Miércoles, 09 Septiembre 2020 01:41

Elisa Vargaslugo Rangel, la gran experta en historia del arte colonial mexicano

Dra. Josefina Zoraida Vázquez y Vera




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El domingo 30 de agosto murió la doctora Elisa Vargaslugo Rangel, la gran experta en historia del arte colonial mexicano, distinguida investigadora emérita del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y también del Sistema Nacional de Investigadores (SNI).

Doña Elisa había nacido en Pachuca, hija de un médico hidalguenses, José Vargaslugo, de Huichapan y doña Margarita Rangel, de Huasca, pueblo donde privaba la cultura inglesa. Doña Margarita había estudiado pintura en la Academia de San Carlos, lo que tal vez influiría en las inclinaciones artísticas de Elisa. Agosto la vio nacer, el 12 de 1923 y la vio morir el 30 de este 2020. Acababa de cumplir sus 97 años, es decir, gozó de una vida larga fructífera, dejando huella en libros, artículos, archivos, fotografías y las múltiples tesis de estudiantes de los tres niveles y la amistad de colegas y colaboradores.

Elisa tuvo una excelente educación, primero en su ciudad natal en The English School y después en la Ciudad de México en el Colegio Franco-Inglés y el Colegio Luis G. León, donde su maestro de historia, Diego Tinoco Ariza, despertó su gusto por el estudio del pasado, de manera que no dudaría en inscribirse en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y seguir la carrera. La Facultad estaba, por entonces, ubicada en el bello edificio de Mascarones en San Cosme y en 1954, se trasladaría a Ciudad Universitaria. Pronto se centró en el estudio de la historia del Arte, gracias a los grandes maestros como don Manuel Toussaint y Francisco de la Maza, en arte virreinal y de don Justino Fernández una eminencia en arte, aunque enseñaba arte contemporáneo.

En su discurso del 22 de febrero de 1998 para ocupar el sillón vacante en la Academia Mexicana de la Historia por la muerte de don Edmundo O’Gorman, doña Elisa mencionó la gran deuda que tenía con él. Refirió que en su curso de Historia de América, mismo había revolucionado la enseñanza de la historia el polémico académico, había aprendido la metodología que fundamentaría su carrera, pues a diferencia de cursos que seguían, “salvo honrosas excepciones, un sentido narrativo, casi puramente fáctico, carente de intención especulativa”, en los cursos privaba “un método de empobrecida cepa positivista, que presentaba el devenir histórico como un larguísimo camino de solidez, indivisible e impenetrable, formado por una serie de sucesivos acontecimientos”. Amén de encontrar en O’Gorman, un profundo conocedor de la cultura virreinal.

En los viajes de estudio por México, con el recordado Paco de la Maza, Elisa había cobrado conciencia de la enorme riqueza de portadas, retablos de templos y conventos mexicanos y, dada su afición de fotógrafa, enfocaba su cámara y tomaba los detalles y conjuntos de portadas, retablos, pinturas y esculturas. Este detalle llevó a don Manuel Toussaint, Director del Instituto de Investigaciones Estéticas, a contratarla siendo estudiante para organizar el acervo fotográfico de los investigadores, al que enriqueció con las suyas propias. Su cuidadoso trabajo la convirtió en cierta forma en la fundadora del Archivo Fotográfico que lleva el nombre de don Manuel y que conserva un riquísimo acervo.

Bajo la dirección de don Edmundo, Elisa se doctoró en 1972 con una tesis sobre el templo de Santa Prisca en Taxco. El templo le había impresionado desde niña, ya que su familia visitaba, en vacaciones, ese lugar por una tía que había fundado el primer hotel del lugar. La sólida investigación sobre esa iglesia, en la que innovó al unir el monumento con la vida de su creador, don José de la Borda, sus circunstancias sociales y sus anhelos espirituales y religiosos. Para entonces ya era conocida como defensora de la riqueza cultural de México y su cátedra y seminario en la que exigía entrega y disciplina para lograr la meta de comprensión total del arte. Su docencia privilegió a la Facultad de la UNAM y en especial la División de Estudios de Posgrado, aunque también enseñó en la Escuela Nacional Preparatoria, la Escuela Nacional de Artes Plásticas, el Centro Regional Latinoamericano para la Restauración y Conservación de Bienes Culturales de la UNESCO en México, el Centro de Restauración “Paul Coreman’s”, la Escuela de Restauración “Manuel del Castillo Negrete” y cursos eventuales en universidades de la República Mexicana, Estados Unidos y España.

Dirigió numerosas tesis sobre arte colonial y publicó artículos, ensayos y textos en revistas especializadas y libros clave para la comprensión del fenómeno artístico. Miembro de número de la Academia Mexicana de la Historia desde el 2 de marzo de 1999 en que leyó su discurso sobre “El indio como donante de obras pías”. También, es miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia de Madrid, de la Academia de Historia y Geografía de Guatemala, correspondiente de la Real Academia Burguense de Historia y Bellas Artes (Institución Fernán González) de Burgos desde 2001, miembro del Consejo Externo de Conservación del Patrimonio Cultural del Instituto Nacional de Antropología e Historia y miembro de la Comisión de Arte Sacro de la Arquidiócesis de México.

En su extensa bibliografía destacan el estudio de Santa Prisca, los enjundiosos tomos sobre Juan Correa en que coordinó a un grupo de estudiantes y especialistas, al igual que los proyectos interdisciplinarios sobre La imagen del indio en Nueva España y el Catálogo de Escultura Novohispana, modelos en su género y los cuatro volúmenes de Arte Colonial de la Historia del Arte Mexicano (Salvat-SEP). Su interés estuvo centrado en la indisoluble relación del arte novohispano con la religión y la pintura, llamó la atención en la participación de las castas en los oficios artísticos, y la de los indígenas como mecenas de las artes.

Sus colaboraciones con grupos españoles fueron reconocidas al ser elegida como miembro correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla en 1988 y como miembro de número del Consejo Internacional de Museos de México (ICOMOS mexicano). Activo miembro de la Sociedad Defensora del Tesoro Artístico, del Comité Mexicano de Historia del Arte, del Cuerpo Asesor de la Revista Archivo Español de Arte, del Instituto Diego Velázquez del Centro Superior de Investigaciones Científicas de España, del College Art Association, de la Fundación UNAM, de la Sociedad Mexicana de Bibliófilos y del Seminario de Cultura Mexicana. Recibió el Premio Universidad Nacional en investigación de Humanidades de la UNAM, la Medalla Toltecayotl (1999) de la Universidad Tecnológica Tula-Tepeji del Estado de Hidalgo, el Premio Nacional de Ciencias y Artes en 2005, la Medalla Sor Juana Inés de la Cruz, otorgada por la UNAM (2005) y el Doctorado Honoris Causa por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Dejó, pues, una gran herencia de estudios sobre Arte Mexicano que defendió con todas las armas a su alcance. Descanse en paz.

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