Miércoles, 09 Noviembre 2016 12:30

 En memoria del Mtro. Jorge Alberto Manrique (1936-2016)

Josefina Zoraida Vázquez*

 

Fallecimiento-jorgemanrique

Conocí a Jorge Alberto Manrique en el seminario de investigación de don Edmundo O’Gorman, nuestro querido maestro. Todavía era estudiante, pero hacía ruido en la Facultad de Filosofía como galardonado con el premio a la Crítica Joven de México de Cultura, Paul Westheim. En 1959 fue elegido profesor de historia en la Universidad Veracruzana y en 1961 por don Daniel Cosío para una beca Rockefeller para convertirse en experto en historia moderna para estudiar en Francia e Italia. A su regreso se integró al Colegio, donde formamos equipo ya que compartíamos el historicismo de O’Gorman, combatido por entonces y al que nosotros defendíamos, por nuestro compromiso con el país, con la vida académica y con la historia, hicimos frente común en muchas empresas, tanto en El Colegio como en Filosofía y Letras, donde impartíamos clase. Esto tuvo ventajas, pero también desventajas, pues en 1968 sufrimos  por partida doble el movimiento: asistíamos a las asambleas matutinas en El Colegio y las vespertinas de la UNAM y sufrimos el  ametrallamiento de la fachada de la primera y la ocupación militar de la segunda.

Compartimos también experiencias familiares felices e infelices, leímos y comentamos libros, noticias y rumores, base de una amistad de más de medio siglo. Admiré su capacidad para debatir con claridad de argumentación, la amplitud de sus conocimientos y su pasión por el arte y la historia. Su amistad me permitió aprender sobre el arte contemporáneo y los pintores mexicanos, y a través suyo conocí a algunos. Su increíble conocimiento de la cultura novohispana lo muestra su excelente capítulo “Del Barroco a la Ilustración”  para primera versión de la Historia General de México del Colegio de México. La mayoría de su obra se concentró en crítica artística y cultural. De su brillantez como expositor y crítico agudo, tengo el recuerdo de una conferencia que ofreció en una serie organizada por mí sobre la cultura durante la Reforma para el Recinto a Juárez. Siempre deploré no haberla grabado por la magistralidad con que  bordó el arte en el contexto político e ideológico del México del siglo XIX, en medio de la entrada  de corrientes europeas y el surgimiento del nacionalismo cultural despertado por las amenazas externas.     

En los cinco años en que estuvo en El Colegio de México, descubrí diferentes aspectos de su personalidad, pues por aquel entonces vivíamos cerca del Colegio lo que permitió un contacto estrecho. Así descubrí su pasión por los toros, la gastronomía, las  hierbas y las delicias mexicanas, francesas e italianas. Recuerdo sus chiles en nogada y su Spaghetti a la Carbonara. Por él me hice miembro de la Sociedad Protectora del Tesoro Artístico, campo que le llevó a dar muchas batallas. Destacaba también como consejero estudiantil y del profesorado, conocedor a fondo de  reglamentos universitarios.   

Poco después de dejar El Colegio por el Instituto de Investigaciones Estéticas fue elegido su director e  hizo reformas importantes. No tardó en ser electo miembro de las Academias de la Historia y de las Artes, a la Asociación Internacional de Críticos de Arte, amén de ser constante  jurado de Premios Artísticos. Articulista en importantes revistas y periódicos, dirigió la Revista de la Universidad. Fundador y director del Museo Nacional del Arte (1982 a 1983), donde desplegó sus conocimientos museísticos, por lo que también dirigiría el Museo de Arte Moderno (1987 a 1988), donde fue víctima de la Asociación Pro Vida que denunció un cuadro expuesto como violación a un símbolo religioso. Manrique lo enfrentó con valentía, pero no pudo con la incapacidad del gobierno que terminó por proteger ideas retrógradas de un profesor de la Universidad Iberoamericana. Esto no afectó el reconocimiento nacional e internacional que gozaba y siguió recibiendo reconocimientos, como el Premio  Universidad Nacional en 1992 y el Premio Nacional de Ciencias y Artes en 2005. Un infarto de cerebro lo privó de la facilidad del habla, pero no de su capacidad de crítico agudo. Su muerte en fin, es una gran pérdida para  la cultura mexicana y para sus amigos. Descanse en paz.

 

Josefina Zoraida Vázquez*
*Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias,
Profesora e Investigadora Emérita del Centro de Estudios Históricos del Colegio de México.

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