Lunes, 25 Abril 2016 09:00

Los hongos en la cruzada contra el hambre y el cambio climático

Dr. Alfonso Larqué Saavedra

Abril 27, 2016





Uno de los cinco reinos en los que se han agrupado los seres vivos es el del reino Mycota, mejor conocido como los hongos. Se sabe que los servicios ambientales que presta este reino son por demás vastos y altamente útiles y significativos para los humanos.

En el campo de la medicina hay múltiples ejemplos, tanto de su efecto patológico como de sus bondades. Baste recordar, por ejemplo, la historia del descubrimiento de la penicilina a partir de un hongo, a principios del siglo XX, por Fleming, en Inglaterra.

Uno de los campos que se debe resaltar, por la demanda de alternativas que presenta la ciencia para enfrentar el cambio climático, es que los organismos de este grupo, a los cuales no se les ha prestado suficiente atención, son aparentemente menos vulnerables a los cambios de temperatura, concentraciones de bióxido de carbono o de presión atmosférica. Lo que es cierto es que aparecen en todos los escenarios ecológicos, siempre progresando de manera inmediata, cuando se presentan catástrofes en el reino de las plantas o en el de los animales. Debemos señalar que fueron estos organismos los que poblaron la tierra antes que las plantas. De hecho ahora sabemos que los hongos forman una asociación simbiótica con las raíces de las plantas, que se conocen como micorrizas y que son importantes para la incorporación de minerales como el fósforo a las plantas superiores. La plasticidad de los hongos para prosperar en diferentes hábitats es una característica de estos organismos. Hay hongos en ambientes extremos de temperatura, de aridez, de salinidad, etc.

Es indudable que existen innumerables genes que habría que aislar y expresar en otros reinos para entonces sí capitalizar la oferta de ofrecer alternativas para mitigar el cambio climático. No se trata por supuesto de ciencia ficción, pero es por todos aceptado que han sido compañeros de la humanidad.

Otro campo que debe de favorecerse y apoyarse a la brevedad es el de los hongos comestibles, que iniciará como paquete tecnológico el Campus Puebla del Colegio de Postgraduados a finales de la década de los ochenta. Es interesante tratar de reseñar brevemente el impacto que tuvo esa innovación. “Producir setas sobre los esquilmos agrícolas es factible. Siémbrelos hoy y 20 días después coséchelos”. Esta frase, que señalaba este periodo tan corto de producción de hongos para la alimentación, fue por demás bienvenida por los grupos de productores de maíz, que habían perdido las cosechas por heladas tempranas, sequías, huracanes, etc. Esta alternativa tecnológica, que se puede implementar si se tiene el capital humano, se empezó a comentar ya no como una quimera, sino como una realidad.

Una vez que se hizo pública la tecnología, acompañada por información valiosa de la calidad de los hongos como alimento, se sumaron a esta propuesta otros centros de investigación y universidades, y pronto se crearon numerosas micro-empresas, que sin gran apoyo gubernamental han prosperado y logrado consolidarse. Esta innovación ha sido considerada como un ejemplo de esfuerzo sostenido, ya que después de 25 años de haberse impulsado, ha colocado a nuestro país a la vanguardia en la producción de hongos comestibles en Latinoamérica, por encima de Brasil, Argentina o Chile. El reporte de este importante rubro alimenticio señala, por los datos públicos de 2011, que da empleo a más de veinticinco mil trabajadores y existe una derrama económica por su exportación de varios millones de pesos. Esto es, pasó México de ser importador nato a exportador.

Se debe enfatizar, en beneficio de la originalidad de este ejemplo, que los integrantes de varias de las diferentes etnias de nuestro país son extraordinarios recolectores de hongos comestibles, que regularmente levantan del suelo durante el periodo de lluvias. Tienen además un amplio conocimiento para discriminar cuáles hongos son venenosos y cuáles no lo son; forman parte de su dieta y los consumen regularmente en quesadillas o en sopas. Sin embargo las culturas mesoamericanas no aprendieron el cultivo de estos organismos. Es ahí donde se destaca el papel de la ciencia, que hace 25 años se impulsó el impartir cursos de capacitación para el sector rural sobre esta tecnología y además estableció un banco de germoplasma de los hongos comestibles de México.

Es importante agregar que la biodiversidad de hongos comestibles en nuestro país es amplia y no es desconocida para otros países. Se tiene información de que el hongo shiitake, que crece en los bosques de algunos estados de la República como Hidalgo, se colecta y se empaca para exportase a Japón.

No es cosa menor además señalar la importancia de los organismos de este grupo en los procesos de fermentación, ya que son las levaduras las que hacen el trabajo que el hombre ha capitalizado en productos como el tequila, el mezcal, el pulque o en el proceso de fermentación del chocolate o de la vainilla. Esta biotecnología se ha señalado como una de las más importantes que se practicaba desde la época prehispánica. En tiempos recientes, las levaduras forman parte de los preparados específicos para restaurar la flora intestinal. Las famosas trufas que forman parte de la comida gourmet, son hongos ascomicetos, que tardan de 12 a 15 años en poderse cosechar una vez que se siembran en los bosques europeos.

A pesar del impresionante desarrollo de este reino en la producción de alimentos en nuestro país, no aparece mencionado dentro del Atlas Agroalimentario 2015 de la Sagarpa. Considero, por la importancia social y ahora por su potencial económico, que se le debe abrir un espacio en este importantísimo libro, que es un resumen muy bien logrado del avance en esta materia en nuestro país.

Se deben apoyar estudios que favorezcan información básica sobre este grupo de organismos. Aspectos como la biorremediación o tolerancia a factores climáticos son urgentes de describir. Su importancia dentro de la biología es inmensa así como en la sanidad animal y vegetal. Se dice que en el planeta hay alrededor de un millón quinientas mil especies de hongos y que sólo conocemos alrededor de setenta y dos mil.


El autor es Coordinador de Agrociencias,  Academia Mexicana de Ciencias; Investigador del Centro de Investigación Científica de Yucatán; Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias.

 

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