Lunes, 15 Junio 2020 08:55


Tengo buena memoria para recordar las fechas de eventos que para mi han sido importantes. Por ejemplo, recuerdo que fue el 20 de mayo de 1978 el día que nos graduamos de la Preparatoria. Hubo una ceremonia de entrega de diplomas en los que el joven “Bachiller” pasaba al frente, del brazo de su orgullosa madre, para recoger el papiro que lo acreditaba como tal y más tarde, la gran fiesta de graduación en uno de los salones del Hotel Camino Real en Polanco. Lo recuerdo con cariño porque fue la única ocasión en que mi madre y la de mi bella esposa convivieron por unas horas, porque al plan de que fueran consuegras le faltaban meses para fraguarse, pero no pudo concretarse por el desafortunado y temprano fallecimiento de mi suegra. Por coincidencia, doce años después, el 20 de mayo de 1990 fue el día que salí de México para irme a estudiar el posgrado a Boston. Hace unos días, recordaba el asunto y para olvidarnos un ratito del coronavirus, decidí escribir sobre esto.

Me fui muerto de miedo, junto con una esposa preciosa y dos lindos niños prescolares. Había salido del país en algunas ocasiones puntuales, pero en calidad de turista, para divertirme, conocer lugares, pasarla a todo dar y asistido por guías que te explican historias sencillas y en español. Esto era diferente. No habría guías. Las explicaciones no iban a ser nada sencillas y serían en inglés. México en ese entonces todavía era un país que había estado cerrado al mundo por mucho tiempo, en el que un chocolate o un dulce importado era altamente apreciado por la población. Unos cuantos años atrás habían abierto el primer McDonald’s en la Ciudad de México y no podías entender que la población hiciera colas de una o dos horas para comprar una hamburguesa, a menos que te dieras cuenta, que en realidad hacían la cola para entrar algunos minutos al primer mundo. Cuando yo estudié la educación básica, la enseñanza del idioma inglés era muy elemental, lejos de ser lo que sucede ahora, así que en esa época te ibas al posgrado sabiendo leer razonablemente bien el inglés médico/científico, podías entender si te hablaban lento y ayudaba la expresión corporal, pero no podías hablar con fluidez.

Con esa sensación de inferioridad y la limitación del idioma, se trataba de emprender una aventura en la que existían varios retos. Estaba matriculado para iniciar un posgrado en lo que muchos consideran la mejor universidad del mundo, y si no lo es, cuando menos si es la más famosa y atractiva. Su nombre es sinónimo de calidad y éxito. Además, el laboratorio en el que estaría estaba localizado en uno de los hospitales más renombrados. En el mismo hospital en el que maestro Salvador Zubirán realizó el posgrado en los años 20, tradición que le seguimos muchos miembros del Instituto, hasta la época actual. Mi querida ex alumna, la Dra. Silvana Bazúa está ahora mismo haciendo un posgrado ahí. Así que, yo salía del Instituto más renombrado de México y me daba temor, como decimos, no dar el ancho. Para mi beneplácito y el de mi alma mater en México, tres años después hablaba inglés con fluidez, la estancia había sido todo un éxito, había logrado bastante buena reputación entre mis colegas en Boston y la sensación de inferioridad había desaparecido para siempre.

Solo con el pasar del tiempo puede uno darse cuenta de las consecuencias que una decisión personal puede tener sobre el desarrollo o la vida de otras personas. Como dijo Steve Jobs en su famoso discurso de Stanford: “los puntos no se pueden conectar en forma prospectiva, solo en forma retrospectiva”. Me refiero ahora a los varios estudiantes que han pasado por mi laboratorio y que han aprendido de lo que yo aprendí, mas lo que después aprendimos juntos, aunado a lo que ellos han desarrollado y me lo han enseñado a mi.

Solo por contar una de las historias. Una alumna muy querida realizó el doctorado en mi laboratorio entre 1998 y 2003. Vivía en Tlalpan, por lo que su deseo era hacer el posgrado con un tutor o tutora del programa en Ciencias Biomédicas, pero que estuviera en la zona de hospitales. Acudió a mi laboratorio para su rotación del cuarto año de la licenciatura en investigación biomédica básica, le gustó y decidió quedarse para hacer el doctorado. En algún momento de su tercer o cuarto año del programa doctoral se conjuntaron dos situaciones. Una era que estábamos atorados en un aspecto de su proyecto que requería una solución tecnológica que en ese momento no teníamos, pero mi tutor en Estados Unidos si, que en ese entonces era el Jefe del Departamento de Fisiología Molecular y Celular de la Escuela de Medicina de la Universidad de Yale. El otro era un asunto personal que ocurría por días en su familia, del que le podría ayudar alejarse un tiempo. Así que, unas semanas después de platicarlo, Paty estaba en el laboratorio de Steve para una estancia de seis meses (ver fotografía), que resolvió el problema técnico y nos permitió avanzar con el resto del estudio y publicar el artículo con el cual se graduó como Doctora en Ciencias. Pero además, en su estancia en Yale conoció y se enamoró de un muchacho Español, con el cual se casó y se fue a vivir a Zaragoza, España. A quince años de distancia está feliz, es madre de tres hijos y coordinadora del Grado de Nutrición Humana y Dietética de la Universidad de Zaragoza. Si no me hubiera ido a Boston ese 20 de mayo, es poco probable que ella viviera en donde vive ahora y tuviera a los hijos que tiene. Así como esta, hay muchas historias que contar y otras que apenas están por escribirse, que fueron o serán impactadas por ese 20 de mayo. Los alumnos que tengo ahora ni siquiera habían nacido entonces.

Me fui muerto de miedo, junto con una esposa preciosa y dos lindos niños prescolares. Así que, yo salía del Instituto más renombrado de México y me daba temor, como decimos, de no dar el ancho. Para mi beneplácito y el de mi alma mater en México, tres años después hablaba inglés con fluidez, la estancia había sido todo un éxito y la sensación de inferioridad había desaparecido para siempre.

congres

Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias

Director de Investigación, Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán y Unidad de Fisiología Molecular, Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM

Inicio