Martes, 24 Mayo 2016 17:36

El legado de uno de los primeros médicos-científicos del país

Dr. Gerardo Gamba Ayala

Mayo 25, 2016





Hace apenas unos meses se fue y no acabamos de digerir su ausencia. Era uno de los miembros más emblemáticos del Instituto, en particular, y del mundo académico en México, en general. Hombre querido y respetado. Inteligente, perspicaz, agudo.

Cuando levantaba la mano para hacer un comentario en una sesión científica se hacía el silencio, porque nadie quería perderse lo que iba a decir. Con seguridad sería deliciosamente cómico. Con unas cuantas palabras daría en forma elocuente y respetuosa el dictamen que aprobaría o amonestaría al trabajo presentado. Como el César mostrando el pulgar hacia arriba o hacia abajo. Sea cual fuera el veredicto, el autor del trabajo le terminaría agradeciendo, porque generalmente tenía la razón. Médico, hematólogo, genetista, investigador, maestro, pensador, amigo de todos y por encima de eso, una sencillez y bonhomía que se notaban desde lejos.

Conocí a Rubén Lisker cuando realicé el Servicio Social en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán hace 32 años. Mi primer contacto formal y directo con él fue al pasar como aspirante por el proceso de selección para ingresar a la Residencia de Medicina Interna del Instituto. Él era entonces Director de Enseñanza y por lo tanto, si lograbas obtener un examen sobresaliente, en la siguiente fase del proceso, debías entrevistarte con él. Salías de su oficina sin que te quedara claro, con las preguntas que te había hecho en la entrevista, cuál era exactamente la parte del cerebro que te estaba rascando. Aun conservo con mucho cariño la carta de aceptación a la residencia. No sé si es porque me recuerda la emoción que sentí cuando la recibí o porque está firmada por él. Lo admiré desde el principio hasta el final.

Nos identificamos uno a otro por nuestro interés primario en la investigación clínica, que nos daba esa complicidad que desarrollas con un amigo cuando compartes el mismo gusto por algo en particular. Como dos personas que se hacen grandes amigos porque les gusta el jazz y de eso hablan todo el día. Quién me iba a decir entonces que, además de eso, la vida me daría la oportunidad de ser el sucesor en dos de sus tareas más emblemáticas. Como Editor en Jefe de la Revista de Investigación Clínica y como Director de Investigación del Instituto, con lo que se sumaron dos razones más por las que él y yo nos entendíamos. Esto me dio el pretexto ideal para que tuviéramos frecuentes reuniones que disfrutaba enormemente y en las que recibía enseñanzas y consejos de un hombre sabio. Siempre con la mente clara, disecaba el problema en segundos y proponía la solución certera con una claridad que era imposible no hacerle caso. Tenía el don de ver el futuro. Lo que él decía que iba a pasar, sucedería irremediablemente.

A Rubén Lisker le tocó ser de los forjadores de la investigación científica en medicina como una disciplina de la cual se pudiera vivir decorosamente. Como lo expone con elocuencia en su libro The Youngest Science el eminente escritor médico Lewis Thomas, la medicina fue la última de las disciplinas desde la antigüedad que se convirtió en ciencia (hacia finales del siglo XIX en Europa y mediados del XX en México). La medicina como una disciplina basada en la investigación científica tomó por sorpresa al gremio médico en México durante la primera mitad del siglo XX. En el año de 1910, mientras en México iniciaba la sangrienta Revolución que frenó la inercia del país en avance científico, en Estados Unidos se publicaba el famoso Reporte Flexner, que mostraba las propuestas del conocido círculo de Hopkins. Este connotado círculo fue integrado por William Welch, graduado de Yale y rector-fundador de la Escuela de Medicina de la Universidad de John Hopkins, William Osler, gran clínico y primer jefe de medicina en Hopkins, Frederick Gates, ministro bautista que jugó un papel fundamental para convencer a John D. Rockefeller de desviar su interés filantrópico a Hopkins y Abraham Flexner, experto en educación y responsable de la famosa publicación. El reporte Flexner transformó la enseñanza de la medicina en ese país, basándola en la investigación científica y generó la figura en el hospital del médico-científico de tiempo completo (Physician Scientist). La implementación de las sugerencias del reporte Flexner convirtió a los Estados Unidos en el líder de la educación y la investigación médica que es ahora.

La figura de médico-científico en México tardó muchos años en llegar y cuando lo hizo no existía la manera de hacerlo. Esto se logró gracias a una serie de médicos que, convencidos de la importancia de la investigación científica en la medicina, decidieron arriesgarse y resistieron la tentación de abrir un consultorio privado, que les generaría en forma más o menos rápida ingresos suficientes, pero que los distraía de una actividad que requiere de muchas horas de lectura y reflexión para hacerla con éxito. Sin duda uno de los miembros de este grupo de valientes fue Rubén Lisker. En el Instituto fue el ejemplo a seguir. Rubén fue de los primeros médicos del Instituto que dedicó tiempo completo a la Institución. Fue de los primeros médicos-científicos del país y fue el primero al que yo conocí. Fue por lo tanto un ejemplo inspirador para muchos de los que quisimos dedicarnos a la investigación clínica. Nos mostró con su propia existencia que eso era posible. Sus ideas y sugerencias fueron fundamentales para la generación y construcción del Sistema Nacional de Investigadores o del sistema de la propia Secretaría de Salud, que ahora tiene clara la carrera de Investigador en Ciencias Médicas, gracias a la cual, los médicos que desean dedicar sus esfuerzos a la investigación clínica, sin dejar de funcionar como clínicos de su especialidad, lo pueden hacer como médicos-científicos en una Institución de salud que les brinda la oportunidad de hacer ambas cosas con excelencia. La filosofía de Rubén fue fundamental para construir esto y nos enseñó con su ejemplo cómo hacerlo. Gracias Dr. Lisker por la ayuda e inspiración que fuiste para las generaciones que te sucedieron.


El autor es Director de Investigación, Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición “Salvador Zubirán” y de la Unidad de Fisiología Molecular, Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM.

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