Miércoles, 12 Octubre 2016 09:21


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Agrobiodiversidad y sistemas alimentarios en comunidades indígenas. Parte I.


Octubre 12, 2016

La Crónica de Hoy, Opinión

Mayra de la Torre* y Ricardo Ma. Garibay V.**

 

México es uno de los poquísimos países en el mundo que conjunta una gran biodiversidad con una vasta diversidad cultural, lo que ha llevado a E. Boeger a establecer las regiones bioculturales que son centros de diversidad biológica, agrobiológica y cultural, y constituyen parte de la identidad de los pueblos indígenas y comunidades locales no indígenas. En ellas, las comunidades que las habitan hacen uso sustentable de su biodiversidad, la cual es conservada. La pregunta que nos hicimos un grupo transdisciplinario de investigadores y estudiantes fue: ¿cómo han evolucionado la dieta y el uso de la diversidad agrobiológica en estas comunidades?

Una de las premisas fue que las sociedades indígenas poseen creencias (cosmos), conocimientos (corpus) y prácticas (praxis) productivas y que estos saberes aplicados a su cultura alimentaria les permite satisfacer sus necesidades de manera sustentable.

Hicimos el registro etnográfico de los sistemas alimentarios de tres comunidades indígenas, indagamos acerca de los cambios en la alimentación en el transcurso de los años y cuáles han sido los elementos de donde estos grupos obtienen las materias primas para su alimentación. Para ello, establecimos una relación con las comunidades bajo un esquema participativo de diálogo de saberes en el que jóvenes bilingües de las mismas comunidades fueron los entrevistadores. Se seleccionaron tres ecosistemas diferentes: bosque templado, selva media caducifolia y un valle en una zona del semidesierto.

Las comunidades con las que se trabajó fueron: a) los pueblos yaquis del estado de Sonora que habitan una zona de semidesierto del Valle del Yaqui (irrigada por las aguas del Río Yaqui), donde se desarrollaron las investigaciones que dieron pie a la Revolución Verde; b) el grupo Rarámuri de la comunidad de Bawinocachi en la sierra alta del estado de Chihuahua, ellos habitan un ecosistema de bosque templado, su agricultura es para el autoconsumo, el maíz es el cultivo principal asociado con otros cultivos y, además, hacen un manejo diverso de su entorno. Este pueblo se caracteriza por ser uno de los grupos indígenas con más alta marginación del país, y c) los mayas de Xoy, una comunidad de la zona milpera de Yucatán asentada en el trópico subhúmedo con una amplia diversidad en vegetación y tradición campesina de autoconsumo; ellos han utilizado la agricultura de roza-tumba-quema, que responde a las características ecogeográficas de la península, pero que se ha vuelto inviable dado el crecimiento de la población.

La licenciada Anabela Carlón, integrante del grupo Yaqui, nos hizo el cuestionamiento sobre los beneficios y los beneficiarios del proyecto, y nos proporcionó un formato derivado del Protocolo de Nagoya que sirvió de base para la firma de documentos con las autoridades de las tres comunidades, todo esto previo a las reuniones con ellas y a las asambleas con las comunidades para presentarles el proyecto y obtener su venia.

Rarámuris.
Encontramos que en Bawinocachi la mayoría de la población es Rarámuri y conservan sus técnicas agroecológicas, semillas nativas y milpa, así como su cocina tradicional y técnicas de conservación de alimentos tradicionales. Utilizan estiércol y composta en sus milpas, colectan el agua de lluvia, hacen uso diverso del bosque y no utilizan agroquímicos porque para ellos los químicos echan a perder la tierra y ya no produce, a menos que se utilicen cada año. Las razas y variedades de maíz que han desarrollado durante siglos tienen las características de ser de ciclo corto o precoces, porque cosechan antes de la temporada de frio.

