas que nos había dedicado habían valido la pena. Porque los consejos que nos dio nos ayudaron a ser mejores académicos y, sobre todo, mejores personas. Sus enseñanzas jurídicas son una parte de su enorme legado. Sus afectos y cuidados, otra más.

*Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias

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