Lunes, 16 Noviembre 2020 08:16

Gerardo Gamba

La buena noticia de la semana sobre COVID

Dr. Gerardo Gamba Ayala

Comité de Ciencias Naturales Comité de Ciencias Naturales



La semana pasada circuló en los diarios y las redes sociales una muy buena noticia que puede ser el inicio de la resolución de la pandemia de COVID. Por fin, algo de luz al final del túnel. Justo así es como ilustra su portada del sábado 14 de noviembre el semanario británico The Economist, con un túnel al final del cual se ve luz y una jeringa.

La empresa Pfizer que en conjunto con BioNTech desarrollaron una vacuna contra el SARS-CoV-2 anunciaron que en el ensayo clínico controlado que está corriendo, la efectividad de la vacuna es superior al 90%. El estudio se lleva a cabo en Estados Unidos, Argentina, Brasil, Alemania, Sudáfrica y Turquía. Consiste en administrar en individuos sanos, que no han tenido COVID, una dosis de vacuna o placebo, seguida de una segunda dosis 21 días después. Los individuos son seguidos y a partir del día 28 de que se puso la primera dosis cualquier caso comprobado de COVID es registrado. El objetivo del estudio es primero, determinar si la vacuna no produce ningún daño y luego si tiene utilidad para prevenir el desarrollo de COVID.

Hasta el día que la empresa hizo pública la noticia, el 9 de noviembre, se habían reclutado 43,538 sujetos, de los cuales 38,955 ya habían recibido la segunda dosis. El estudio es doble ciego, por lo que ni los sujetos de estudio, ni los investigadores saben quien está en cada grupo. Y, por supuesto, para asegurar que no exista ningún sesgo, el grupo al que cada sujeto es asignado se define por azar, por lo que la mitad de los sujetos deben estar en el grupo placebo y la otra mitad en el de la vacuna. Las características generales como edad, sexo, raza, estado de salud, comorbilidades, estatus económico, etc., de ambos grupos debe ser similar, para que entonces sean comparables.

Desde que inician, los ensayos clínicos incluyen criterios para hacer lo que se conoce como análisis interino, en el que una comisión externa al estudio, sin revelar a nadie el código de quien recibió placebo o vacuna, analiza como va el asunto. Primero, para determinar si el tratamiento experimental no está causando ningún efecto no deseado y segundo, para saber si hay alguna diferencia entre los grupos y así establecer si vale la pena continuar el estudio. En este estudio está dispuesto que el análisis final se hará cuando se tengan 164 casos de COVID, pero el interino se planeó cuando se alcanzaran alrededor de 90. La comisión especial informó que la mayor parte de los 94 casos que han ocurrido están en el grupo placebo, por lo que calculan que la efectividad de la vacuna es mayor al 90% y, no se reporta ningún efecto secundario serio. Esto es básicamente lo poco que sabemos del resultado, porque no se ha publicado en forma científica, ya que el estudio continuará hasta que se llegue a 164 casos de COVID. Los datos que comento vienen del informe que dio la compañía y en editoriales en las revistas Nature, Science y The Economist.

La vacuna se diseñó contra la proteína Spike del virus que es la que le permite interaccionar con la enzima convertidora de angiotensina II en la célula, que funciona como receptor. Es decir, para que el virus ingrese a la célula y la infecte, la proteína Spike se une a la Enzima convertidora y así se internaliza a la célula. La noticia es muy buena porque casi todas las vacunas que están en estudio se diseñaron contra esta proteína y, por lo tanto, este resultado sugiere que las demás vacunas también funcionarán. Quedan por supuesto dudas a resolver en los próximos meses: ¿la vacuna será útil en ancianos y en enfermos, que no son parte del ensayo clínico? ¿La vacuna previene el desarrollo de la enfermedad o el sujeto también deja de ser contagioso?¿Cuánto tiempo durará la inmunidad inducida por la vacuna?

La vacuna de Pfizer es de RNA. Es decir, lo que se le inyecta al sujeto es el RNA que codifica para la proteína Spike, mismo que se internaliza en las células y es procesado para sintetizar la proteína, que es secretada al medio. La proteína Spike por sí sola no causa infección, ya que le falta el resto de la información del virus, pero si genera la respuesta inmune en contra de ella. La ventaja es que la vacuna de RNA es relativamente fácil de producir y si existieran mutaciones en el virus, se pueden introducir rápidamente en las nuevas versiones de la vacuna. La desventaja, que representa un reto para todos los países, es que, como el RNA es una molécula muy inestable, debe mantenerse en todo momento a -70 oC, por lo que el almacenamiento y distribución requiere de una cadena fría que prácticamente ningún país tiene. En las ciudades como la de México, se puede con la inversión apropiada tener una cadena en frio, pero para llevar la vacuna a todos los pueblos y condados, está mucho más complicado.

El hecho de que a once meses de que se describió una nueva enfermedad, causada por un nuevo virus, se tenga claro el mecanismo de infectividad del virus y se haya producido una vacuna (o varias) que al parecer será, al menos, 90% efectiva es motivo de orgullo y da esperanza a la humanidad. Claro que la velocidad con la que esto ha sucedido es en buena medida gracias a la infraestructura ya instalada en diversos laboratorios del mundo. Con evidencias como esta, me parece hasta cierta forma irracional que en muchos lugares se esté reduciendo o complicando el apoyo para la investigación científica. Ya tratamos durante miles de años de recurrir a las deidades y no parece haber funcionado. En cambio, la ciencia si lo hace. Los que nos dedicamos a esto lo tenemos claro, pero para quien no, el ser testigo de cómo pasamos en unos cuantos meses de que no existiera la COVID, a una o más vacunas que funcionarán, debería de ser suficiente para convencerse.



Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias

Premio Nacional de Ciencias y Artes 2010

Inicio