Lunes, 29 Junio 2020 07:57

Hace tres años en ocasión de la primera marcha por la ciencia (2017), que ocurre ahora cada 22 de abril en múltiples ciudades del mundo, me pareció muy simpático el letrero que portaba una mujer en Washington que decía (ver fotografía): “At the start of every disaster movie there’s a scientist being ignore” (Al inicio de cada película en que ocurre un desastre hay un científico que es ignorado). Dicen que la realidad alcanza a la ficción más rápido de lo que nos imaginamos, así que de la ficción, el asunto saltó a la realidad, en menos de dos años.



En febrero de 2018 la Organización Mundial de la Salud (OMS) hizo pública su preocupación sobre la posibilidad de que en un futuro cercano se desarrollara lo que llamaron la enfermedad X. La OMS alertaba sobre la posibilidad de que se desarrollara un nuevo patógeno que causara una pandemia mundial. Se propuso, por razones obvias, que ese nuevo patógeno sería un virus y que la enfermedad emergería como una zoonosis, es decir, la transmisión de un nuevo patógeno de un animal a un humano, que luego se propaga con facilidad entre los humanos. Esta misma predicción fue hecha por Peter Daszak, un ecologista británico, presidente de EcoHealth Alliance, una organización no gubernamental, con base en Nueva York, que promueve varios programas en pro de la salud.

No es en realidad difícil hacer esta predicción cuando se toman unos cuantos hechos conocidos. Primero, cada vez somos mas habitantes en el planeta, por lo que la cercanía de uno con otro es cada día mayor. Segundo, por lo mismo, la cercanía entre humanos y animales cada vez es mayor. Tercero, para que se genere un nuevo patógeno tiene que ocurrir en un organismo simple, como los virus. En las bacterias se puede generar fácilmente resistencia a un antibiótico, pero la bacteria sigue teniendo esencialmente la misma capacidad de producir enfermedad, lo que la hace peligrosa es que ya no responde al tratamiento y por lo tanto, el enfermo queda indefenso, como ocurría antes de la era de los antibióticos.

En diciembre de 2019 apareció la enfermedad X, que ahora llamamos COVID-19 y la respuesta de todos los gobiernos del mundo fue ignorando al científico que aparece en la primera escena. Con la velocidad de propagación que se registró de COVID-19 en China en los últimos días de diciembre y los primeros días de enero, si le hubiéramos hecho caso, quizá habría salido mas barato a toda la humanidad haber cancelado todos los vuelos a principios de enero, haber detenido por completo toda actividad no esencial, que quiere decir, todo menos los hospitales y lo que se necesite para surtirlos, y quedarnos todos en casa sin salir durante tres a cuatro semanas. Se hubieran muerto algunas personas, si, pero mucho menos de las que se han muerto hasta el momento y en una región geográfica mas limitada.

En lo que llevo en la profesión médica he sido testigo del surgimiento de al menos siete enfermedades que han generado epidemias de diferente magnitud. El VIH surgió en los inicios de los 80s y produjo una epidemia terrible, pero confinada a ciertos grupos de riesgo, por lo que muchos fueron solo espectadores, que sabían que no podrían contagiarse mientras no estuvieran en alguno de estos grupos. La comunidad científica respondió y el asunto se fue controlando poco a poco. Dista mucho de haberse resuelto, pero la mortalidad inicial de la enfermedad ha cambiado radicalmente. Otras enfermedades virales emergentes que me ha tocado presenciar son las causadas por los virus de SARS-CoV, MERS-CoV, H1N1, Ebola, Zika y Chikungunia. Aunque algunas son muy graves, han podido ser relativamente controladas gracias a que la transmisión de la enfermedad no es tan alta. Las últimas dos, por ejemplo, necesitan de un mosquito que solo vive en ciertos lugares del mundo. En contraste, el nuevo virus SARS-CoV-2 tiene una capacidad de transmisión tan grande que ha causado estragos por los millones de gentes que desafortunadamente se han infectado en período de tan solo seis meses (9,473,214 casos confirmados en junio 25 en 216 países). La mortalidad no es tan alta como con el MERS o Ébola, pero el 5 % de 10 millones de enfermos es mucho. La predicción es que lo que sigue, la enfermedad Y o Z, podría ser otro virus, con la transmisibilidad de SARS-CoV-2, pero la mortalidad del ébola, por lo que la próxima vez (no muy lejana) la respuesta deberá de ser mucho mas rápida y agresiva, si queremos que la humanidad subsista en el planeta.

Desafortunadamente, a pesar de todo esto, al parecer en esta película el científico no solo fue ignorado al principio, sino sigue siendo ignorado, conforme se desarrolla la trama. Las decisiones sobre lo que sigue en la pandemia están mayoritariamente basadas en intereses que no toman en cuenta los consejos científicos. En varias ciudades de Estados Unidos se está viendo un repunte de casos en relación con la temprana relajación de las medidas de distanciamiento. El Presidente Trump, supongo que con el afán de deslindar a su administración de los errores cometidos en relación con la pandemia, con miras a las elecciones de noviembre, ha declarado, de hecho, que planea retirar el financiamiento que otorga el gobierno de su país a la OMS, que es de alrededor del 15 % del total de este organismo.

El recorte a diversos fondos que sostienen la actividad científica en diversos países continúan ocurriendo. La investigación científica generó el conocimiento necesario para desarrollos como las vacunas, los antibióticos, las comunicaciones, la anestesia, los analgésicos, la luz eléctrica, por mencionar algunos, que no han sido, sin embargo, suficientes para convencer en donde deberían de ponerse la mayor cantidad de recursos. Tenemos, sin embargo, una luz de esperanza. Esta es la primera pandemia mundial en donde la gran mayoría de la población voltea a ver que están haciendo los científicos, esperando un solución, en vez de rezar a las deidades esperando a que llegue en forma mágica y sobrenatural.



Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias

Unidad de Fisiología Molecular, Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM e Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán

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