Miércoles, 20 Noviembre 2019 12:21

Raul Rojas

La computadora: ¿ordenador o cerebro electrónico?

Raúl Rojas González*

Miembro del Comité de Tecnología y Diseño Comité de Tecnologia y Diseño



Los lenguajes son creaciones sociales vivas: se expanden y contraen. A veces inhalan vocablos de otras culturas, otras veces los exhalan y los pierden. Este proceso evolutivo es particularmente claro en el caso de nuevas tecnologías, como la historia de la palabra computadora hace evidente.

Antes de que hubiera calculadoras digitales modernas ya se hablaba en el idioma inglés de “computadoras”. Pero la palabra se utilizaba para referirse a personas de carne y hueso, quienes estaban encargadas de ejecutar las operaciones aritméticas necesarias para un cálculo complejo utilizando papel y lápiz, o bien ayudadas por simples calculadoras mecánicas. La manufactura de tablas de funciones, por ejemplo, se fragmentaba en una serie de operaciones sencillas y repetitivas que se distribuían entre muchos ayudantes organizados como en una línea de montaje. Los resultados parciales de una de estas “computadoras” se le pasaba a la siguiente persona en la línea, de ésta a la siguiente, y así sucesivamente hasta llegar al resultado final. Un cálculo importante se le podía asignar a dos de estas líneas de montaje numérico para poder checar si ambas llegaban al mismo resultado. Por eso, cuando aparecieron las primeras computadoras en Estados Unidos, instintivamente se les llamó así: computer, ya que reemplazaban el trabajo manual de aquellos trabajadores y trabajadoras de antaño. La computadora nació creando desempleados y hasta del nombre del oficio se apropió.

A partir de la difusión de las computadoras norteamericanas, en muchos países se adaptó el vocablo inglés a la lengua local. Es el caso de México en donde hablamos de una “computadora” mientras que en España se habla de “ordenadores”. Y es que los españoles importaron aquella palabra del francés, idioma en el cual la computadora se llama ordinateur. La denominación fue inventada por IBM-Francia, que en 1955 quería ofrecer la nueva tecnología en el mercado local. Como IBM no sabía qué vocablo francés debería utilizar, le preguntaron a un profesor de la Sorbona, el filólogo Jacques Perret, quien después de pensarlo un poco, propuso utilizar la palabra ordinateur, ya que la Biblia se refiere a Dios como el “ordenador” del mundo. No cabe duda de que Perret estaba altamente impresionado por todo lo que una computadora puede hacer. Sin embargo, la mayor parte de los países se decantó por la palabra computadora y no por ordenador. Hasta en esperanto se dice komputilo y en ruso, kompiuter. Fuera de los catalanes, gallegos y vascos (ordinador, “ordenador” y ordenagailua) pocos idiomas siguieron el ejemplo del francés y del castellano ibérico.

El alemán y el italiano son más precisos para referirse a las máquinas digitales. En alemán se dice rechenmaschine que equivale literalmente al calcolatore italiano. La palabra se refiere a las pequeñas piedras (calcoli) utilizados por los maestros contadores europeos que las usaban para armar y desarmar representaciones de números decimales en una especie de ábaco esculpido o dibujado en una mesa.

Otros países han acuñado nuevas palabras y metáforas para referirse a las computadoras. Es el caso de Islandia y Finlandia. En islandés la computadora se llama tölva, que se puede traducir como “oráculo de números”, de tala (número) y völva (oráculo, adivinadora). Mucho mas allá van los finlandeses que llaman tietokone a la computadora. La palabra significa “máquina de conocimiento”, lo que quizás sería verdad si no existieran Facebook, WhatsApp y otras “benditas” redes sociales.

Los suecos hicieron de la creación de una palabra sueca para los ordenadores (para darle gusto en este párrafo a los españoles) todo un proyecto académico. La mandaron a ser “manufacturada” en una universidad. En 1986 el profesor Björne Langefors propuso utilizar el vocablo artificial dator, ya que claramente se refiere a datos, y además se parece a palabras ya existentes como “tractor” y “doctor”.

Nos falta el Oriente. En China, específicamente en el chino mandarín, a la computadora se le llama “cerebro electrónico” y antes en persa se le llamaba rayaneh, que significa algo así como “pensador”. Pero dicen mis amigos iraníes que eso ya pasó, que las nuevas generaciones utilizan más bien la palabra inglesa.

Y no quiero meterme a considerar el problema del hardware y software, porque ahí también se ha tratado de crear nuevas palabras. Los alemanes al principio hablaban de programmatur para referirse a los programas y los franceses, fieles a su tradición de siempre llevarle la contraria al inglés, dicen logiciel para referirse al software y matériel para referirse al hardware. A esos vocablos ni los españoles les hicieron caso (de otra manera hablarían del “lógico” y del “material”).

Así que llegar a un vocablo específico para referirse a las computadoras se dio de varias maneras:
1.Importando la palabra del inglés.
2.Preguntándole a los filólogos locales.
3.Por reemplazo semántico (calcolatore).
4.Exagerando (cerebro electrónico, máquina de conocimiento).
5.Echándole poesía al asunto (adivinadora de números)

La computadora llegó para quedarse y ahora habría que ocuparse de encontrarle patria lingüística al cell phone, que en México es el celular, en España el móvil y en Alemania, aunque no lo crean, el handy.



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