Domingo, 23 Agosto 2020 07:11

Gerardo Gamba

Los efectos colaterales de la COVID-19 en la salud

Dr. Gerardo Gamba Ayala

Comité de Ciencias Naturales Comité de Ciencias Naturales


Mientras la mayor parte de la población tiene los ojos puestos en el número de casos y muertes que se reportan día con día en relación con la pandemia de COVID-19, existen una serie de efectos colaterales de la misma que son poco mencionados o completamente desconocidos, pero que están teniendo o tendrán en el futuro consecuencias sobre la salud general. Un ejemplo, del que presentó algunos datos preliminares el Dr. Arturo Galindo Fraga del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, en la conferencia de prensa del 25 de julio en Palacio Nacional, fueron los datos sobre el exceso de mortalidad que se ha observado en la Ciudad de México entre abril y julio.

En esa ocasión mostró el número de muertes observadas por día en los últimos cuatro años, en el que se ve un comportamiento muy similar a lo largo del tiempo, con la esperada elevación en los meses de invierno. El modelo muestra claramente un exceso de mortalidad en la semana del 19 de septiembre de 2017, como consecuencia del temblor. También muestra un exceso de mortalidad entre abril y julio de este año, que entonces era de alrededor de 17 mil muertes más que las esperadas para estos meses, en relación con los años anteriores. De acuerdo con lo esperado por la COVID-19, el 65 % de este exceso ocurrió en hombres y el 35 % en mujeres. Sin embargo, un porcentaje considerable, alrededor del 25 al 30 % del exceso, no obedeció a COVID-19, sino mayoritariamente a muertes cardiovasculares y de otro tipo, que de haber tenido el sistema de salud disponible, como sucedía hasta marzo de este año, probablemente no hubieran ocurrido. Es decir, hay mortalidad no COVID en exceso, como un efecto colateral a la saturación del sistema de salud por pacientes con COVID.

Aunado a lo anterior hay otros efectos negativos a mediano y largo plazo. Todavía es temprano para tener datos al respecto, pero estoy seguro y me preocupa, que en los próximos meses y el próximo año vamos a tener un exceso de mortalidad por padecimientos que se han dejado de detectar en forma temprana. Por ejemplo, existen varios tipos de cáncer, que son muy frecuentes, por lo que hemos aprendido a detectarlos en forma temprana, con lo que la sobrevida de estos ha mejorado y hoy en día muchos pacientes se curan. Los más frecuentes y curables cuando se detectan tempranamente son el cervicouterino, el de mama, el de próstata y el de colon. ¿Cuántas mastografías, colonoscopías, resonancias o citologías de cuello uterino se han dejado de hacer en cuatro meses y, por tanto, cuántos tumores serán detectados en etapas más avanzadas en los próximos meses o en el 2021? Si él (la) amable lector(a) está en uno de los grupos de riesgo para estos tumores, sugiero olvidarse un poco del COVID y retomar su rutina anual de detección de cáncer.

Otro exceso de mortalidad vendrá por procedimientos terapéuticos que se han dejado de hacer. Un caso son los trasplantes, en particular los de riñón y de hígado. En el primer caso quizá ya se cuenten por cientos los que se han dejado de hacer en el país. En el segundo son menos, pero de mayor gravedad, porque no existe “diálisis” para la insuficiencia hepática y por tanto muchos pacientes no pueden esperar.

A más largo plazo hay otro daño colateral por la epidemia del SARS-CoV-2 que no es aparente para la población, pero que tendrá consecuencias negativas sobre la salud. Me refiero aquí al efecto que ha tenido la pandemia sobre la realización y curso de ensayos clínicos controlados no COVID. En este sentido, un análisis reciente realizado por un grupo de cardiólogos en Nueva York, Boston y Glasgow muestra que en estos cuatro meses ha habido un exceso de cancelaciones y suspensiones de ensayos clínicos en comparación con los años anteriores. En este estudio se analizó el comportamiento de los ensayos clínicos controlados en clincialtrials.gov, sitio en el que se registran legalmente todos los estudios de este tipo. El estudio analizó de enero de 2017 a mayo de 2020. Se excluyeron todos aquellos relacionados con COVID, de 321,218 ensayos clínicos no COVID detectados, 28,672 (8.9%) fueron reportados como suspendidos. De estos 22,934 fueron entre enero de 2017 y diciembre de 2019, para un promedio de 638 estudios suspendidos por mes. En contraste, hubo 5,758 estudios detenidos entre el 1 de enero y el 31 de mayo de 2020, para un promedio de 1,147 por mes. La diferencia es significativa. A esto hay que agregarle algo, el número de ensayos clínicos que ya no se hayan iniciado o inclusive planteado dada la pandemia.

Este efecto negativo ha sido todavía más intenso en Instituciones como la nuestra que se tuvieron que reconvertir en centros COVID. En el Instituto teníamos al inicio de 2020 un total de 105 ensayos clínicos controlados vigentes para diversos tipos de cáncer, enfermedades renales y cardiovasculares, diabetes y metabolismo de lípidos, o diversidad de problemas infecciosos, reumatológicos o neurológicos. La mayoría de estos tuvieron que detenerse por motivos de la reconversión del Instituto y en algunos casos fueron suspendidos. Adicionalmente, como lo comenté arriba, durante estos meses de la pandemia se ha postergado el proceso para registro e inicio de ensayos clínicos no COVID.

Los ensayos clínicos controlados son la forma en que la medicina avanza en la última etapa de investigación para poder llevar nuevos tratamientos a pacientes con diversidad de enfermedades, algunas de las cuales, tienen una ventana de oportunidad muy corta de tiempo para su curación, o al menos para su remisión temporal y así otorgarle al enfermo algún tiempo más de vida, por lo que es probable que durante el próximo año y quizá más, enfermos con este tipo de padecimientos, que se hubieran podido beneficiar de un medicamento probado en un ensayo clínico, no sea así, porque los ensayos clínicos fueron detenidos y por tanto la demostración de la eficacia de algún medicamento novedoso.



Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias

Unidad de Fisiología Molecular, Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM e Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán

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