Lunes, 08 Junio 2020 08:45

Dr. Gerardo Gamba

La batalla de la cloroquina y el COVID

Dr. Gerardo Gamba

Comité de Ciencias Naturales Comité de Ciencias Naturales



Una de las características fundamentales que tiene la investigación científica es que las observaciones realizadas y publicadas quedan bajo el escrutinio de todos y son criticables, analizables y refutables. Como los investigadores sabemos que existen conflictos de interés, tanto empresariales y económicos, como personales, hemos generado formas de hacer el trabajo y los procesos mismos lo más transparentes posibles, para evitar conclusiones erróneas que traen consecuencias importantes. Esta es una de las grandes diferencias de la ciencia con algunas disciplinas en las que los protagonistas con tranquilidad y descaro dicen abiertamente mentiras y lo peor es que basan sus acciones en las mismas, o en las que los enunciados que las sostienen son incontrovertibles, irrefutables y no cuestionables, al grado tal de que en algún momento de la historia de la humanidad, el solo cuestionarlas significaba pena de muerte, y de formas muy grotescas.

Un ejemplo de lo que es el escrutinio al que está sujeta la investigación científica lo vivimos esta semana en lo que puede ser uno de los escándalos mas grandes que ha vivido la investigación clínica. Me refiero al uso de la cloroquina como medicamento para el tratamiento del COVID-19. La cloroquina e hidroxicloroquina son medicamentos útiles para el tratamiento del paludismo. Además, tienen efecto antinflamatorio y modulador del sistema inmune del que se desconoce con precisión el mecanismo, pero que ha mostrado ser útil en el tratamiento de enfermedades autoinmunes como el lupus eritematoso generalizado o la artritis reumatoide.

Desde hace tiempo se observó en estudios hecho en cultivos celulares que la cloroquina tiene ciertos efectos negativos sobre la replicación de los virus, por lo que se ha propuesto que puede tener un efecto anti viral. Sin embargo, una cosa son las células en cultivo en una caja de Petri y otra son los humanos con una enfermedad viral. Así que, en los diversos ensayos clínicos controlados en los que se ha probado la cloroquina para enfermedades virales como la gripa común, la influenza o el VIH/SIDA, los resultados han sido negativos.

Al principio de la pandemia de SARS-CoV-2 se publicaron algunos artículos en los que se administró cloroquina a pacientes con COVID, con resultados positivos y prometedores, que hicieron inclusive que dirigentes en algunos países consideraran la posibilidad de adquirir millones de dosis para su población. Sin embargo, la investigación clínica es rigurosa y tiene sus formas, así que conforme han aparecido publicaciones con diseños mas apropiados, el entusiasmo por la cloroquina para el tratamiento de COVID se ha ido reduciendo considerablemente. Lo que parecía ser la estocada final para la cloroquina fue un artículo que apareció en la prestigiosa revista Lancet el viernes 22 de mayo, en el que un grupo pequeño de tres investigadores, junto con un cuarto personaje, Director de una compañía llamada Surgisphere Corporation en Chicago, mostró los datos de análisis de 96,032 pacientes con COVID 19, hospitalizados entre diciembre 20 de 2019 y abril 14 de 2020, en 671 hospitales localizados en los seis continentes. De estos, 14,888 pacientes recibieron cloroquina o hidroxicloroquina y 81,144 no recibieron ninguna y por lo tanto fueron considerados como grupo control. El estudio es de análisis observacional. No fue un ensayo clínico controlado, pero el número tan elevado de enfermos ayuda a sopesar algunas restricciones metodológicas. El estudio mostró que la mortalidad en el grupo control fue de 9.3 %, mientras que en los grupos de hidroxicloroquina sola fue de 18 %, en el de hidroxicloroquina mas un macrólido de 23.8 %, cloroquina sola de 16.4 % y cloroquina con el macrólido fue de 22.2 %. La mayor mortalidad fue asociada a la aparición de arritmias cardiacas en quienes tomaron algún tipo de cloroquina. Entonces, el estudio no solo mostró que la cloroquina no tiene efecto benéfico en COVID, sino que inclusive se asoció a mayor mortalidad.

La publicación del artículo cayó como bomba en la comunidad científica y médica, al grado tal que, a las pocas horas la Organización Mundial de la Salud ordenó detener todos los ensayos clínicos controlados que se están llevando a cabo con estos medicamentos y que suman mas de 250 diferentes estudios. Sin embargo, la comunidad reaccionó como debe ser, la empresa de Chicago fue rápidamente investigada, para encontrarse que está compuesta por once empleados, lo que hace difícil entender como manejan bases de datos tan grandes y complejas. Varias agencias solicitaron a la empresa las bases de datos para hacer los propios análisis. Australia desmintió los datos que aparecían en el estudio sobre los enfermos en ese continente e inclusive, los autores originales del artículo de Lancet contrataron a la empresa Medical Technology Practice Patterns Institute para realizar un análisis independiente de los datos. Sin embargo, Surgisphere se negó a otorgar las bases de datos a quienes la solicitaron, argumentando que violarían secretos de confidencialidad, con lo que, sin embrago, violan el principio de transparencia en la investigación. Por tal motivo, a principios de la semana la revista Lancet y también el New England Journal of Medicine (que había publicado otro artículo sobre COVID generado con datos de Surgisphere) publicaron notas de preocupación sobre estos artículos y días después, los autores de los mismos publicaron notas en ambas revistas para retractar los resultados, toda vez que no pueden ser confirmados por análisis independientes. La OMS retiró el bloqueo a los estudios con cloroquina.

¿De donde habrá salido todo esto? Un compañía casi fantasma que obtiene de forma oscura bases de datos gigantescas, ¿las analiza y se niega a compartirlas?, Donald Trump confesó estar tomando cloroquina para prevenir el COVID. ¿Será que hay un interés político para desacreditarlo, en vista de las próximas elecciones? Estoy seguro que en unos años veremos una película de Hollywood en la que nos cuenten la historia atrás de esto, como sucedió con “The insider (Al Pacino y Russell Crowe)” en la que nos revelaron los secretos y conflictos de interés de las compañías tabacaleras.



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