Lunes, 25 Enero 2021 08:23

Gerardo Gamba

Consideraciones clínicas en torno al COVID

Dr. Gerardo Gamba Ayala

Comité de Ciencias Naturales Comité de Ciencias Naturales



Hace unos días me consultó un familiar porque tenía COVID y había presentado un intenso dolor abdominal que requirió de dosis altas de analgésicos. Se hizo la prueba de COVID, aunque estaba asintomático, porque su esposa tenía COVID. Resultó positiva. Dos días después empezó con fiebre y malestar general. Cuando me llamó ya habían pasado siete días de eso y quien sea que lo revisó le recetó ivermectina y azitromicina por seis días, un ámpula diaria de dexametasona y oxígeno por puntas nasales a razón de 5 litros por minuto. No tenía tos, ni falta de aire. La saturación de oxígeno medida con un oxímetro de pulso digital era de 90 y no se le realizó una tomografía de tórax para determinar la presencia de neumonía. Por lo tanto, el manejo indicado no tenía sustento. El oxígeno en ese momento no era necesario. La dexametasona no estaba indicada. El antiparasitario y el antibiótico, tampoco. El dolor abdominal no parece tener relación alguna con la enfermedad COVID, sino más bien estuvo relacionado con el daño causado por los medicamentos recetados. Así vemos pacientes con COVID todos los días en el Instituto. Han sido mal estudiados y sobre recetados. Es de sorprender la facilidad y velocidad con la que terapias que no son útiles han permeado entre el personal de la salud, como si lo fueran.

La comunidad científica ha estado muy activa en el mundo. Se han realizado cientos de ensayos clínicos controlados para probar diversidad de medicamentos. Hoy en día hay registrados en clinicaltrials.gov 4,542 estudios sobre COVID, lo que da un promedio de 378.5 estudios por mes, para prácticamente 13 estudios registrados por día durante todo el 2020. La gran mayoría se diseñó para probar el efecto de algún medicamento ya existente para otras enfermedades pero que, por alguna razón teórica se pensó que quizá podrían ser de utilidad para el COVID. Pero, si en alguna disciplina, de la teoría al hecho hay un gran trecho, es en la medicina. Una cosa es que por tal o cual mecanismo de acción un medicamento podría ser útil para tratar el COVID y otra cosa es que un ensayo clínico así lo demuestre.

Un estudio publicado en el British Medical Journal en julio de 2020 y con una actualización a diciembre del mismo año (BMJ 2020;370:m2980) da cuenta de lo que ha sucedido con diversidad de ensayos clínicos controlados en los que han participado más de 40 mil pacientes. A pesar de este enorme esfuerzo, desafortunadamente casi todo ha salido negativo. El único medicamento que ha mostrado cierta ventaja que el placebo, o tratamiento estándar, es la dexametasona y solo en las condiciones que menciono más adelante. Hasta el momento no hay evidencia clara de que medicamentos como la ivermectina o la azitromicina tengan efecto benéfico.

El cuadro clínico de COVID es muy variable. Sabemos que hay un número grande de sujetos que pasan desapercibidos, porque son asintomáticos. Según resultados preliminares del Instituto de Salud Pública esto puede ser hasta 3 de cada 4 contagiados. De los individuos que manifiestan la enfermedad, al menos 80 de cada 100 presentan un cuadro clínico de leve a moderado y no es grave. Estos enfermos desarrollan desde un cuadro similar al gripal, sin mayor problema, hasta un cuadro con febrícula (menor de 38 grados), fatiga que puede ser intensa, pérdida del olfato o el gusto, diarrea y en algunos casos tos de moderada intensidad, pero la saturación de oxígeno no baja de 90 y no manifiestan falta de aire. Este grupo puede ser tratado en casa y lo indicado es solamente el manejo sintomático. Bajar la fiebre con antipiréticos y lo que sea que se necesite para otros síntomas. En este grupo lo mejor es no sobre recetarlo, porque las complicaciones de diversos medicamentos pueden resultar peor. En este grupo la duración del cuadro clínico pude variar entre 5 y 15 días.

Una nota de cautela. Pacientes en este grupo que tengan factores de riesgo: edad avanzada, diabetes mellitus, hipertensión arterial, obesidad, cáncer u otras enfermedades que comprometan al sistema inmunológico, deben ser vigilados cuidadosamente por un especialista de forma cercana. Evitar que la diabetes se descompense, porque eso pone en riesgo de avanzar a una enfermedad grave, y poner atención a datos que sugieran la aparición de trombosis, en cuyo caso se requerirá de anticoagulación.

En los otros 20 pacientes de 100 el cuadro será grave. Las características que hacen sospechar o indican una enfermedad grave son que la fiebre sea muy alta (39 grados o más), que desarrollen tos intensa, falta de aire y/o que la saturación de oxígeno baje de 90. Medir la saturación de oxígeno es importante porque en COVID se ha descrito una condición llamada “hipoxia feliz” en donde el paciente puede tener hipoxia y no lo siente. Si hay signos de enfermedad grave se requiere valoración en un hospital, de preferencia por especialistas en medicina interna, neumología, urgencias o terapia intensiva. Una tomografía de tórax es necesaria para valorar el grado de extensión de la neumonía, que mientras mayor sea, el pronóstico se ve más complicado. Los pacientes en este grupo deben ser manejados en un hospital (lo que es ideal) o en casa (dada la saturación de los servicios de salud). Este es el grupo de pacientes que se beneficia de oxígeno suplementario, mientras más flujo mejor, y de dexametasona. Si a pesar de esto el enfermo no mejora la oxigenación, entonces se convierte en candidato a intubación y terapia intensiva, porque de lo contrario se fatigará de respirar forzadamente y eso empeorará el asunto. Esto ocurre en 3 a 5 de cada 100 y desafortunadamente 1 a 2 fallecen a pesar de todo.

Es importante que los pacientes con COVID o sus familiares consulten las páginas o teléfonos disponibles del gobierno de la Ciudad de México, del Estado de México o de institutos de salud para obtener información y consejos oficiales de quienes están manejando pacientes en forma institucional.



Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias

Premio Nacional de Ciencias y Artes 2010

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