Miércoles, 24 Agosto 2016 10:39
CMA

Inmigrantes y refugiados en un mundo en guerra


    Carlos Martínez Assad

El fenómeno migratorio de nuestra época contiene una gran variedad de elementos. La numeralia, las explicaciones y las descripciones no son ya suficientes para entender su complejidad. Los emigrantes forman una categoría complicada porque hay que hacer patentes las diferencias y particularidades entre los refugiados que han sido expulsados, los desplazados y los que salen de su país por decisión propia; las razones que los mueven y la realización o no de sus expectativas. También es determinante la diferencia de un territorio al otro, aun cuando ambos puedan ser expulsores, es decir, cuando los iraquíes salieron hacia Siria y ahora millares de sirios van a Iraq. 

Las guerras y conflictos que han asolado a los países del Medio Oriente en lo que va del Siglo XXI pueden ubicar el fenómeno como lo más grave después del Holocausto judío y de la Segunda Guerra Mundial. Son millones de desplazados que han encontrado refugio en otros países de la región o de Europa. Aunque ha sido más entre los países árabes los más acomedidos con quienes viven las crisis humanitarias de nuestros días. Turquía ha recibido aproximadamente 2 millones de refugiados, Líbano a 1 millón 400 mil y Jordania a 630 mil. Europa se ha comprometido a recibir 800 mil, pero solamente Alemania se ha comprometido con dar asilo a 180 mil refugiados, de los que ya han recibido casi la mitad. Los otros países se comprometen muy poco y es notable que aunque los medios se refieren constantemente a lo que hacen, Europa ha recibido 30 veces menos que los países de la región que no cuentan con las capacidades de los más desarrollados.

Líbano, un país con graves problemas de política interna, ha recibido a casi un cuarto de su población total que no llega a los 5 millones. Cómo imaginar lo que podría acontecer en México si se recibieran 20 millones de inmigrantes en un lapso de 2 años. En el plano internacional nadie piensa cómo apoyar a ese país pese a los apoyos que reciben los mismos refugiados de los organismos de la ONU. Organismo que calcula esos números cuando las poblaciones locales como la de los libaneses afirman que los refugiados son más, como en ese país que calcula la cifra de 2 millones de refugiados.
Más de 400 mil refugiados han cruzado el Mediterráneo o, más bien, lo han intentado porque solamente en los meses que corren del 2016 ha sido la tumba de 4 mil que lo han intentado.

En los años recientes, la sociedad mundializada parece más propensa a ese intercambio humano entre los países más remotos, si bien puede incrementarse entre los que comparten fronteras, como en el caso de Estados Unidos y México; también acontece en aquellos que han mantenido intercambios en la historia y recientemente, como entre Marruecos y España, Argelia y Francia, Libia e Italia, Turquía y Alemania, India e Inglaterra. Lo que sucede actualmente entre los que están saliendo de Iraq y Siria hacia Europa es un fenómeno reciente.

A esa catástrofe se unen los desplazamientos a los que el mundo se ha venido adecuando. Al comienzo del Siglo XXI, cerca de 200 millones de personas vivían en países diferentes a los de su nacimiento, afirmó la ONU. Se trata de una aseveración tan rápida como incierta porque es una cifra que se duplicó en apenas quince años. Se afirma que en el mundo, de 1750 a 1940, emigraron 127 millones de personas, pero después de la guerra entre 1945 y 1990 abandonaron sus países cerca de 220 millones de personas, de ellas 30 por ciento procedía de países europeos.

Es casi imposible aclarar quiénes eran refugiados y desplazados en esa cantidad que no se movieron por su propia voluntad y más bien fue la reacción ante los conflictos seculares entre pueblos vecinos o naciones con disputas históricas. Un dato interesante es que entre 1990 y 1995 Canadá recibió a 250 mil inmigrantes por motivos políticos y Australia recibió a más de un millón.

El cambio que ha experimentado la migración en el mundo alarma en Estados Unidos al transformar el perfil de los nuevos residentes, porque mientras en 1960 la población que había recibido compuesta por 953 mil polacos, 833 mil ingleses, 953 mil canadienses, 990 mil alemanes y un millón 257 mil italianos, en cuarenta años cambió completamente su composición. En 2000 los nacidos en otras partes y que vivían en Estados Unidos eran 952 mil cubanos, un millón siete mil hindúes, un millón 22 mil filipinos, un millón 391 mil chinos y siete millones 841 mil mexicanos; aunque las cifras varían según las fuentes, son una muestra de la terrible desproporción en tan sólo cuatro décadas, como me he propuesto demostrarlo en mi libro Los cuatro puntos orientales. El regreso de los árabes a la historia (Océano, México, 2013)

