Miércoles, 16 Noviembre 2016 09:09

Homenaje a Guillermo Soberón


Ricardo Tapia*

El Consejo Consultivo de Ciencias (CCC), se complace en continuar con la presentación de discursos dedicados a un visionario de las ciencias y gran transformador de instituciones: el doctor Guillermo Soberón Acevedo.  Mediante esta serie, Rafael Palacios, Gerardo Gamba y Ricardo Tapia, en nombre del CCC, expresan su gran admiración y respeto al fundador del Consejo y, sin duda, a una de las figuras más destacadas de nuestro país.
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Entre los cientos de logros de Guillermo Soberón a lo largo de su vida, como académico, maestro y formador de cuadros de científicos, funcionario público, y por supuesto, Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), tuve el privilegio de conocer de cerca su labor como investigador, creador del Posgrado en Bioquímica y generador, multiplicador y diversificador de la investigación biomédica y bioquímica en la universidad.

En 1957, junto con otros 13 pioneros de la Bioquímica en nuestro país, fundó la Sociedad Mexicana de Bioquímica (SMBQ). Estos pioneros incluyen personajes que no solamente desarrollaron la Bioquímica en México sino que varios ocuparon importantes puestos directivos en la UNAM, en otras universidades y en importantes instituciones de salud. Ellos son: Barbarín Arreguín, Edmundo Calva, Guillermo Carvajal, Joaquín Cravioto, Carlos del Río, Silvestre Frenk, Mario García, Jesús Guzmán, Jesús Kumate, José Laguna, Guillermo Massieu, Raúl Ondarza y Efraín Pardo. De la Sociedad, Guillermo Soberón fue electo como primer presidente. Relata el Dr. Soberón:

“La Sociedad Mexicana de Bioquímica fue creada por la necesidad de comunicarnos, en tiempos en que éramos muy pocos investigadores en el país y no existían los mecanismos para mantener un contacto frecuente […]. Nos reuníamos mes con mes y a veces con más frecuencia, simplemente para platicarnos lo que cada quien estaba haciendo o pensaba hacer. Esto evolucionó a que nos comprometiéramos a revisar ciertas áreas de la literatura bioquímica […]. Nos buscábamos mucho unos a otros en una época en la que había muchas carencias […]. Esta necesidad de masa crítica para poder funcionar nos fue poniendo juntos […]. No había tradición en este campo para investigar con estatuto formal […]. El siguiente paso fue, hacia 1961, planear la creación de un programa de doctorado; al principio los esfuerzos que hicimos permitieron que nuestros estudiantes alcanzaran, más o menos, un nivel comparable con la maestría en ciencias […]. Poco después unimos esfuerzos todos para establecer el programa de doctorado, que ya fue dependencia de la recién creada Facultad de Química, antes Escuela Nacional de Ciencias Químicas. Esto fue muy importante, ya que nunca perdimos de vista las posibilidades de proyectar la bioquímica hacia muchas áreas del conocimiento, como herramienta del futuro.”

Por esos años el Dr. Guillermo Massieu, también fundador de la SMBQ y quien desde 1956 era profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM, inició el desarrollo de la Neuroquímica en el Departamento de Bioquímica del Instituto de Biología de la propia UNAM. Yo ingresé a su laboratorio en 1959 y en abril de 1964 durante una estancia sabática que realizó en la Universidad de Oxford con el premio Nobel Hans Krebs me envió una carta cuyo contenido refleja la visión creativa y académica que compartían los fundadores de la Bioquímica en México. Este es un fragmento de aquella misiva:

“Me parece muy conveniente que estén tomando con interés los cursos de doctorado porque todas esas materias son de primordial interés para su formación científica. La famosa Bioquímica de la cual estamos enamorados se está volviendo una señora muy elusiva, a menos que uno tenga medios para conquistarla. Estando dentro de esa disciplina hay que tirarse alto y no conformarse con trabajo superficial de diletante. Se requiere trabajar duro y tendido y adquirir las bases suficientes de conocimientos. Estoy firmemente convencido que a ustedes les conviene prepararse mejor antes de salir al extranjero, porque están jóvenes y en México pueden ver muchas cosas.”

