Miércoles, 15 Marzo 2017 10:10

Larque

Primera edición del Premio Juan Rull en el Instituto de Nutrición

Gerardo Gamba*

Marzo 15, 2017
La Crónica de Hoy, Opinión

Los premios además de reconocer la trayectoria o trabajo de los galardonados, sirven de estímulo para quienes reconocen en el premiado un modelo a seguir y se deciden emularlo. Este es el espíritu con el que en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán se creó el Premio Juan Rull, para reconocer el trabajo de enseñanza y entrega a la medicina asistencial por médicos internistas que tienen la encomienda de ser los revisores de los residentes en los sectores de internamiento o la consulta externa del Instituto.

El Dr. Juan Rull fue un ilustre médico internista, endocrinólogo, con una capacidad clínica indiscutible, que fue un líder de la Medicina Interna en el Instituto. Fue Director de Medicina del Instituto por cerca de 20 años. Heredero de la visión Zubiraneana de la Medicina Interna, fue un individuo clave en la modernización del Instituto, que le permitió transitar de un hospital que tenía baja capacidad para la terapéutica médica, a uno en el que además de la investigación y enseñanza, se atiende actualmente con eficiencia a miles de enfermos cada año. El Dr. Rull sentó las bases del actual Departamento de Medicina Interna del Instituto. El premio lleva su nombre para honrar la memoria de uno de los clínicos mas entregados y respetados de la Institución.

Nutrición, como es conocido el Instituto en el ámbito médico mexicano, es un Instituto cuyo eje central es la Medicina Interna. Al Instituto acuden enfermos con padecimientos muy complejos, que requieren de la interacción de diversos especialistas médicos y quirúrgicos. Sin embargo, no existen sectores de especialidad. Todos los enfermos hospitalizados (con excepción de aquellos en la Unidad de Terapia Intensiva), están en sectores de Medicina Interna, incluyendo a los pacientes quirúrgicos. Esto le da al Instituto la visión holística que tiene de la medicina, gracias a la cual, los pacientes son atendidos como un individuo enfermo y no como una enfermedad.

Los sectores de internamiento tienen de 12 a 14 camas cada uno. Los pacientes hospitalizados son atendidos por un residente de Medicina Interna de segundo a cuarto año, que es el responsable las 24 horas del día, durante al menos un mes completo, y dos residentes de primer año que se encargan del abordaje diagnóstico de cada paciente que ingresa. Cada sector tiene además de uno a tres estudiantes de medicina. Al sector acude por las mañanas un médico adscrito de Medicina Interna que se constituye durante uno o mas meses al año como el jefe del sector y tiene entre sus funciones revisar a los enfermos, la historia clínica, así como el diagnóstico y manejo propuesto por los residentes. Con frecuencia un enfermo es visto por tres o mas especialistas diferentes que proponen diagnósticos o terapéuticas diversas, a veces opuestas. Es el jefe del sector quien tiene la última palabra y sobre quien recae la responsabilidad de la decisión final. El tiempo y cuidado que dedique el Jefe del Sector a esa tarea es fundamental para la calidad de la atención clínica y para la enseñanza de los estudiantes. Es en ese momento en el que se da la magia que entrelaza a la atención clínica con la enseñanza. Para ser un buen revisor se requiere de tener gran vocación no solo por la atención clínica, sino también por la enseñanza. Un buen revisor cuando escucha un soplo cardíaco o detecta clínicamente un crecimiento de la glándula hepática, se da el tiempo de enseñar a los residentes y estudiantes de medicina a explorar al enfermo para reconocer estas alternaciones. Un buen revisor analiza con sus estudiantes la literatura actualizada para sustentar los diagnósticos o terapéuticas propuestas. Un buen revisor se da el tiempo de discutir con los alumnos los mecanismos de la enfermedad con objetivo puramente escolástico.

Por iniciativa del Dr. Sergio Ponce de León, Director de Enseñanza del Instituto, el premio Juan Rull se inauguró este año para reconocer a un internista del Instituto que haya realizado esta labor al menos cuatro meses al año con excepcional dedicación. Lo que hace al premio especial, es que el galardonado lo deciden por votación libre y secreta los 110 residentes de medicina interna. El ganador indiscutible del primer Premio Juan Rull fue el Dr. Eduardo Carrillo Maravilla.

Conocí a mi buen amigo Eduardo cuando iniciamos al mismo tiempo la residencia de Medicina Interna en el Instituto hace 32 años, en marzo de 1985. Originario de Tampico, llegó al Instituto proveniente de la Universidad Autónoma de Guadalajara. Poseedor de un conocimiento enciclopédico de la medicina, con profundidad admirable en la inmunología, es un clínico muy avezado, con una habilidad muy particular para el diagnóstico de problemas complejos y muy preciso en su terapéutica. A esto, que es el resultado de un proceso mental puramente científico, los pacientes paradójicamente lo catalogan como “ser muy atinado”. Conserva la habilidad de explorar a los enfermos y detenerse a platicar con ellos el tiempo que sea necesario, con lo que les genera esa tranquilidad que da el saberse atendido por un médico con alto sentido humano. Aunado a esto, tiene una profunda devoción por la enseñanza. Es un convencido de que el papel pedagógico del médico es una obligación moral y que regalar nuestros conocimientos a los jóvenes es la manera mas certera de asegurar el futuro. Eduardo es un ejemplo de un Médico en toda la extensión de la palabra, que representa un orgullo para el Instituto y para el país. Pone muy alta la vara para los próximos premios Juan Rull. No se quien debería de estar más orgulloso, si Eduardo Carrillo por haber recibido el premio Juan Rull o Juan Rull porque Eduardo Carrillo fue el primer recipiendario del premio que honra su memoria.

 

*Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias. Director de Investigación, Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán y Unidad de Fisiología Molecular, Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM.

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