Miércoles, 26 Octubre 2016 14:00


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Homenaje al doctor Guillermo Soberón. Parte I

 

Rafael Palacios de la Lama*

 

 

El doctor Guillermo Soberón ha sido ampliamente reconocido como una de las figuras más destacadas de nuestro país y ha sido distinguido en los diferentes aspectos que ha tocado durante su vida: Soberón en su paso por la academia, Soberón en su paso por la universidad (en particular, Soberón el rector), Soberón en su paso por el sector salud (en particular, Soberón el secretario de salud), Soberón el creador de instituciones.

 Sus enormes retos y logros en todos los aspectos mencionados se encuentran ampliamente documentados y han sido objeto de innumerables distinciones y homenajes. En esta ocasión, querido Memo, yo voy a hablar de un aspecto más personal y en una forma más directa e incluso coloquial: Voy a hablar de Soberón el gran inspirador.

 Voy a hablar de lo que tú me inspiraste en aquella íntima relación que tuvimos como tutor-alumno. Esta delicada relación que finalmente forja el carácter, que forja la fuerza de voluntad, que forja la honestidad y que da cimiento a los alcances académicos del futuro investigador.

 Voy a referirme a aquello que resultó de tu inspiración hacia mí y de su repercusión hacia el entorno académico que me ha rodeado. Voy a hablar de algunas realizaciones en las que he participado junto con otros colegas investigadores. Tú también has tenido presencia en estas realizaciones y sin duda, uno es corresponsable de lo que en otros inspira.

 En lo que a mí corresponde estas realizaciones se han dado partiendo directa o indirectamente de aquello que se fue forjando en mí en aquel tiempo que convivimos académicamente como tutor y alumno.

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Generación de Bioquímicos con el Dr Soberón: de izquierda a derecha; Sir Hans Krebs (premio Nobel), mentor de Phillip P. Cohen, mentor de Guillermo Soberón, mentor de Jaime Mora y Rafael Palacios (en primer plano), a su vez Jaime Mora  fue mentor de Jaime Martuscelli y éste último de Francisco Bolívar.                 

Aunque ubicada en un espectro continuo mi relación con Guillermo Soberón ha transitado sutilmente de mentor a colega y de colega a amigo, de doctor Soberón a querido Memo.

En la fase clínica de la carrera de medicina descubrí que lo que realmente me atraía eran los aspectos básicos de la especialidad, en particular la bioquímica, y fue así que decidí que mi camino sería la investigación.

Un día fui a ver al doctor Soberón, quien en ese entonces era el director del Instituto de Estudios Médicos y Biológicos, ahora Instituto de Investigaciones Biomédicas. Al abrir la puerta me dijo: “Ya sé que vienes a pedirme participar en mi grupo de investigación. Antes de entrar debes saber que al menos en un año no recibirás ni un centavo. Tú sabes si cruzas esa puerta”.

Ahora sé que hizo ese comentario para asegurarse de que realmente sentía pasión por la investigación. Y por supuesto que no me asusté, crucé la puerta.

En mi primer día, después de la entrevista en su oficina, me llevó a ver los cimientos de lo que sería el primer Departamento de Biología Molecular en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y en el país. Me dijo con gran satisfacción y orgullo que el proyecto estaría a cargo del doctor Jaime Mora, cuyo nombre escuché por primera vez (nunca imaginé que Jaime y yo recorreríamos juntos toda una vida académica y personal basada en un intenso respeto, cariño y amistad).

Mientras se construía el nuevo Departamento de Biología Molecular el doctor Soberón me envió con un investigador asociado suyo que ocupaba un laboratorio que le había prestado el doctor José Laguna en la Facultad de Medicina. Mi primera actividad fue lavar las pipetas del laboratorio y más tarde me encargué del proceso de destilación del agua.

El doctor Soberón visitaba el laboratorio para discutir y compartir ideas sobre sus proyectos con su investigador asociado. Un buen día su colega le sugirió que me invitara a formar parte de su seminario y desde entonces fui invitado a todas las discusiones relacionadas con los proyectos de investigación del doctor Soberón.

Cuando estuvieron listos los laboratorios del Departamento de Biología Molecular, antes de la llegada de Jaime Mora, yo ya me encargaba del manejo operativo del laboratorio. Ahí, el doctor Soberón y yo pasábamos horas discutiendo intensamente sobre el desarrollo de sus proyectos, porque el Doctor, siempre estuvo abierto a compartir todo sobre sus proyectos, así fuera un dato interesante, un experimento fallido, una idea o la filosofía integral de los mismos. En esencia: me ofreció toda su confianza y me permitió desarrollar todas las ideas y propuestas que se me ocurrieran.