En 1965 Guillermo Soberón llegó desde el Instituto Nacional de Nutrición a la UNAM como Director del Instituto de Investigaciones Biomédicas (entonces Instituto de Estudios Médicos y Biológicos), en donde creó el Departamento de Biología Molecular. Con ello, la Bioquímica en la UNAM, que se había iniciado en el propio Instituto, en la Facultad de Medicina y en el Instituto de Biología, recibió un enorme impulso, estimulado por la creación del Posgrado en Bioquímica en la Facultad de Química. El Dr. Soberón, quien desde 1952 era profesor en la UNAM, fue uno de los maestros que nos daban clases y que naturalmente fueron nuestros tutores académicos en los laboratorios. El primer doctor, autor del presente artículo, se graduó en 1969, y su jurado estuvo formado por cinco fundadores de la SMBQ: Guillermo Massieu, Barbarín Arreguín, Jesús Guzmán, Guillermo Soberón y José Laguna, todos fundadores del posgrado.

En 1971 ocurrieron cambios en las autoridades de la UNAM que resultarían muy relevantes para el progreso académico en Biomedicina: Guillermo Soberón es nombrado Coordinador de la Investigación Científica y José Laguna, Director de la Facultad de Medicina. En ese entonces yo realizaba una estancia sabática en el Medical Research Council en Londres y en abril recibí una carta de Guillermo, fechada el 5 de abril, en donde me decía:

“Mucho agradezco tu carta del 10 de marzo de 1971 en la que me felicitas por mi designación como Coordinador de la Investigación Científica de la Universidad. No había podido dar contestación a tu misiva debido al mucho trabajo que he encontrado y a la necesidad de poner las cosas en orden para introducir los sistemas que nos permitirán avanzar.”

Para mí esta carta fue una muestra más del cuidado y la atención de Guillermo a todos sus ex-estudiantes, una de sus cualidades más apreciadas.

Como resultado de la permanente actividad de renovación y progreso de la investigación científica durante la rectoría del doctor Soberón, se crearon nuevos centros de investigación, algunos surgidos a partir de otros. Uno de estos cambios, que resultó muy relevante y que me tocó vivir muy cercanamente con los doctores Soberón y Laguna, ocurrió en 1973.

En 1968, mi tutor académico, el doctor Massieu, era Director General del Instituto Politécnico Nacional. Durante esa época se reestructura el Instituto de Biología y el Departamento de Bioquímica se convierte en el Departamento de Biología Experimental. En los tres años siguientes este grupo continúa el desarrollo de la Neuroquímica iniciado por Massieu, mientras en Medicina, bajo la dirección de José Laguna, el grupo de bioquímica también progresa enormemente. Y en 1973 ocurre algo extraordinario, que creo que pocas veces se ha visto en la UNAM. En marzo de ese año, apenas tres meses después del nombramiento del Dr. Soberón como Rector, y después de incontables reuniones y discusiones, el Director del Instituto de Biología le envió un documento en cual se propone la incorporación de diez investigadores del Departamento de Bioquímica de la Facultad de Medicina al Instituto de Biología. El documento fue elaborado por una comisión de investigadores de ambas dependencias, nombrada por el Coordinador de la Investigación Científica y los dos directores. Este movimiento permitió duplicar el número de investigadores en el Departamento de Biología Experimental del Instituto de Biología, lo cual habría sido imposible si no hubiera coincidido con otro importantísimo acontecimiento: la inauguración del nuevo edificio del instituto, el primero construido en la nueva área de investigación científica ideada por el Dr. Soberón, en el Circuito Exterior de Ciudad Universitaria.

El desarrollo académico de este departamento fue vertiginoso, tanto que, después de resolver varios conflictos internos y de múltiples entrevistas con el rector Soberón, en enero de 1979 el Departamento se separó del Instituto de Biología como Centro de Investigaciones en Fisiología Celular. Este Centro se convirtió en Instituto de Fisiología Celular en 1985. Para todos quienes participamos en este relevante acontecimiento, como estoy seguro lo es para las decenas de científicos que en muchas áreas del conocimiento nos hemos beneficiado directa o indirectamente de la formidable y multifacética actividad de Guillermo Soberón, es un privilegio reconocerlo. ¡Gracias, Guillermo!

*Coordinador del Comité de Ciencias Naturales del Consejo Consultivo de Ciencias,
Investigador Emérito del Instituto de Fisiología Celular, UNAM.

 

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