Miércoles, 07 Septiembre 2016 09:00
GGA07092016

Del Index Medicus al PubMed


    Gerardo Gamba Ayala

En aquellos días la revisión del Index Medicus podía llevarnos horas. Ese era el gran libro publicado por la National Library of Medicine en donde podíamos encontrar las referencias a los artículos publicados el mes anterior. Si queríamos saber lo publicado durante el año consultábamos un volumen por cada mes transcurrido. Al final del año se recibía el Index anual. Así, de los años anteriores podíamos revisar todos los meses en un solo volumen. La búsqueda era por palabras clave o por autor, en mi caso, por ejemplo “Hypertension”, “Angiotensin II”, “Salttransport” o “Guyton”, “Brenner”, “Laragh”. Otra opción que teníamos era el Current Contents. Esta era una publicación semanal que presentaba en forma de facsímile los índices de las revistas que se habían publicado en esa semana, de tal manera que al ojearlo podíamos buscar nuestras revistas favoritas y revisar el índice de contenido. Nos llevaba un día entero revisar los últimos cinco años de un tema nuevo y los Currents de las últimas semanas. Anotábamos en un cuaderno los datos completos de cada artículo: autores, título, revista, volumen, páginas y año. Terminábamos con una lista de 40 o 60 artículos que se veían de lo más interesante y morías de ganas por leerlos.

A partir de ese momento empezaba el peregrinar por las bibliotecas de la ciudad para ver qué era lo que podíamos encontrar. De los 60 títulos lográbamos localizar diez: tres en el Instituto de Nutrición, dos en el Centro Médico Nacional, dos más en Cardiología y quizá tres entre la biblioteca del Instituto de Biomédicas y la J. J. Izquierdo de la Facultad de Medicina de la UNAM. Con alguna excepción puntual (me parece que era en Biomédicas) no podías, ni en tu más lindo sueño, ingresar al acervo de la biblioteca, a menos que trabajaras en esa institución.

En cada biblioteca el procedimiento era el siguiente. Primero debías revisar el catálogo de suscripciones y los números en existencia. Aquí venía la primera decepción. Muchas revistas no las recibían en ninguna de las bibliotecas. La segunda decepción era cuando encontrábamos que para las que si había suscripción, el número solicitado aún no había llegado o había llegado, pero se había extraviado. El siguiente paso consistía en llenar una boleta preestablecida con los datos de cada artículo. No te podía faltar ningún dato porque el encargado te rechazaba la solicitud.  Tenías que dejar pagadas las copias y regresar por ellas en uno o dos días hábiles. Ahí podía aparecer una tercera decepción: ese volumen está prestado, te decía el encargado, o bien, te entregaban un juego de fotocopias, casi siempre incompletas.

Leíamos con enorme interés los artículos que habíamos logrado conseguir, en donde obviamente encontrábamos más referencias que queríamos revisar. Así, daba inicio un segundo viacrucis inter bibliotecario. Al final nos quedábamos con la impresión de que, del rompecabezas que querías armar, solo tenías 15% de las piezas y difícilmente había dos que fueran contiguas. Los que estudiamos posgrado en la década de los ochentas o antes recordamos esta pesadilla con claridad.

La computación y el internet cambiaron todo por completo. En primer lugar, permitieron, por primera vez en la historia moderna, tener acceso a múltiples publicaciones y conocer las novedades al mismo tiempo que nuestros colegas del primer mundo. Las cosas ya no son como antes. Ahora mis alumnos de posgrado al llegar al laboratorio reciben un USB que contiene cerca de seis mil artículos que he colectado durante mi carrera, perfectamente clasificados gracias a un software diseñado para ello. En este compendio encuentran todos los artículos importantes para fundamentar el tema de tesis que van a desarrollar. Por ejemplo, si quieren el artículo original en el que Watson y Crick describieron la estructura del DNA en abril de 1953, ahí está, con el número 172. Desde su primer día en la Unidad, los alumnos cuentan con la bibliografía necesaria para avanzar en el desarrollo de sus proyectos. En segundo lugar, el Index Medicus se convirtió en el PubMed (www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed) en el cual hoy, en segundos o quizás minutos podemos conocer todo lo publicado de un tema en el lapso de tiempo deseado y leer ahí mismo el resumen de cualquier trabajo que nos interese. Tercero, de un número enorme de artículos se puede obtener inmediatamente el archivo en PDF, ya sea porque es gratis o porque el servidor en el que estamos conectados nos da acceso a esa revista. Cuarto, en muchas revistas se pueden obtener los artículos antes de su publicación (on-line first) e inclusive el mismo día en que son aceptados por la revista (por ejemplo, el Journal of Biological Chemistry). Finalmente, si un artículo es muy difícil de conseguir, existen otras opciones para recuperarlo: 1) solicitarlo directamente al autor, vía correo electrónico, con respuesta positiva usualmente en unas horas, o al día siguiente, 2) comprarlo en línea o 3) pedirle a los alumnos que lo consigan, y no me pregunten cómo, pero lo hacen.

Nuestros alumnos hoy no tienen la menor idea de lo que era el atraso que teníamos en términos de acceso a la información y lo frustrante que era eso. Sin embargo, creo que lo han aprovechado porque no tengo duda que esto ha mejorado la calidad de la ciencia y posgrados que se hacen en México. Los alumnos de hoy son mejores de lo que fuimos nosotros. Manejan más información y no se les atora nada para tener los artículos necesarios para sustentar sus hipótesis. Siempre he pensado que, al menos en la ciencia, el internet trajo un beneficio proporcionalmente mayor a los países subdesarrollados que a los del primer mundo.

 

Integrante del Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia de la República.
Director de Investigación, Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán
y Unidad de Fisiología Molecular, Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM.
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