Miércoles, 24 Mayo 2017 11:20

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Ojalá Estuvieras Aquí

Gerardo Gamba*

Mayo 24, 2017
La Crónica de Hoy, Opinión

Soy de la generación que creció escuchando compulsivamente a Pink Floyd. Conocí a esta icónica banda en 1973 con en el disco recién publicado The Dark Side of the Moon. Supe en ese momento que estaba escuchando una obra con una originalidad y calidad sobresaliente. El disco permaneció 741 semanas consecutivas en la lista de Billboard, entró cuando yo tenía 12 años y salió cuando ya había cumplido los 27. Posteriormente ha entrado y salido por otras 186 semanas, para un total de 927 a la fecha. No hay disco que llegue a la mitad de esto. La única otra ocasión en que un disco me atrapó de forma similar fue cuando escuché por primera vez la segunda sinfonía de Mahler en casa de mi buen Amigo Rubén Niesvizky cuando éramos estudiantes de medicina.

Millones de jóvenes en todo el mundo a partir de DSM esperamos con ansias el 75 que nos trajo Wish you Where Here, el 77 con Animals y el 79 con el trascendente disco The Wall. En 1983 se publicó Final Cut, el último disco en que participó Roger Waters. Dos discos más vieron la luz posteriormente, The Momentary Lapse of Reason en 1987 y The Division Bell en 1994, junto con la última gira mundial de la banda, que muchos de aquellos, casi niños del 1973, tuvimos oportunidad de presenciar en el Foro Sol.

En nuestra sociedad mucha gente rechazó inicialmente a Pink Floyd, porque decían que era “música de drogadictos”. Los integrantes de la banda, en particular uno de los fundadores, de nombre Sid Barret, había iniciado componiendo música psicodélica en los 60’s, con frecuencia bajo la influencia del LSD, que entonces era una de las drogas de moda. Este personaje que originalmente era el guitarrista/vocalista de la banda tuvo que ser remplazado por David Gilmore, ya que su creciente consumo de drogas ponía en predicamento las presentaciones en vivo. Hacia finales de los 60’s el consumo de LSD y otras drogas por Sid Barret lo condujo a lo que conocemos como “perderse en el viaje” por lo que se recluyó en la casa de sus padres en Cambridge, hasta su muerte a los 60 años de edad en 2006.

No es infrecuente que el arte vanguardista sea inicialmente rechazado por la sociedad. A la música de Mahler le llevó 60 años para empezar a ser aclamada por la crítica y convertirse en parte importante de las programaciones de diversas orquestas alrededor del mundo.

Muchos años después de aquel 1973, al regresar un día de un viaje a Acapulco en que venía conmigo en el coche mi papá, ya anciano y no lejos de su momento final, escuchamos completo el disco The Dark Side of the Moon. Cuando finalizó me dijo: ¿Que fue eso que escuchamos que estaba muy bonito? Vi su mirada de asombro cuando le respondí: ¡Era Pink Floyd pa! A lo que replicó: vaya, pues está muy bonito, no sé por qué no me gustaba.

Mis hijos conocieron a Pink Floyd desde niños y son admiradores de la banda. Giovanni el mayor, fue conmigo al concierto aquel de 1994 cuanto tenía apenas 8 años. Ahora sus contemporáneos son admiradores de la banda y les causa cierta envidia que él tuvo la oportunidad de escucharla en vivo. Hace algunos días mi otro hijo, Diego, me dio una visión interesante del disco Wish you Where Here. Esta obra fue hecha como tributo a Sid Barret y está compuesta por una canción muy larga en honor a él llamada Shine on you Crazy Diamond, que consta de nueve partes, de las cuales las primeras 5 están al principio del disco y las otras cuatro al final, flanqueando entonces a tres canciones, dos de las cuales se consideran como una crítica a la despiadada busca de ganancias por parte de la industria de la música “Welcome to the Machine” y “Have a Cigar”, seguida del track Wish you Were Here, que da nombre al disco y denota como los miembros de la banda extrañaban a Sid Barret.

Yo siempre he transitado en el terreno de la investigación científica, pero mis dos hijos son artistas. Giovanni es actor y Diego es artista plástico. Con ellos he aprendido como los artistas ven, sienten, escuchan de una forma que los demás no podemos. Hace unos días tuve oportunidad de escuchar nuevamente algunos LPs de Pink Floyd con Diego, incluyendo el de Wish you Where Here. Diego ve la obra como si describiera un episodio de Despertares (awakening). Él siente que, al principio, Shine on you crazy diamond describe a Sid Barret en este estado de pérdida de relación con el mundo y que al final de la quinta parte logra salir de él y recobrar la conciencia, solo para recordar por un momento fugaz algunas partes de su vida. En Welcome to the Machine, es la perversa atracción que hizo la industria de la música por su talento, seguida de Have a Cigar en que la misma industria le describe el éxito que está teniendo y le exige más, por lo que empieza a perderse en el LSD y de ahí, el que los compañeros de banda lo extrañen en Wish you Where Here. El regreso a la parte final de Shine on you Crazy Diamond es verdaderamente un llanto de la guitarra similar al que experimentamos cuando perdemos a un ser querido y no podemos dejarlo ir, para finalmente hacerlo y volver al estado inicial. Se terminó el despertar.

Si el amable lector es conocedor de Pink Floyd es probable que haya captado con emoción esta interpretación. Si no lo es, le recomiendo que escuchar este disco sea uno de sus pendientes para el fin de semana. Me da gusto haberles enseñado a mis hijos a conocer a Pink Floyd porque ahora son ellos los que me hacen apreciarlo como nunca lo hubiera podido hacer por mi condición mundana. Si tienes artistas en casa, escúchalos, aprende de ellos.

 

*Director de Investigación, Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán y Unidad de Fisiología Molecular, Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM. Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias.

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