Lunes, 04 Abril 2016 18:01

Política pública para atender el Cambio Climático y la Cruzada contra el Hambre en Yucatán

Dr. Alfonso Larqué Saavedra

Abril 6, 2016



Es sorprendente atestiguar el orden de política pública que se ha venido consolidando en Yucatán en relación al cambio climático. Hace dos años el gobernador del Estado, Rolando Zapata Bello, decretó el establecimiento de la primera reserva hidrogeológica del país. Es una superficie cercana a las trescientas mil hectáreas de once municipios del Estado, que se preservará para no afectar la recarga del acuífero que es uno de los cuatro laboratorios naturales que se han señalado para Yucatán.

El pasado 19 de marzo, el Gobernador acompañado de los titulares de las secretarías de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente (Seduma), Eduardo Batllori Sampedro, y de Investigación, Innovación y Educación Superior (Siies), Raúl Godoy Montañez, anunciaron con base en los datos y referentes que le presentan integrantes de la comunidad académica, el establecimiento de una política pública de restauración y reforestación del Estado, señalando que se iniciará con la siembra de un millón de árboles de ramón que serán plantados en la zona de recarga del acuífero yucateco. Resaltar estas resoluciones hechas por un gobernador, es por demás importante para nuestro país, por el reconocimiento social que han ganado: “Hay que preservar el acuífero y definir como importante restaurar y reforestar la zona de recarga para la sustentabilidad del mismo”.

La historia señala que el norte del estado de Yucatán fue utilizado para la siembra del henequén, llamado en su momento el oro verde, que dio lugar a la muy exitosa agroindustria de producción de fibras a principios del Siglo XX, misma que entraría en decadencia al entrar al mercado las fibras sintéticas derivadas del petróleo. Al suspenderse las siembras de henequén, cientos de hectáreas quedaron abandonadas y no se planearon desarrollos alternativos como podrían haber sido acciones de reforestación o restauración. El ejemplo de Yucatán de atender estas zonas con la siembra con árboles de ramón seguramente podrá apoyar una acción seria para contribuir a mitigar el impacto del cambio climático.

La selección de esta especie vegetal es una novedad, ya que no figuraba como una de las privilegiadas por la Conafor, porque no está en la lista arboles productores de celulosa o madera, como el cedro o la teca. Se puede plantear que la decisión se basó en otros parámetros como los culturales, a los que las autoridades le dieron especial prioridad, tales como es el que este árbol es ampliamente conocido por los habitantes del estado, tanto de las zonas urbanas como por los habitantes de los diferente municipios del interior del estado, dentro de los que destacan los mayas, quienes favorecen su crecimiento en prácticamente en todos los traspatios de sus casas. Los habitantes de las zonas urbanas los ocupan básicamente como plantas de ornato, tal es el caso de la popular avenida emblemática de la ciudad de Mérida conocido como Paseo Montejo, en la que una gran cantidad de estos árboles flanquean sus aceras, que por los últimos cien años han ofrecido el servicio ambiental de favorecer un agradable microclima y belleza. De igual forma en prácticamente todas las haciendas otrora henequeneras los árboles de ramón son parte importante de su imagen, baste señalar que casi un kilómetro de la calzada de entrada de la Hacienda Chichi Suárez está sembrada con estos árboles.

La selección de este árbol, también tiene otro componente social importante, ya que su follaje se utiliza de manera cotidiana por los campesinos y productores, como forraje verde para los animales, principalmente en la estación seca que se presenta en los primeros meses del año. Es una costumbre que data seguramente desde hace varios siglos. Hay que enfatizar que es un forraje orgánico entre otras cosas, porque estos árboles no reciben manejo agroforestal alguno que haya sido descrito. No se fertilizan y no se les asperjan pesticidas. Su característica de ser una especie perenne resistente a la sequía, le da al paisaje de la selva seca un distintivo único.

Otro componente social que acompaña a esta especie es el uso que se le da como planta medicinal, para el asma y se sabe que se preparan infusiones para las madres que amamantan. Sus semillas son utilizadas en algunos lugares para alimento humano y sobre la cual hay numerosas reseñas que son parte de la cultura oral de las familias mayas, principalmente.

Esta política pública que nace en Yucatán es también una innovación importante porque incluye la iniciativa de incorporar al sector forestal para apoyar la cruzada contra el hambre. El fundamento no es complejo, básicamente plantea el utilizar una especie existente en la biodiversidad regional, para atender una necesidad urgente señalada por el ejecutivo federal que ha establecido La Cruzada contra el Hambre como un proyecto bandera a nivel nacional.


Existen datos que han aportado los investigadores del Sistema de Investigación, Innovación y Desarrollo Tecnológico de Yucatán, que señalan que la capacidad de este árbol de producir semillas es francamente impresionante, estimación que no había sido cuantificada en el Estado. Se ha reportado que puede producir cien kilogramos por planta por año, lo que lo convierte en una especie con un potencial alimenticio enorme si se establecieran plantaciones con esta especie. Con doscientas plantas por hectárea, por ejemplo, se podrían recoger 20 toneladas, lo que sería una opción no muy complicada de implementar y que atendería en principio por lo menos al sector pecuario del país ya que representaría una nueva opción para reducir importaciones de granos para este sector, que es el componente más costoso para producir cárnicos y leche.


Información de los expertos anotan también que este árbol se encuentra en la lista de las plantas de los libros sagrados de los mayas el Popol Vuh y el Chilam Balam, lo que da certeza de que ha acompañado a esta cultura desde hace varios siglos. Es indudable que la definición gubernamental de proseguir atendiendo al medio ambiente como prioridad para la sustentabilidad del hábitat de los yucatecos es de la mayor importancia y sienta un precedente a nivel nacional digno de ser reproducido por otros estados.


El autor es Coordinador de Agrociencias,  Academia Mexicana de Ciencias; Investigador del Centro de Investigación Científica de Yucatán; Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias.

Inicio