Miércoles, 05 Julio 2017 10:32

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La evaluación y asignación de recursos para la ciencia básica en México

Dr. Carlos F. Arias *

Julio 05, 2017
La Crónica de Hoy, Opinión


A menudo nos enteramos a través de diferentes medios de comunicación sobre las difíciles condiciones económicas por las que atraviesa el país, las cuales desafortunadamente se han pronunciado recientemente por diversos factores como el precio del petróleo, la depreciación del peso, el entorno geopolítico y la inefable y rampante corrupción de nuestra clase política. Y también frecuentemente oímos de los principales funcionarios del gobierno que la crisis es pasajera y que nos recuperaremos de ella pronto. Hay algunas consecuencias de la crisis económica que pudieran ser reversibles, sin embargo, el deterioro de la actividad científica no lo es. Disminuir el apoyo a la investigación científica no sólo retrasa su avance, sino que pone en riesgo la inversión que se ha hecho en infraestructura y recursos humanos para su desarrollo a lo largo de muchos años.


El momento complicado que atraviesa la ciencia básica en el país, debido al insuficiente presupuesto que se le asigna a nivel federal, requiere que se revisen el esquema de evaluación y los procedimientos de asignación de recursos. En este artículo me referiré particularmente a los proyectos de investigación en el área de la investigación básica. En el esquema actual de evaluación de proyectos, el CONACyT, organismo rector del manejo de los recursos dedicados a la ciencia en el país, emite una convocatoria dentro de alguno de sus Programas, por ejemplo, el de Fronteras de la Ciencia, para que se ingresen pre-propuestas de proyectos, las cuales son evaluadas a través de un mecanismo de evaluación por pares, en función de su pertinencia para los temas establecidos en la convocatoria. Después de este primer filtro, se emite una segunda convocatoria para recibir las propuestas in extenso de aquellos proyectos cuyas pre-propuestas fueron aprobadas. Las propuestas se envían nuevamente a revisión por pares, quienes emiten su opinión sobre el mérito del proyecto; las opiniones recibidas, idealmente de tres revisores diferentes para cada proyecto, se ponderan en un Comité de Evaluación, integrado por área del conocimiento, el cual dictamina sobre la calidad de los mismos, los prioriza y envía su recomendación a un comité administrativo del CONACyT. Este comité, con base en las recomendaciones de los Comités de Evaluación y en el presupuesto disponible, define el número de proyectos que se financiarán. Hasta aquí todo bien. Sin embargo, cuando los resultados de las evaluaciones se publican, invariablemente hay una inconformidad de la comunidad científica sobre las asignaciones, que me parece es justificada.


El sistema de evaluación actual y el procedimiento para designar los proyectos ganadores están siendo presionados por dos factores principales: el aumento en el número de investigadores y la insuficiencia presupuestal. Por un lado, la matrícula del Sistema Nacional de Investigadores se duplicó en los últimos 10 años, pasando de una membresía de casi 13,000 investigadores en 2007 a 27,186 en 2017; por otro, a pesar de que en los últimos cuatro años el apoyo gubernamental dedicado a la ciencia se incrementó del 0.38 al 0.56%, el número de proyectos aprobados no ha crecido al mismo ritmo que los investigadores, y por lo tanto el porcentaje de propuestas de investigación apoyadas en el área de ciencia básica ha disminuido, provocando un déficit cada vez mayor de proyectos financiados. Aunque la tasa de aprobación varía de convocatoria a convocatoria y de año a año, podemos tomar como ejemplo la convocatoria 2016 de Fronteras en la Ciencia, en la cual se financió el 7.9% de los proyectos sometidos in extenso. Si asumimos que se aceptaron la mitad de las pre-propuestas recibidas originalmente, se habrían entonces financiado alrededor del 4% de las solicitudes.


El porcentaje de aprobación de esta convocatoria es probablemente uno de los más bajos de los últimos años y no se puede generalizar a las diversas convocatorias, pero sí es importante enfatizar que cuando la tasa de aprobación de proyectos es baja -quizá por debajo del 10 a 15% de aprobación-, la selección correcta de beneficiados se convierte en un gran reto que enfrenta no sólo el CONACyT, sino también las agencias financiadoras de ciencia de muchos otros países; bajo estas condiciones se requiere un proceso de selección con alta capacidad de prelación. Para lograr esto es necesaria una participación comprometida de la comunidad científica, ya que la evaluación por pares es la piedra angular de la evaluación en ciencia, y de una excelente administración del proceso. Considero que ambos aspectos pueden ser mejorados.


Por un lado, la respuesta de la comunidad científica es insuficiente y la calidad de las evaluaciones heterogénea debido a la variada experiencia en evaluación y formación científica de los revisores. A lo anterior se suma el destiempo en la asignación de revisores por parte de la administración del CONACyT, ya que frecuentemente los tiempos asignados para hacer las evaluaciones son demasiado cortos para llevarlas a cabo de manera concienzuda. La consecuencia de esto es que el Comité de Evaluación tiene que emitir un dictamen sobre la calidad y mérito de los proyectos con base en información que en algunos casos puede ser incompleta y/o de calidad variable, y por lo tanto poco confiable. En estas condiciones, y retomando el ejemplo que se describía anteriormente, ¿es posible elegir para su apoyo, de manera justa, a los 8 mejores proyectos de cada 100? Sin duda que esta asignación tiene ya un pie en el terreno del azar.


Me explico, en una jerarquización basada en la calidad de las propuestas, la diferencia entre dos proyectos consecutivos es muy pequeña y difícil, si no imposible, de determinar, por lo que la diferencia entre 5 o 10 proyectos del escalafón puede ser poco significativa. Si añadimos a esto el factor de confusión introducido de manera normal en un proceso de esta naturaleza en relación a la confiabilidad del dictamen, y por lo tanto en la prelación de las propuestas, pueden existir grupos de proyectos cuya priorización no pueda establecerse de manera confiable. Ahora bien, si el número de proyectos que se financiarán es bajo, menor al número de proyectos cuya calidad no puede discernirse, no resulta descabellado pensar en que la elección de los proyectos ganadores se haga a través de un sorteo calificado (1) en el que participen los proyectos que fueron jerarquizados en lo más alto por los comités evaluadores y cuya calidad es difícil de discriminar.


Otras alternativas para mejorar la selección de los proyectos a financiar son también posibles, como la formación de Comités de Evaluación que se encarguen de manera directa y colegiada de la revisión y dictamen de todas las propuestas in extenso, sin la participación de evaluadores externos, de manera similar al mecanismo que usan las Comisiones Dictaminadoras del Sistema Nacional de Investigadores y que es también empleado en otros sistemas, como el de los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos.


No hay duda que, en condiciones de restricción e irregularidad de recursos, y de alta competencia, la justa distribución de los mismos adquiere más que nunca una gran importancia, por lo que el tradicional esquema de evaluación y asignación de recursos actual tiene que ser revisado de manera integral, con la participación de miembros de la comunidad científica, así como de la Academia Mexicana de Ciencias y de otros órganos consultivos de ciencia en el país.



*Investigador del Instituto de Biotecnología, UNAM Miembro del Comité de Ciencias Naturales



REFERENCIAS
1. Fang FC, Casadevall A. 2016. Research funding: the case for a modified lottery. mBio 7(2):e00422-16. doi:10.1128/mBio.00422-16

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