Este es un aspecto fundamental del doctor Soberón: otorga su absoluta confianza a jóvenes que él considera tienen el talento, la capacidad y la entrega necesarios para hacer de la investigación su profesión. De hecho, mi actividad actual se basa en esta premisa.

Confianza total a los jóvenes académicos.

Nuestras discusiones sobre la investigación eran tan intensas como agradables. En múltiples ocasiones éstas se alargaban hasta el anochecer. Cuando esto sucedía era frecuente que continuáramos la plática en su casa donde su hija Gloria nos preparaba unas cubas para después disfrutar de unas exquisitas quesadillas en compañía de su esposa Socorrito. Era tal la hospitalidad que auténticamente llegué a sentirme como parte de la familia.

En una ocasión discutimos sobre un experimento crucial para la hipótesis de trabajo. El doctor Soberón me pidió mi protocolo para revisarlo (debo aclarar que nunca antes había revisado uno de mis protocolos y que nunca más volvería a hacerlo). Confieso que cuando me pidió el protocolo tuve la sensación de que no dejaría en mis manos un proyecto tan importante. Sin embargo, mientras revisaba el protocolo su entusiasmo iba en aumento, mis dudas se fueron disipando hasta contagiarme de su enorme entusiasmo. En ese momento tuve una de las ideas de las que más satisfecho me siento, le dije: “Doctor Soberón lo invito a que realicemos juntos el experimento. Nos llevará 6 horas continuas de trabajo. Dígame cuándo lo espero en el laboratorio”.

Hicimos el experimento a cuatro manos y esta fue una de las experiencias más agradables que he tenido en toda mi vida. Dicha experiencia marcó mi forma de trabajo: ahora disfruto mucho estar en el laboratorio, pero sobre todo participar directamente en experimentos de estudiantes y colaboradores.

Cuando se acercaba la llegada de Jaime Mora para dirigir el flamante Departamento de Biología Molecular, se hablaba de él ya como una leyenda por su inteligencia, su entrega a la investigación, su audacia y por su espíritu emprendedor. Por otra parte, habían llegado a oídos de Jaime algunos comentarios sobre un joven estudiante que participaba con un gran entusiasmo y espíritu crítico en los seminarios del Instituto y que discutía sin timidez con investigadores de gran prestigio.

 El día que Jaime llegó a México se planeó una cena en un restaurante para recibirlo. No nos conocíamos personalmente, sin embargo, de pronto nos encontrábamos los dos solos en su coche dirigiéndonos al restaurante. A partir de ese momento nació un respeto mutuo y una amistad que perduraría hasta la fecha… y algo más: una carrera académica compartida que resultaría en importantes realizaciones. No puedo asegurarlo, pero tengo que decirte Memo que siempre he sospechado que tuviste algo que ver en ese encuentro, aparentemente azaroso.

Propiciar colaboraciones donde las cualidades individuales se potencian para beneficio de otros ha sido una de las grandes características de Guillermo Soberón.

Cuando Guillermo Soberón regresó a México con su doctorado en Physiological Chemistry de la Universidad de Wisconsin su meta académica era desarrollar una disciplina de gran relevancia: la Bioquímica. Su plan era claro, asertivo y certero: Investigación + Formación de recursos humanos + Colaboración académica.

Investigación de la más alta calidad, cuyos resultados debieran publicarse en revistas de alto prestigio internacional. En este sentido, los trabajos de los primeros bioquímicos mexicanos formados en los grupos de Soberón y Laguna se publicarían en las mejores revistas del área.

Formación de recursos humanos para la ciencia. Nuevamente con el liderazgo de Soberón y Laguna se crearía el Doctorado en Bioquímica, ubicado inicialmente en la Facultad de Química de la UNAM. Programa del cual surgiría la segunda generación de líderes académicos en el área de Bioquímica.

Colaboración académica. Con 13 ilustres miembros de la comunidad científica nacional se crearía la Sociedad Mexicana de Bioquímica, cuyo primer presidente sería el doctor Guillermo Soberón.

 

*Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias. Médico Cirujano y Doctor en Bioquímica; posdoctorado en Stanford e Investigador Emérito del Centro de Ciencias Genómicas de la UNAM
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