Miércoles, 21 Febrero 2018 17:10

Gerardo Gamba

De unas vacaciones a un objetivo en la vida

Dr. Gerardo Gamba

Comité de Ciencias Naturales Comité de Ciencias Naturales



Cuando teníamos 16 años y estábamos por terminar el segundo año de preparatoria, Marco, un amigo de entonces, planeó un viaje a un pequeño pueblo de Massachusetts llamado Randolph, a 22 kilómetros al sur de la ciudad de Boston. El papá de Marco había sido atendido en un hospital de Boston por algún padecimiento que no recuerdo, conoció a una familia que vivía en ese pueblo y había enviado a Marco durante un verano con ellos el año anterior.

La propuesta fue irnos en su Bocho 1972, que entonces tenía 87,000 kilómetros recorridos, para pasar en Randolph el verano. Pensé que era uno más de los planes locos y a veces irracionales que hacía Marco y que jamás podría obtener el permiso para ir. Para no irse solo, Marco convenció a dos amigos suyos que yo no conocía para que lo acompañaran. Un día antes de partir, vino a la casa para despedirse y le contó a mi mamá sobre el viaje que iniciaría al día siguiente. Para mi sorpresa, mi madre volteo a verme y me preguntó: ¿Y tú por que no vas con ellos? Al día siguiente a las 5 de la mañana conocí a Carlos y a Luis Jaime cuando pasamos a recogerlos, los cuatro éramos menores de edad, de hecho, solo Marco y yo sabíamos manejar. Es paradójico que, en ese entonces, sin las comunicaciones, ni las facilidades electrónicas de ahora, fuimos libres de hacer tal aventura a tan temprana edad, cosa que hoy es impensable para la mayoría de los adolescentes. Nos tomó seis días llegar a Randolph, un 9 de junio de 1977.

Estuvimos en Randolph cuatro semanas repartidos entre dos casas de familias que nos dieron asilo. A mi me tocó hospedarme en casa de los Gray, en donde conocí a mi buen amigo Mike y a su esposa Susan (entonces su novia), con quien hemos mantenido una amistad entrañable a lo largo de 40 años. Escribo estas líneas desde Acapulco en donde en este momento pasamos mi esposa y yo una semana de vacaciones junto con Mike y Susan.

En algún momento de ese verano acompañamos a Mike a recoger a Susan en Boston, en donde trabajaba en la oficina de expedición de pasaportes. Como entonces ya sabía que quería ser médico y había escogido el área II para iniciar el último año del bachillerato, Mike me dijo, “por qué no aprovechamos la vuelta para que conozcas algunos de los famosos hospitales de Boston”. En ese momento supe que había hospitales famosos en Boston. Me llevó a un paseo que se convirtió en un sueño y me cambió la vida.

En un solo día conocí el Hospital Peter Bent Brigham, el Children’s, el Dana Farber Cancer Institute, el Beth Israel y la Clínica Joslin para Diabetes, elegantes edificios que rodean la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard y la famosa Countway Library of Medicine, cuyo sexto piso, aprendí años después, aloja las oficinas editoriales del New England Journal of Medicine. Cuando vi el Peter Bent Brigham supe en donde quería hacer estudios de posgrado cuanto terminara la carrera de medicina y me fijé un destino a alcanzar en la vida.

Algo similar sucedió años más tarde cuando era estudiante de medicina y conocí los Institutos Nacionales de Salud, en el sur de la Ciudad de México, en particular, el entonces Instituto Nacional de la Nutrición Salvador Zubirán. Ingresar a ese prestigioso recinto a realizar la residencia de Medicina Interna se convirtió en un obsesión. Ya como residente en el Instituto, un día que recuerdo vívidamente, el propio maestro Zubirán me contó que en 1923-1924 había realizado sus estudios de Posgrado en el Peter Bent Brigham. Ya no había marcha atrás, de una u otra forma yo tendría que estudiar el posgrado en esa Institución que tanto me había impresionado. Además, con el maestro Zubirán se había iniciado lo que se convertiría en una especie de tradición, ya que, a lo largo de los años, decenas de médicos del Instituto hemos realizado estudios de posgrado en el Brigham.

El Peter Bent Brigham se fusionó en 1980 con el Boston Hospital for Women y se constituyó el actual Brigham and Women’s Hospital. Ya como estudiante de posgrado en el Brigham, un día husmeando en la biblioteca Countway me encontré con una muestra gráfica de la siguiente noticia histórica. En el año de 1963, en ocasión del 50 aniversario, el entonces Peter Bent Brigham decidió otorgar un reconocimiento especial que consistía en un diploma y medalla de oro a 12 personas que habiendo estudiado en dicho hospital, hubieran desarrollado las más productivas carreras en medicina en beneficio de la humanidad. Una de las doce personalidades que recibió la medalla fue el Maestro Salvador Zubirán. El diploma que le entregaron dice: “por los logros en medicina para la humanidad en algún lugar” (for achievement in medicine for humankind wherever).

Haber ido a Boston hace 40 años generó un objetivo en mi vida, que al alcanzarlo jugó un papel fundamental en mi carrera como investigador científico. La exposición de los jóvenes a la diversidad de posibilidades que tienen para desarrollar su vida profesional es importante, ya sea dentro del país o hacia el extranjero. Los programas de pregrado deben de ir desarrollando las opciones para que los alumnos puedan exponerse a otras Universidades y programas por cierto tiempo. Afortunadamente esto es algo que ha venido creciendo en el país y cada vez son mas los programas que promueven este tipo de intercambios entre las universidades. Hay que promover que este tipo de experiencias se extiendan a las preparatorias e inclusive a las secundarias, uno nunca sabe en qué momento un adolescente puede ser positivamente impactado por algo que le genera un deseo, le fija una meta y le cambia la vida.



Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias

Director de Investigación, Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán y Unidad de Fisiología Molecular, Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM

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