Lunes, 02 Mayo 2016 22:00

¿Cómo va el zika?

Dr. Adolfo Martínez Palomo

Mayo 4, 2016





Hace ya tres meses que la Organización Mundial de la Salud declaró a la infección por el virus zika como una emergencia internacional. Si bien la epidemia se ha diseminado a 35 países de América, el problema mayor sigue concentrado fundamentalmente en Brasil, en donde se ha informado en los primeros cuatro meses del año de casi 100 mil infecciones sospechosas de zika.

La magnitud real de la infección en ese país no se conoce, ya que las autoridades sanitarias no mencionan el número de casos confirmados, los cuales seguramente serán menos.

En vista de que la importancia médica de la epidemia radica en la relación causal entre la infección con zika de madres durante el embarazo y la aparición de recién nacidos con trastornos cerebrales, sobre todo microcefalia, es importante conocer las cifras reales de los trastornos fetales producidos por el virus. En un inicio, Brasil informó de la aparición de 7 mil 228 casos probables de microcefalia, de los cuales se han confirmado mil 200. En otros países la situación de la epidemia de zika hasta el 1 de mayo es diferente: en Colombia, por ejemplo, en los primeros cuatro meses de este año se han presentado solamente cuatro nacimientos de niños con microcefalia de un total de 3 mil 500 infecciones confirmadas por el virus en cuestión. En México, durante ese primer cuatrimestre de 2016, de un total de 252 casos confirmados de infección, 67 de ellos en mujeres, no ha ocurrido ningún caso de microcefalia. En Estados Unidos tampoco ha habido informes de malformaciones fetales de 426 personas contagiadas fuera del país, ni en las 570 infecciones adquiridas localmente en Puerto Rico.

Sin duda, para Brasil el zika es una emergencia grave de salud, complicada por la dificultad de realizar un diagnóstico de seguridad de la infección, que requiere pruebas de biología molecular e inmunología. Clínicamente no es posible diferenciar la infección por zika del dengue o del chikungunya. ¡En lo que va del año, en Brasil han ocurrido unos 800 mil probables casos de dengue y 40 mil de chikungunya!

Las mujeres más susceptibles de infectarse son las que viven en las zonas más pobres. En áreas de mayor frecuencia de infección las mujeres no pueden cumplir con las recomendaciones para prevenir las picaduras de mosquitos ni tienen acceso a medidas de salud reproductiva ni a abortos seguros médica y legalmente. La mayor interrogante, saber qué porcentaje de mujeres embarazadas tendrán niños con alteraciones cerebrales irreversibles, sigue sin contestación. Un estudio reciente, realizado en Río de Janeiro, de 42 madres embarazadas infectadas con el virus del zika reveló en 12 de ellas anormalidades en el feto; es decir en 29 por ciento de esas mujeres se encontraron problemas graves, desde muerte fetal, alteraciones estructurales del sistema nervioso o crecimiento insuficiente del feto, hasta modificaciones de la placenta.

Con menor frecuencia (uno en cada 4 mil a 8 mil infecciones) el zika se asocia a parálisis reversible (síndrome de Guillain-Barré), que llega a requerir hospitalización y asistencia respiratoria.

En Brasil han surgido inquietudes por la posibilidad de que la microcefalia en recién nacidos no sea resultado sólo de la infección con el zika. Una hipótesis era que uno de los insecticidas utilizados para el control del mosquito Aedes, el piriproxifeno, podría afectar el embarazo o el desarrollo del feto. Sin embargo, tanto la Organización Mundial de la Salud, como la Agencia de Protección Ambiental de EU, concluyeron que no existe relación entre el insecticida y los daños mencionados. Una preocupación más en ese país ha sido la posible relación entre los casos de microcefalia y la liberación de mosquitos modificados genéticamente, o bien con la producción de mosquitos esterilizados con dosis bajas de radiación; en este caso los resultados de las investigaciones también han sido negativos. Lo mismo ocurre con la supuesta relación entre la infección de mosquitos con bacterias del género Wolbachia, empleadas en varios países para controlar el dengue. Finalmente, se ha considerado en Brasil que ciertas vacunas pudieran ser la causa del aumento de casos de microcefalia en fetos; el Comité Asesor Global de Seguridad de las Vacunas de la OMS concluyó que no hay base alguna para suponer que la aplicación de algunas vacunas tenga relación con la aparición de malformaciones cerebrales.

En esta fase de la epidemia, al considerar las posibles complicaciones futuras de la continua expansión del zika, es útil aprender de la experiencia pasada de los efectos de la infección de madres embarazadas con otro virus, el de la rubéola. Se sabe que el contagio con rubéola durante las diez primeras semanas de embarazo puede producir efectos adversos en el desarrollo del feto hasta en 90 por ciento de los niños; el riesgo disminuye considerablemente después de la semana 18 de gestación.

Antes que la vacunación contra la rubéola se iniciara, en 1969, la infección era común en Estados Unidos. Durante la última epidemia, de 1964 a 1965, se infectaron 12.5 millones de personas: 11 mil mujeres embarazadas perdieron a sus productos; 2 mil 100 niños murieron y 20 mil nacieron con síndrome de rubéola congénito. Las anomalías congénitas asociadas incluyeron sordera, cataratas y otras anomalías oculares, alteraciones cardiacas, efectos neurológicos y microcefalia.

La aplicación de la vacuna hizo disminuir dramáticamente el número de pacientes afectados; en la actualidad se informan menos de diez casos al año de rubéola en Estados Unidos.

Es de esperar que los casi dos mil millones de dólares que el presidente Obama ha solicitado para estimular la investigación sobre el zika servirán como estímulo para desarrollar, en uno o dos años, una vacuna contra el zika.

Esa vacuna será la solución para contender con el zika, como la vacuna lo ha sido para contener la rubéola. Mientras tanto, las autoridades de todos los países afectados, incluido México, siguen a la espera de conocer cuándo, cómo y con qué frecuencia el zika produce alteraciones irreversibles en los fetos de las mujeres gestantes. Será entonces cuando contemos con medidas basadas en el conocimiento y no en el pánico generado por ciertas autoridades norteamericanas, al definir hace pocos días a la epidemia del zika como “aterradora”.


El autor es miembro del Consejo Consultivo de Ciencias

 

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