Lunes, 20 Julio 2020 22:23

Gerardo Gamba Ayala

La importancia de la ciencia básica en la prevención de COVID

Dr. Gerardo Gamba Ayala

Comité de Ciencias Naturales Comité de Ciencias Naturales



Cuando era estudiante de posgrado en Boston, a principios de los 90s, me llamaba la atención que, en una estación de radio, los viernes el programa de las 8 am dedicaban media hora a comentar los artículos más relevantes que venían en la edición de esa semana de las revistas New England Journal of Medicine, Nature y Science. Me emocionaba, pero me hacia ver, sin embargo, la distancia tan grande que hay entre nuestro querido México y el primer mundo. El que un programa de radio dedique tiempo a esto es un indicador de que existe un número considerable de personas a las que les interesa escucharlo, de lo contrario no lo pondrían al aire. Este interés del público en general por lo que aparece en las publicaciones de revistas científicas de alto nivel nunca lo había visto en México, sino hasta ahora con la pandemia del SARS-CoV-2. El martes pasado se publicó en línea un artículo en el New England Journal of Medicine, que describe los resultados de la fase I de un estudio en el que se prueba la capacidad de una vacuna para el SARS-CoV-2. Es la primera vez que amigos y familiares me abordan para comentar lo que viene en el New England.

El manuscrito fue rápidamente difundido por todos los periódicos del mundo. Se trata de un estudio fase I con la vacuna desarrollada por la compañía de nombre Moderna en Cambridge, Massachusetts. La vacuna es conocida con el nombre de mRNA-1273. Se trata de una vacuna hecha con base en el RNA que codifica para la proteína Spike del SARS-CoV-2, estabilizada en una conformación particular mediante la introducción de dos prolinas en sitios claves. Esta proteína spike es la que utiliza el virus para interaccionar con la enzima convertidora de angiotensina 2, que funciona como el receptor del virus en las células de las vías respiratorias. El RNA de la vacuna está encapsulado en nanopartículas de lípidos que les permite su ingreso a las células, en donde el RNAm liberado sirve para sintetizar el antígeno SP-2 de la proteína spike, que al exponerse al sistema inmune activa la respuesta necesaria para la producción de anticuerpos en su contra.

El estudio muestra que en 45 individuos de 18 a 55 años se inyectaron tres diferentes dosis de la vacuna (una dosis por cada 15 individuos), con un refuerzo de la misma dosis 28 días después. Las dosis fueron de 25, 100 y 250 microgramos. La inyección fue en el músculo deltoides en el brazo, similar a lo que ocurre con la vacuna de influenza. El objetivo del estudio era, primero, determinar si la administración de la vacuna es segura, o sea, que no cause ningún efecto indeseable mayor y segundo, demostrar si con las dosis administradas se generan anticuerpos neutralizantes, similares a los que muestran los pacientes convalecientes de COVID. Ambos resultados son alentadores. La vacuna causó muy pocos efectos adversos y de baja importancia, como dolor en el sitio de la inyección, un poco de hinchazón local, sensación de gripa por uno o dos días y en muy poco porcentaje algo mayor como fiebre o malestar general, que fueron pasajeros. La respuesta en generación de anticuerpos fue muy buena, similar a la que se observa en los convalecientes de COVID y con anticuerpos del tipo neutralizante, que se piensa son los que pueden funcionar. Los sujetos se estudiaron durante 57 días, pero se vio que la respuesta en generación de anticuerpos alcanzó el máximo desde el día 36.

El estudio todavía no muestra que la vacuna sirva para prevenir el COVID-19. Pero es prometedor, ya que en macacos tratados con vacuna similar y que generaron anticuerpos en niveles similares, se previno el COVID-19 cuando fueron expuestos al virus. El estudio continúa, porque tiene un brazo en sujetos mayores de 55 años que será reportado posteriormente y los sujetos vacunados se van a seguir al menos un año para determinar la durabilidad del efecto. Posteriormente, habrá que hacer los estudios fase II y fase III con un número mayor de individuos y ahora si, para determinar la efectividad de la vacuna en la prevención de COVID-19.

Lo impresionante es que, desde que se conoció la secuencia del virus en los primeros días de enero, a generar la vacuna y tener este primer reporte de un estudio fase I pasaron seis meses, cuando normalmente esto tarda entre 3 y 9 años. Además del interés por hacerlo y la inyección de recursos en un país en el que se tiene claro que la inversión en ciencia es redituable, esta velocidad ha sido posible gracias a 1) el conocimiento previo del papel que tiene la proteína spike en la fisiopatología de la infección por los coronavirus, 2) a la evidencia de que los anticuerpos neutralizantes contra la proteína spike son parte importante de la respuesta inmune, 3) al desarrollo previo de la tecnología y plataformas para el desarrollo de vacunas con base a RNA que se pueden hacer rápido y en caso de servir, se pueden escalar a nivel industrial con relativa facilidad y 4) al conocimiento general de la biología de las infecciones virales y la forma en que responde el sistema inmune.

Todo lo anterior generado por la llamada ciencia básica que en países como el nuestro a tantas personas en las esferas del poder gubernamental y empresarial les parece que no sirve para nada, por lo que atentan con frecuencia para eliminar o reducir el presupuesto para el desarrollo de estas disciplinas. En consecuencia, en relación con la prevención del COVID, la población mexicana parece que va a tener que depender una vez más de lo que produce un país del primer mundo, que ha invertido grandes recursos en ciencia básica y entonces puede hacer lo que muestra el artículo que comento, y que cuando funcione la vacuna, nos la va a vender a precios que, por tenerlos que cubrir, promoverán más la pobreza dentro del territorio nacional. El camino para eliminar la pobreza es muy claro, pero no así para quien no lo quiere ver.



Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias

Director de Investigación, Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán y Unidad de Fisiología Molecular, Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM

Inicio