Miércoles, 09 Agosto 2017 10:38

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El 25 aniversario de la cumbre de Rio y el bono climático

*Dr. Alfonso Larqué Saavedra

Agosto 9, 2017
La Crónica de Hoy, Opinión


Hace veinticinco años, en 1992 en la cumbre de Rio de Janeiro los representantes de los países que atendieron la reunión firmaron tres convenios: uno sobre la diversidad biológica, otro sobre el cambio climático y un tercero sobre la desertificación. De los dos primeros convenios, se han llevado a cabo numerosas reuniones y eventos y se han acordado muchos compromisos por los gobiernos, los académicos, los empresarios, etc. Algunas propuestas y resultados sobre estos acuerdos han sido premiados con numerosos reconocimientos, incluyendo el premio Nobel de la Paz. La desertificación, sin embargo, ha sido quizá, la menos atendida hasta el momento.

Pero tomemos el cambio climático que se le ha descrito como una gran amenaza que hace peligrar la vida en el planeta y con esta bandera, se han desarrollado todo tipo de investigaciones que rescatan impresionantes datos de la historia de la tierra y descrito las cinco diferentes extinciones masivas de seres vivos. Las elaboraciones de modelos matemáticos de escenarios posibles son verdaderamente numerosas y el uso de metadatos y computadoras poderosas se han construido para poder integrar la mayor cantidad de información posible para generar o anticipar lo que pasara con nuestro entorno en el corto, mediano y largo plazo. Los satélites que se han diseñado y equipado en torno al cambio climático para poder estimar cambios en los niveles del mar o en los glaciales, son verdaderas hazañas tecnológicas. Hay que anotar, sin embargo, que todos los desarrollos tecnológicos para medir dichos cambios los capitalizan de manera colosal las numerosas industrias de los países desarrollados. El cambio climático como inductor de los nuevos desarrollos industriales y tecnológicos han sido bien capitalizados. Nuevos motores híbridos o sistemas estructurales de prevención de huracanes o imágenes de satélite, entre otros, son ejemplos palpables por los que ya se estamos pagando servicios a las empresas transnacionales. De manera paralela se han enumerado una buena cantidad de recetas para ayudar a mitigar los impactos del citado cambio y el otro concepto que se ha comentado, es el de que debemos adaptarnos al citado cambio.

Pero si los mexicanos deseáramos enfrentar dicha amenaza climática, propondría la siguiente alternativa y es la de ver el citado cambio como un bono climático, en vez de la temerosa amenaza, tan popular en todos los medios.

¿Por dónde empezar en México a capitalizar el bono climático? sería la pregunta y me atrevo sugerir que sean los científicos de nuestras instituciones que tomen el liderazgo y lo trabajen en todas las áreas posibles de las ciencias biológicas, que es el principal foco de impacto del citado cambio y restauremos nuestro hábitat con una ingeniería social ad hoc, amén de conservar lo que todavía nos queda de ecosistemas primarios. Señalemos con ejemplos a nuestros estudiantes que el bono climático: 1.- servirá para incrementar la productividad de los sistemas naturales de selvas y bosques de México, así como nuestras plantaciones agrícolas, por el aumento de la concentración de los niveles de bióxido de carbono. 2.- Que los altos niveles de precipitación servirán para recargar los mantos acuíferos tan deteriorados y pauperizados y pronto otros estados emulen a Yucatán, quien avanzó al crear la primera reserva hidrogeológica del país, para la preservación del acuífero peninsular. 3.- Que esos excesos de agua también se ocupen para restaurar las cuencas hidrológicas que destruimos por iniciativa y la corta visión de nuestros dirigentes y se rescaten las tierras ensalitradas por el exceso de fertilizantes químicos en los distritos de riego. 4.- Que, utilizando los excesos de agua, se limpien de contaminación ríos y lagos a la brevedad posible 5.- Que se fortalezca, se apoye y se aprenda de las sociedades que para alimentarse practican la milpa, que son en gran medida autosustentables y que retoman a pesar de las adversidades, la sabiduría de lo relatado en los libros sagrados como el Chilam Balam o el Popol Vuh, en el caso de los mayas, para preservar el hábitat y la conservación de la biodiversidad. Otras propuestas se pueden enlistar relacionadas con la irradiación u otros.

Aprovechemos el bono climático a la brevedad y que el manejo de los llamados desastres pase a ser parte de otro lenguaje que compramos equivocadamente y que ya empezamos a endrogarnos adquiriendo tecnologías que nos venden los salvadores del hábitat. Si llueve en exceso en la capital del país, que se haga un diseño de ingeniería social para recapturar lo que sea posible de Tenochtitlan como la restauración de la vida de las chinampas declaradas como patrimonio de la humanidad y que se devuelva la grandeza de zonas agrícolas aledañas al rio Cutzamala, cuya agua fue canalizada para proveer agua a la Ciudad de México.

Pero hagamos un alto también y veamos desde un punto de vista social, el impacto que tiene para los indígenas de Mesoamérica, como el maya o el huichol, que le digan que hay un cambio climático en proceso. Seguramente se preguntarán de qué estamos hablando con ese famoso término de cambio climático: ¿lloverá mucho o dejará de llover? o quizá, ¿se pescará mucho o poco o el temporal para sus siembras de subsistencia se volverá más errático? Quizá lo de errático, es lo más cercano a lo del cambio climático que el entienda o correlacione y seguramente comentara que lleva siglos produciendo milpa, bajo este pesado modelo y que a lo que llamamos cambio climático es la forma moderna de expresión de que Tláloc o Chac están enojados. Comparto, según mi apreciación de varios años de experiencias con los indígenas del sureste mexicano, que uno de los más preciados tesoros que seguramente es parte de su cosmogonía es su capacidad de contemplación. Mientras puedan contemplar los montes azules o las aguas azules del caribe no entenderán de qué se está hablando ni como podrá participar para reducir la amenaza del cambio climático, pero sí creo que puede comprometerse y participar en proyectos para capitalizar el bono climático, para restaurar a la brevedad posible el hábitat de muchos de los microclimas y ecosistemas del país que hemos desatendido.

Ojalá se canalicen recursos para el desarrollo de la ingeniería social que tanto hace falta para capitalizar el bono climático y veamos cómo sumamos y comprometemos a toda la sociedad para que se restaure el hábitat de este país.



*Coordinador de Agrociencias. Academia Mexicana de Ciencias.
Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias.
Investigador del Centro de Investigación Científica de Yucatan

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