Miércoles, 01 Agosto 2018 11:58

Gerardo Gamba

Nuestra experiencia con una revista de abolengo

Dr. Gerardo Gamba

Comité de Ciencias Naturales Comité de Ciencias Naturales



Hace casi treinta años cuando iniciamos el posgrado en investigación había varias revistas científicas que veíamos con mucha admiración y las percibíamos como imposibles. Una de ellas era el American Journal of Physiology, al que nos referimos por su abreviatura como el “AJP”. En ese entonces solo llegaba un ejemplar a la biblioteca J. J. Izquierdo de la Facultad de Medicina y otro al Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chávez. Era la época en que rara vez podías tener la revista en las manos. Tenías que llenar una ficha bibliográfica y luego, respetuosamente y con miedo, solicitar al encargado de hacer las copias en la biblioteca, los artículos que te habían interesado, mismas que te las entregaban al día siguiente. No era infrecuente, además, que al regresar por la anhelada copia la respuesta fuera que no la habían hecho porque ese volumen no fue encontrado o estaba prestado fuera de la biblioteca. Cuando por alguna razón tenías la fortuna de que un volumen o el número mas reciente de la revista llegara a tus manos, la repasabas completa, hoja por hoja, admirando los artículos publicados y los nombres de las personas e instituciones que aparecían en ella.

El AJP es una revista voluminosa porque está compuesta por varias secciones que por si solas constituyen revistas individuales. Existe entonces al AJP para fisiología celular, endócrina, gastrointestinal y hepática, cardiovascular, pulmonar, integrativa y comparativa y la renal. Es la revista de mayor abolengo en fisiología, cuyo primer número data del año de 1898. En esta revista fueron publicados, por los mas grandes fisiólogos del siglo XX, numerosos artículos originales que constituyeron el fundamento de los conceptos que aprendimos, ya digeridos y con explicaciones didácticas, en los libros de fisiología durante el primer año de la carrera de medicina. Por mencionar un ejemplo puntual, el gran Arthur C. Guyton publicó en AJP cuantiosos artículos que, en conjunto con otros tantos en diversas revistas, dieron origen a la teoría Guytoniana de la regulación de la presión arterial. Para nosotros entonces el AJP era una revista en la que alguno de nuestros maestros había publicado, pero cuando fueron estudiantes en alguna universidad en los Estados Unidos. Desde México, jamás. La excepción era Marcelino Cerejido del CINVESTAV que entonces tenía como cinco publicados, uno de ellos junto con Adolfo Martínez Palomo. La veíamos inalcanzable.

En 1998 mi buena amiga Norma Bobadilla terminaba su tesis doctoral, bajo la tutoría de Jaime Herrera, prestigiado nefrólogo que dirigía el Departamento de Nefrología del Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chávez. Norma realizó la parte molecular de su tesis bajo mi tutoría, por lo que estuvo en mi laboratorio por espacio de casi dos años. El trabajo era sobre el papel del óxido nítrico en la toxicidad crónica por ciclosporina, un medicamento inmunosupresor que se utiliza para prevenir el rechazo de órganos trasplantados, pero que a su vez, produce daño renal. Su tesis incluía estudios en ratas de fisiología de riñón completo y de micropunción de nefronas individuales, con análisis histológicos renales y estudios de la expresión en el riñón de los tres genes que codifican para las sintasas de óxido nítrico. Al terminarlo, vimos el trabajo tan completo que nos animamos a proponerle al Dr. Herrera que lo enviáramos a revisión al AJP. Nos dijo que no, pero fuimos insistentes. Nos llevó varias semanas convencerlo y por fin un día, nos autorizó hacerlo. Fue nuestra primera publicación en el AJP. El temor al rechazo se desvaneció. Era tan grande la hazaña que Jaime nos invitó a comer a un elegante restaurant el día que llegó la carta de aceptación.

Nuestro primer artículo en AJP fue en 1998. Desde entonces hemos publicado cada año en esta revista entre uno y cuatro artículos. A veinte años de distancia escribo estas líneas con gusto por la aceptación reciente del artículo número 53 de mi unidad en el AJP. Han sido bien recibidos por la comunidad internacional ya que en conjunto nos han producido por arriba de 2 mil citas. Así mismo, hemos sido exitosos en encontrar lugar para nuestras publicaciones en revistas que tienen mayor factor de impacto que el AJP, como es el caso del Proceeding of the National Academy of Sciences; del Journal of Biological Chemistry, del Kidney International o del Journal of the American Society of Nephrology. Sin embargo, sigue siendo emocionante someter un manuscrito a revisión al AJP y continúa llenándonos de orgullo cada vez que uno nuevo es aceptado, porque además, con frecuencia el artículo aceptado en un momento dado es el primero en la vida de uno de nuestros estudiantes. De los 53 manuscritos publicados, somos los responsables en 48 y se distribuyen en 40 artículos originales, que reportan resultados de proyectos realizados en el laboratorio, ocho artículos de revisión, cuatro editoriales y una carta al Editor.

Con el primer artículo que publicamos hace 20 años lo que logramos fue romper la barrera que nos impedía enviar al AJP los manuscritos que consideráramos que tienen el nivel como para publicarse ahí. La barrera era el miedo a la frustración que produce el rechazo. Era mas el miedo de nuestros maestros, que el nuestro, porque no se sentían cómodos con el rechazo. Nosotros éramos jóvenes, condición que se asocia con ser mas valiente para explorar nuevas o difíciles posibilidades y nuestra insistencia logró romper la negativa que habíamos encontrado con anterioridad. En investigación científica se necesita tener una gran tolerancia a la frustración para ser exitoso. Hay que impulsar a nuestros jóvenes para buscar espacio a nuestras publicaciones en las mejores revistas posibles, sin temor al rechazo. Así mismo, hay que escuchar a los jóvenes cuando se sienten entusiastas sobre una posibilidad que a nosotros nos resulta incómoda, porque podría romper nuestro status quo.



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