Miércoles, 07 Diciembre 2016 15:43

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La parcela escolar como eje del cambio en la reforma educativa del sector agrícola

Alfonso Larqué Saavedra*

Diciembre 07, 2016

La Crónica de Hoy, Opinión

 

 

En el día mundial de la alimentación se ha señalado la urgente tarea de innovar el campo mexicano para poder alimentar a la gran cantidad de mexicanos que viven en pobreza alimentaria, y otro tanto en pobreza extrema. De igual forma, el Estado Mexicano se ha comprometido a realizar una reforma educativa a nivel nacional que dé a los mexicanos mayor autonomía en muchos de los pasos de la llamada economía del conocimiento.

En la búsqueda por atender esta tarea pongo a consideración de los que tengan interés en el tema, que revisemos la gran iniciativa política del General Lázaro Cárdenas que se refiere a la creación y establecimiento de la parcela escolar en las escuelas rurales de nuestro país. Dicha política se formalizó y fue publicada en el Diario Oficial de la Federación del 29 de octubre de 1940. La idea del presente escrito es retomar la parcela escolar y además del comentario desde el punto de vista político, verla dentro del esfuerzo nacional de la reforma educativa.

La parcela escolar forma parte estructural de miles de escuelas de nuestro país. Imaginemos el universo del que estamos hablando, ya que hay cerca de 31 mil ejidos en México, quienes por ley debían ceder una o dos parcelas a las escuelas rurales. Estas parcelas podrían convertirse en las células de educación de vanguardia de las ciencias agrícolas y ser el instrumento operativo de mayor importancia para educar a millones de niños y jóvenes mexicanos de todo el país con la educación de frontera en estas disciplinas. De esta forma, se sumaría y participaría en la reforma educativa de una manera mucho más dinámica, y la innovación sería fenomenal.

La propuesta central es establecer en cada una de esas parcelas los puntos neurálgicos en el que converjan los grandes avances de las ciencias agrícolas de frontera, comprometidas con la producción de alimentos. Que sean los prototipos de validación y enseñanza en los que se siembre, en lo que los científicos dicen tener avances sobresalientes y consolidados en plantas cultivadas como maíz, frijol, calabaza, trigo y arroz; y en hortalizas de especies como chiles, tomates y pepinos, resistentes a plagas y enfermedades, acompañadas por supuesto con las tecnologías más avanzadas de aplicación correcta de fertilizantes o biofertilizantes, pesticidas orgánicos, con los sistemas de riego inteligentes y eficientes, con el control biológico más adecuado y con las propuestas de manejo del suelo más recomendadas. Todo este escenario teniendo a los alumnos de primaria, secundaria o de los colegios de bachilleres, aprendiendo que efectivamente la actividad agrícola genera la cantidad suficiente de productos agrícolas, de la mejor calidad y que su redituabilidad permitirá impulsar un modelo sustentable. Por supuesto que el modelo debe tener el acompañamiento de los alumnos, investigadores, técnicos y profesores de las escuelas, institutos, centros de investigación o universidades de excelencia en los campos relacionados con las ciencias agrícolas como son los agrónomos, biólogos, ingenieros ambientales, biotecnólogos, sociólogos o antropólogos, que serían fundamentales para apoyar a los maestros rurales para que la innovación se materialice y la parcela sea el taller demostrativo de que la actividad agrícola es efectivamente una opción real que da para comer y permite una vida digna a quienes la desarrollan y la hacen una forma de vida.

Seguramente que los padres y madres de los educandos se acercarían a ver qué aprenden sus hijos y si se convencen de los logros y potenciales impactos de lo que se enseña y se demuestra en las parcelas escolares, posiblemente adopten algunos de los avances para reproducirlos en sus parcelas ejidales. De esta forma, tendríamos un camino alternativo de producir la revolución que estamos deseando que ocurra en nuestro país, para atender el rezago productivo que tanto nos ha sumido hasta el grado de tener que establecer la cruzada contra el hambre.

Revisemos lo referente a la parcela escolar en nuestra legislación y despejemos a la brevedad lo que se tiene que hacer para que ésta se convierta en el motor de cambio de la reforma educativa en lo referente a la producción primaria: gramíneas, hortalizas, frutales, maderas preciosas, agaves, fibras, medicinales, plantas de ornato, entre otras. Esta estructura llamada parcela escolar está regida por el artículo 70 de la Ley Agraria vigente que fue publicada en el Diario Oficial de la Federación del 26 de febrero de 1992 y que además señala “las actividades a que debe dedicarse la parcela escolar, todos los ordenamientos agrarios invocados, con distintas redacciones, coinciden en establecer, de manera general, que la parcela escolar se destinará a la enseñanza, investigación y difusión de las prácticas agrícolas”. Retomemos, entonces, esta gran oportunidad legal y hagámosla operativa a la brevedad posible.

La iniciativa nace después de haber hecho recorridos en los meses recientes en muchas localidades del país para ver la calidad e intensidad de acciones en las parcelas escolares, y la información recabada arroja que muchas están abandonadas o que desarrollan actividades marginales con poco presupuesto o que se utilizan para otros fines, lejos del espíritu que las creo. Seguramente, habrá excepciones de parcelas modelo que sí atienden con éxito la misión para lo que fueron establecidas y valdría la pena enlistarlas para hacerles un reconocimiento público. La pregunta es dónde están para visitarlas, apoyarlas e impulsarlas aún más; si fuera el caso.

Existen millones de mexicanos con hambre que siguen esperando que el discurso se transforme en acciones concretas que les permitan salir de tal crisis. Aunado a esto, se ha hecho noticia e integrado en el discurso político que necesitamos urgentemente otra revolución verde para paliar esta demanda social. Vinculemos la parcela escolar a miles de escuelas de este país, para que se convierta en la pieza clave para hacer el cambio y para que este instrumento de enseñanza de niños y jóvenes les dé certeza de que la actividad agrícola propiciará el cambio que urge se produzca en el corto plazo.

*Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias
Coordinador de Agrociencias de la Academia Mexicana de Ciencias,
Investigador del Centro de Investigación Científica de Yucatán

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