Ellos continúan año con año desarrollando y seleccionando nuevas semillas. La milpa es el principal espacio productivo, la dieta de la comunidad es muy diversa y estacional, incluye tanto productos sembrados en la milpa, como flora y fauna silvestres; a lo largo de un año consumieron como alimento más de 100 especies diferentes entre animales, plantas y setas. La milpa, el traspatio, el bosque y los arroyos son los “espacios de vida” de los cuales se abastecen, de ahí, la importancia de la cultura que ha generado los conocimientos para identificar sitios, épocas, especies, formas de conservación y preparación de alimentos, así como los momentos adecuados para su consumo.

El trueque de alimentos y otros productos con comunidades vecinas es común y la compra e ingesta de alimentos chatarra y refrescos es muy baja. Durante el año que duró la investigación fueron autosuficientes desde el punto de vista alimentario y en el invierno el consumo de papa fue alto. Para nuestra sorpresa, tienen una papa de tiempos ancestrales perfectamente adaptada a ese ecosistema y resistente al tizón de la papa.

Mayas
Los mayas de Xoy están orgullosos de rescatar y producir semillas nativas y de ser mejoradores de sus razas de maíz. La raza de maíz Nal-Tel, originaria de esta región, es una de las razas antiguas de México, está adaptada a regímenes limitados de lluvia, tiene un ciclo de maduración corto con gran adaptabilidad y baja sensibilidad al fotoperíodo. Los agricultores de Xoi combinaron Nal-Tel con las razas Dzit-Bacal y Tuxpeño generando la variedad Nal-Xoy que rinde casi 3 toneladas por hectárea y es mas resistente a las plagas durante el almacenamiento.

El principal problema de los productores de Xoy son las plagas y las enfermedades en campo y en los granos almacenados, particularmente en el maíz, porque almacenan las mazorcas (con todo y hojas) apiladas en estrecho contacto una con otra, en ambos lados, arriba y abajo, lo que facilita la infestación y transmisión de plagas. A diferencia de los Rarámuris, los mayas de Xoy, aparentemente, han perdido los conocimientos ancestrales sobre cómo controlar plagas y enfermedades con técnicas agroecológicas.

La producción en la milpa maya constituye cada vez una menor proporción de los satisfactores alimenticios para la familia. Para los miembros jóvenes de las actuales familias, que han tenido acceso a una instrucción formal escolar, sus expectativas están orientadas hacia cualquier otra actividad que no sea la agricultura, dada su escasa rentabilidad, por lo que los jefes de familia que se han quedado a cargo de la milpa tienen en promedio 60 años, lo cual limita sus posibilidades para hacer una milpa de la extensión necesaria para abastecer de maíz a la familia durante todo el año.

Una familia de 5 miembros cultiva en promedio una milpa de 2.3 hectáreas con un rendimiento promedio de una tonelada, en el mejor de los casos. En la milpa se intercalan frijol tzamná, ibes, xnuc cum, xto'op pepita gruesa, frijol xmehen bul, tomate criollo, camote, yuca y varios cultivos más, dependiendo del tiempo disponible del productor; además, la poca disponibilidad de fuerza de trabajo familiar obliga a los milperos a utilizar herbicidas para controlar las malezas en los tiempos requeridos, pero éstos llegan a impedir el crecimiento de cultivos asociados.

En la medida en que la familia ya no produce ni elabora la totalidad de su comida, pasa a depender de los alimentos y las preferencias que les son impuestas a través de la mercadotecnia, con lo que sus hábitos cambian e ingieren alimentos menos nutritivos. La “modernización” llegó junto con la migración y el cambio de actividad, haciendo que los jóvenes prefieran los alimentos industrializados y se pierdan las recetas de alimentos cotidianos, conservándose los guisos de los días festivos.

*Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias
 Investigadora de la Unidad de Colaboraciones y Programas Estratégicos del Centro de Investigación en Alimentos y Desarrollo, A. C.
** Fotógrafo y Antropólogo Social de la UAM

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