Bien haríamos en recordar dada la forma cómo se está enfrentando el problema de los refugiados en Europa, que en el informe sobre migración y desarrollo de la ONU en 2005 mostró que el fenómeno social beneficia a los países receptores, lo que puso fin a las hipótesis más difundidas. Primero, los migrantes no sólo realizan trabajos que no resultan atractivos para los nacionales, sino que también estimulan la demanda para mejorar el desempeño económico y ayudan a reforzar las pensiones en los países con acusado proceso de envejecimiento. Segundo, los países en desarrollo reciben como beneficio las remesas que sus migrantes les envían, estimadas en varios miles de millones de dólares. Tercero, la llegada de muchos profesionistas, algunos entre los más capacitados en sus países de origen, atenúa los efectos ideológicos y los prejuicios que pesan sobre los indocumentados, se ha constatado que muchos de los sirios refugiados de nuestros días son médicos entre los más calificados.

Habría entonces que considerar que un problema serio es que el asunto cualitativamente más importante de la emigración es la fuga de cerebros de los países con menos desarrollo; las personas mejor calificadas profesionalmente son acogidas con facilidad por los países receptores y no se plantean volver al país que los expulsó.

Con datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), se estima que entre 1960 y 1975 cerca de 27 mil africanos altamente calificados emigraron a los países industrializados. La cantidad se elevó a 40 mil entre 1975 y 1984. Desde 1990 se calcula que 20 mil profesionistas calificados abandonan el continente cada año. Treinta y cinco por ciento de ellos nunca regresó.

Se capacitan con el erario y después van a aplicar su conocimiento a otro país. Y debe considerarse que México no es una excepción, cada vez se conocen más casos de personas calificadas que encuentran trabajo más fácilmente en otros países que en el suyo. Según la ONG Intermón Oxfam, al menos 12 por ciento de los médicos indios está en Reino Unido. Etiopía perdió la mitad de sus patólogos entre 1984 y 1996. Abandona Pakistán la mitad de sus abogados cada año. Jamaica y Granada pierden cuatro de cada cinco médicos que forman y 60 por ciento de los médicos abandonaron Ghana en los años ochenta.

Se dice que España necesitará a partir de 2016 más de 7 mil nuevos médicos cada año para cubrir las necesidades sanitarias nacionales, y si en la actualidad egresan unos 4 mil al año, eso significa que una parte importante deberá venir del exterior. Los inmigrantes con educación universitaria en Estados Unidos suman 40 por ciento, en Canadá 50 por ciento, en Australia 40 por ciento. En la Unión Europea 20 por ciento de los inmigrantes tiene educación universitaria. Por otra parte, los emigrantes con educación de Estados Unidos suman más de 50 por ciento, de Canadá casi 60, de Australia más de 50 y de Europa occidental más de 20 y las veinte naciones, que incluyen quince países occidentales de la Unión Europea, Noruega y Suiza, 20 por ciento.

Ése es el lado positivo, porque la mayoría de emigrantes son población empobrecida; pero los que tienen educación universitaria en los países occidentales ricos crecieron 69 por ciento entre 1990 y 2000, según un análisis del Banco Mundial. Al contrario, los emigrantes menos educados aumentaron 31 por ciento. El economista Çağlar Özden, miembro de ese banco, midió el movimiento en veinte naciones, entre ellas Estados Unidos, Canadá y Australia y gran parte de Europa occidental, e incluyó a quienes tras emigrar siendo niños contaban con estudios universitarios. “De los 52 millones de trabajadores migrantes de esos países, 36 por ciento tenía alguna educación universitaria, comparado con 31 por ciento de una década antes.” De entre los migrantes de un país rico para emplearse en otro, los que tienen alguna educación universitaria se incrementó en 30 por ciento. Los emigrantes poco calificados cayeron en 8 por ciento. Por ejemplo, en los Emiratos Árabes 85 por ciento de la fuerza laboral proviene del extranjero.

Dhananjayan Sriskandarajah, del Instituto para la Investigación de Política Pública, afirmó: “Estamos atrapados en el paradigma de pensar que la migración sólo es cuestión de personas pobres que se mudan a países ricos […] sin embargo, muchas personas se mudan entre países ricos, y gente de países ricos se desplaza cada vez más por todo el mundo”.

Hay que estar atentos a cuál será el destino de todos los refugiados que en la actualidad, sin importar su lugar de nacimiento, invocan los derechos humanos de los ciudadanos del mundo que viven mejor.


Integrante del Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia de la República.
Investigador Emérito del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM,
Coordinador del Seminario Universitario de Culturas del Medio Oriente; Investigador Emérito del SNI
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