Miércoles, 27 Noviembre 2019 09:16


México tiene el mérito de haber desarrollado una comunidad de investigadores excelentes, pues publican en las mejores revistas del mundo. Para compararse, nuestros tenistas deberían jugar en Wimbledon y nuestros industriales competir en el mercado automotor con Mercedes-Benz y Lamborghini. Sin embargo México tampoco tiene una Cultura Compatible Con la Ciencia (CCCC). ¿Qué es eso? si digo que tenemos excelente odontología, nadie va a pensar que somos todos dentistas. Habrá uno por cada cien habitantes. El resto tiene una cultura compatible con la Odontología, pues cuando sufrimos caries, gingivitis o se nos parte una muela recurrimos a ese 1 %. La gravedad de no tener una CCCC, se refleja en que a pesar de la multitud y magnitud de nuestros problemas, no recurrimos a la ciencia: que es el instrumento humano más específico y eficaz para resolver problemas.

Para empezar, así como hasta nuestras universidades confunden información con conocimiento, también toman investigación y ciencia como sinónimos exactos.

Otro error lo cometen los filósofos para quienes sólo los seres humanos podemos interpretar la realidad conscientemente. Se trata de un error garrafal. En mi libro Evolución de las Maneras de Interpretar la Realidad, señalo que TODO organismo, desde un piojo hasta una ballena permanecen vivos, en tanto sean capaces de interpretar la realidad que habitan. Una humilde Escherichia coli perdida en el intestino, vive mientras sea capaz de interpretar que ese ión en el medio, es K+ y debe captarlo, en cambio ese otro en su citoplasma es Na+ y debe expulsarlo. Si las células de la mucosa intestinal de una lagartija no fueran capaces de interpretar que ese elemento en sus jugos intestinales es hierro, hay que captarlo y enviárselo a la médula ósea, moriría asfixiada en segundos, porque no tendrá cómo sintetizar hemoglobina y producir glóbulos rojos.

Bacterias y lagartijas hacen esos trabajos inconscientemente. En cambio hace apenas 50,000 años, “nada” en escalas temporales de millones de años, a los Homo sapiens, nos ha brotado una consciencia, y la pusimos a interpretar la realidad. O sea, mientras una bacteria, una lagartija interpretan la realidad inconscientemente, nosotros, interpretamos de dos maneras: una inconsciente, idéntica a la manera de bichos y vegetales, y otra consciente.

En el Universo no hay cosas, sino procesos forzados a evolucionar. La manera inconsciente empezó al mismo tiempo que la vida hace millones de años, alcanzó la perfección, y ya no se modifica. Pero la consciente ha atravesado etapas religiosas. Comenzó con ANIMISMOS cuando el Homo sapiens primitivo daba por sentado que un árbol y un caballo hacen lo que hacen porque tienen ánima.

Lo explicaré con una anécdota: Soy un bicho de pradera, por eso el día que vi en el horizonte al Popocatépetl en actividad quedé maravillado. Me lancé a verlo. Había alerta naranja (desaconsejaban pero no prohibían aproximarse al volcán) llegué a Amecameca. Descendí y se me arrugó la bravura: nunca había sentido tronar y trepidar bajo mis pies, ni había visto un chorro de humo y fuego de un kilómetro de diámetro. Pero los lugareños intentaron calmarme: “No tema, nos llevamos bien con Don Goyo”: Don Goyo es el ánima del Popo.

El próximo paso fueron los POLITEÍSMOS. Para los griegos, olmecas, mayas y aztecas, la realidad estaba parcelada en dominios a cargo de una deidad: Poseidón, dios del mar; Urano, del cielo; Marte, de la Guerra; Hefesto, del fuego y la forja; Selene, de la Luna. Los mexicanos tenían a Tláloc a cargo de las lluvias;Tonatiuh, del Sol; Xiuhtecuhtli, del fuego.

El siguiente paso fue hacia los MONOTEÍSMOS, que fue una enorme aventura intelectual. Porque en un politeísmo cada dios hace lo que quiere: un dios proteje a los animales y otro los mata… allá ellos.

Empero, el paso al único dios de un monoteísmo, requirió inventar ni más ni menos que su coherencia. Hubo muchísimos politeísmos, mas pocas civilizaciones capaces de concebir un monoteísmo.

Y el paso más bravo fue la evolución hacia la ciencia: manera consciente de interpretar la realidad sin recurrir a milagros, revelaciones ni dogmas, ni al Principio de Autoridad, por el cual algo es verdad o no dependiendo de quién lo diga: la Biblia, el rey, quien mande. Por eso sólo el Primer Mundo tiene ciencia.

Yo estoy empeñado en que emprendamos una cruzada Hacia Una Cultura Compatible Con La Ciencia. No obstante, encerrado en mi laboratorio del Cinvestav (Centro de Investigación y de Estudios Avanzados), ni siquiera logro que mi Cinvestav avance como indica su nombre, y pase a formar científicos. Y peor, la que rige el proceso cognitivo nacional, es una institucionalidad, que no tiene siquiera feedback de los científicos.



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